La Sombra en el Norte

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El Cetro del Guardián del Camino

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La reacción de Ceawin

El intento de Vron de quedarse con la corona había dejado a Ceawin con un mala sensación. Y todo empeoró cuando Vron le impuso la condición de un trato que habían pactado en secreto. Aparentemente, a cambio de la ayuda de toda la comunidad, Ceawin debía conseguirle a Vron una lanza de excelente calidad.

Ceawin, estando enojado por la actitud de ladina de Vron, avisó a Alberic de que iba a honrar el acuerdo con Vron, pero este no debía volver a pisar Ensenada Este.

La reacción de Vron fue inesperada también, no pareció afectarle que lo estén negando la entrada a un poblado, solo demostró interés en que Ceawin cumpla su parte del trato y envió a Alberic para que negocie el arreglo. Pero nada sabía el joven de las condiciones de Vron.

Alberic se llevó una ingrata sorpresa cuando Ceawin le mencionó que la lanza estaría lista. Volvió con el resto, caminó hacia Vron y largó toda su indignación por aprovecharse de la pobre gente de Ensenada Este. Sin decir mas, se alejó.

La Feria de los Hombres del Bosque

Mientras tanto, en Pueblo de los Hombres del Bosque se organizaba una enorme feria. Hombres de todas partes del bosque, elfos, enanos de erebor y hombres de dale llegaron para comerciar todo tipo de mercancías. Desde prendas, armas, hierbas y otros.

Los héroes se detuvieron unos días para adquirir algunas provisiones y para entablar charla con los feriantes. De entre ellos apareció un viejo conocido: Bofri el enano.

Les comentó la historia de un cetro el cual pertenecía al presidente del viejo camino y como se había perdido hace un tiempo. El aseguró que de encontrarse en algún lado, debía ser en el fuerte del molino. Los héroes aceptaron en ayudarlo y al día siguiente tomaron el viejo camino.

El viejo Camino y el Fuerte del Molino

El viaje no fue para nada problemático para los experimentados héroes, en poco tiempo una figura se alzaba entre el denso bosque: un viejo fuerte, con un molino que estaba lejos hoy de girar como antaño. Pero había algo inusual sobre él: en la cima, una inmensa araña descansaba. Su tamaño era colosal, sus patas, como lanzas dentadas, caían sobre los lados del molino. Era una de las tres hijas de Ella-laraña que viven en el Mirkwood, Tauler, la cazadora. Una criatura viciosa atraída seguramente por las gemas y el oro que se ocultaban en la torre.

Los héroes quedaron estupefactos. Sin saber que hacer, recularon para ver que acción tomar.
-“Yo digo que la ataquemos mientras duerme!”, gruño Gror.
-“Si, si… opino igual. Hay que matar esta bestia y remover el mal del bosque”, asintió Alberic.
-“Yo puedo entrar sin que me vea, buscar el cetro y salir de ahí”, propuso Vron.

Comenzaron a discutir cual era el mejor plan, parecía como si no pudieran tomar una decisión. Eventualmente fue Bofri, hijo de Bofur quien dijo -“Vamos con el plan de Vron, prefiero que nadie salga lastimado”.

Entrada y Salida sigilosa

-“Enseguida vuelvo”, dijo Vron partiendo hacia al molino.
La silueta de Vron se perdió entre el bosque. Se deslizaba entre las sombras del bosque como un pez en el agua. Pronto llegó al claro del molino. La terrible bestia descansaba en la torre, dormida.
Vron avanzó lentamente por el descampado. Sus pies casi no tocaban el suelo, su respiración contenida y su corazón palpitando.

-“Espero que mis latidos no me delaten”, pensó.

De pronto, un ave sale de entre las copas de los árboles. la bestia se mueve. Vron quedó congelado en el lugar. Esperando… la bestia se acomodó nuevamente y siguió en su descanso. Vron avanzó los metros restantes. Una gota de transpiración recorría su rostro lentamente.

Llegó al umbral de la puerta y lo atravesó. Rápidamente se colocó detrás de la pared y secó su frente con el dorso de su manga. Adentro se encontró con un edificio en muy mal estado, cajas rotas, suciedad y polvo acumulado de muchos años. Una escalera en espiral ascendente lo llevó hacia arriba. En las paredes había pequeñas ventanas, a través de ellas se podía ver la oscuridad del bosque. Eran las patas peludas de la bestia las que obstruían la visión.

Vron continuó su búsqueda, revisó cajas y habitaciones. Por último encontró, oculto en harapos, un cetro con una importante gema en su extremo.
-“Seguro este debe ser el cetro de ”/characters/bofri" class=“wiki-content-link”>Bofri, hijo de Bofur", pensó.

Vron lo guardó y comenzó a descender lentamente. Llegó a la puerta, solo quedaba atravesar el claro nuevamente. Agazapado, avanzó lentamente por el claro. Sabía que si la araña se despertaba, haría un ataque terrible por su espalda. Puso un pié afuera del molino y tragó saliva. Lentamente continuó avanzando por el claro. Cada tanto, miraba hacia atrás para ver si la bestia continuaba durmiendo.

En poco llegó al linde del bosque y pronto estaba junto al resto de los héroes.

El Cetro y la recompensa

-“¿Tienes el cetro?!!”, dijo Bofri, hijo de Bofur con ansiedad.
Vron desenvolvió los harapos y presentó el cetro al enano. El enano lo tomó rápidamente y dio brincos de felicidad.
-“Ahora salgamos de este horrible lugar y festejemos”, dijo.

Tomaron el camino hacia el este. Y en pocos días estaban junto a un agradable posada.

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Una posada bien al Este

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La posada era una belleza, completamente construida en madera y piedra. Un pequeño puente permitía atravesar un arroyo. Un delicioso aroma a comida se podía oler desde afuera.

Los héroes entraron. Para su grata sorpresa, la posada estaba cómodamente amueblada, poco comensales y un agradable hobbit recibiéndolos.
-“Pasen, pasen. Pónganse cómodos”, dijo. “Tenemos guiso y excelente vino”. Hobbit.jpg

Los héroes rápidamente se acomodaron en una de las mesas y el festín comenzó.

Guiso Hobbit, buena música, bebidas y más

El hobbit comenzó a traer un sin fin de platos. El principal fue un guiso digno de una mesa de un rey. También sirvió cerveza.
-“Seguro que no es tan buena como la mía”, dijo Gror pedante. Pero para su asombro, la cerveza era excelente. No era ni mejor ni peor que la enana. Simplemente diferente.

El hobbit les contó su historia. Sobre como él, su sra y su hermano se mudaron desde la comarca al bosque con la intención de construir una taberna tan buena como El Poni Pisador de Bree.

La charla fue muy amena, se dijeron chistes y hasta hubo un duelo de acertijos entre el hobbit y Vron. Esta vez, le tocó perder al dunlendino. El hobbit parecía conocer hasta la última rima y truco. En un momento, la música tomó lugar, pues Alberic se subió sobre una de las mesas y dejó escapar unas melodías alegres. Todos estaban pasando un buen momento.

Ya entrada la noche, el hobbit continuaba trayendo comida. Se sentó con los héroes y mencionó dos problemas que captaron la atención de los héroes: el 1ro es que una tribu de esclavistas al norte de las tierras de Beorn pretendían pedir peaje en el paso al camino del elfo, al parecer estos eran hombres de Viglund, un tirano y el 2do es que su hermano había ido a buscar mercadería a Bree y ya debía haber vuelto. Sonaba muy preocupado. Típico de los héroes, no se resistieron a ayudarlo.

Durmieron cómodamente en la taberna durante la noche. A la mañana siguiente partieron al oeste en búsqueda del hobbit.

El viejo paso del Anduin y el camino al Alto Paso de las montañas nubladas

Los héroes acompañaron a Bofri, hijo de Bofur hasta las puertas del camino élfico. Lo hicieron para asegurarse de que el enano llegue sin problemas y para ver si lo que había contado el hobbit era real.

En la puerta no encontraron problemas así que emprendieron camino al Viejo paso del Anduin. Era un viejo puente de piedra. Al final los héroes se encontraron un par de beórnidas.
-“Momento, deben pagar peaje para pasar”, dijo uno de ellos. Vron se rehusaba a pagar pero finalmente entendió que era lo correcto para seguir el viaje. Durmieron ahí y a la mañana siguiente partieron.

Un viajero andrajoso

Llegando a la noche, los héroes habían hecho una fogata y estaban cenando a gusto. Cuando de la nada, apareció un sujeto andrajoso en patas y sin pedir permiso se sentó junto a la fogata y comenzó a comer. Todos los héroes estaban estupefactos. No sabían si decirle hola o sacar sus espadas y acribillarle en el lugar.

El sujeto entabló una conversación sobre como llegar del otro lado. Había visto a los hobbits, y dio unas recomendaciones sobre donde acampar durante el trayecto del alto paso.

Una noche anima-da

Los héroes escalaron durante ese día lo mas que pudieron para llegar al claro donde estaban las ruinas que había mencionado el viajero andrajoso. El lugar no parecía gran cosa, pero algo no estaba bien. Duque se mostraba inquieto, Amroth podía sentir la presencia de la sombra en el lugar.

Los héroes estaban agotados por la marcha. Prefirieron descansar en el lugar, aún sabiendo de que algo no estaba bien. Montaron un pequeño fuego para calentarse y cocinar y luego se dispusieron a descansar.

Fue durante la guardia de Amroth cuando algo apareció en el lugar. Una anima perdida se acercó hacia ellos, su rostro fantasmal mostraba una intensa pena. Rápidamente, el elfo, despertó al resto de la comunidad. Entonces el espectro atacó.

Sin dudarlo, Amroth provocó un destello con su lámpara, el espectro chilló de dolor al ver esa luz. Igualmente embistió a Alberic. Vron a lanza y espada comenzó a atacar frenéticamente al espectro. Sus ojos mostraban desquicio.

En poco, el espectro retrocedió hasta desaparecer. Los héroes trataron de buscar el lugar donde estaría el cuerpo sin descanso y lo hallaron no muy lejos de allí, junto a unas gemas preciosas. El lugar se sentía diferente, limpio de alguna manera.

Terminaron su descanso y la mañana siguiente partieron camino.

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La defensa del fuerte

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Los héroes iban transitando el paso de las montañas, apurados a fines de encontrar al hobbit cuando de pronto vieron un contingente de viaje arriba de un puesto defensivo del paso. Parecían estar huyendo de algo.
-“Hace unas cuantas noches que los trasgos nos están diezmando”, dijo uno.
-“Venimos de Bree con mercadería que tuvimos que abandonar por culpa de los trasgos”, dijo otro. -“Estamos tratando de llegar al bosque”. El hombre hablaba con una mueca de dolor. Los héroes pudieron notar unos vendajes empapados en sangre al costado de su pecho. Alberic se ofreció a ayudarlo.

En ese momento fue cuando se asomó de entre ellos un hobbit. Enseguida lo reconocieron como el hermano del dueño de la posada. Los héroes le comentaron que habían sido contratados por su hermano para ayudarlo a llegar a salvo a la posada. El hobbit se mostró aliviado.

En poco se escucharon tambores y paso de marcha. Algo se estaba acercando a ellos y eran muchos. Los héroes, el hobbit y los demás subieron hasta una loma donde se predispusieron a enfrentar el ataque. De todas maneras estaban rodeados.

En las cavernas de los trasgos

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