La Sombra en el Norte

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El regreso de la Sombra - El Yelmo de la Paz

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Amroth pide ayuda

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Amroth se despidió de Galdor, su fiel compañero.
-“Quédate aquí, el viejo sabio te ayudará a curar tu alma”, le dijo. Galdor asintió con un gesto. Estaba muy angustiado para emitir sonido.

El elfo sabía que tenía un largo camino y era imperativo que avisase a su rey sobre las novedades. Partió aún sabiendo que lo mejor para él era quedarse a ser tratado por Radagast el Pardo, pero Amroth no era ese tipo de elfo. El deber estaba ante todo.

Un tiempo le tomó llegar a las puertas de su reino. “Se siente bien estar en casa”, pensó. Sin perder tiempo solicitó audiencia con el rey.

Los pasos de Amroth hacían eco al entrar a la gran sala del rey. Del otro lado, Thranduil lo esperaba sentado en su trono, una mirada desinteresada recorrió al elfo mientras se acercaba, en su mano, una copa de vino a medio tomar reposaba.
-“Mi señor, tengo graves noticias. Un ejercito de orcos está planeando atacar uno de los pueblos de los hombres del bosque. Además, hay un traidor entre nosotros, pues encontramos un reporte de todo vuestro reino en manos del enemigo.”
-“Gracias por ponernos al tanto, me encargaré de eso”, respondió con soberbia y tomo un sorbo de vino. -“En cuanto a los orcos organizando un ejercito, son insignificantes sin un líder y por ahora están desorganizados”.

Amroth se dio cuenta que su rey no estaba deseoso de colaborar. Pero insistió respetuosamente.
-“Muy bien Amroth”, dijo al final el rey. -“Te daré algunos de mis hombres para que defiendan los pueblos de los hombres”.

Satisfecho, el elfo se retiró de la sala del rey. Caminando por los pasillos recordó una vieja flama y sin dudarlo fue a visitarla.

Valbrand pide ayuda

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El guerrero emprendió camino a la comunidad de los beornidas. Entregó las cartas de Radagast el Pardo al jefe de la comunidad, este lo miró y arrojó la carta al fuego. -“Lo siento, no tenemos hombres disponibles.”.

Valbrand tomó sus cosas y sin decir palabra emprendió nuevamente su viaje. Esta vez, Ciudad del Lago era el destino.

Lamentablemente, el resultado fue el mismo. Entregó las cartas y esperó en silencio que el rey Bardo leyera. Bardo bajó del trono y se acercó a Valbrand. Lo tomó del hombro.
-“Es honorable tu empresa, pero sabes que no estamos cortos de hombres.”
“Entiendo”, dijo Valbrand. Se retiró de la gran sala. Atrás quedó el rey mirándolo a medida que el guerrero se alejaba. La carta se deslizó de su mano, la cual tapó su cara avergonzada. Una lagrima silenciosa recorría la mejilla de Valbrand.

Vrom busca consejos

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Vron volvió a sus pagos. Necesitaba consejos del viejo mago, Saruman.

La torre de Orthanc se alzaba hasta donde la vista alcanzaba. Vron se sintió pequeño al subir las interminables escaleras.

Comenzaron hablando de las escrituras de los reportes encontrados en Dol Guldur.
-“mmm… esto fue escrito por un humano…. mayor… tal vez unos 40 años… alguien en quien Thranduil confía”.

Gror en su granja

Gror volvió a sus tierras para encontrar que las cosas no fueron tan bien como esperaba. La granja estaba en pié pero algo estaba fuera de lugar. El encargado estaba totalmente borracho. Le dio de patadas hasta despertarlo. -“Borracho hijo de puta, DESPERTATE!!!”.

Durante unos días, el enano se la pasó gritando e insultando a sus trabajadores por holgazanear. Todos corrían de aquí para allá, cavaban, zanjaban, cosechaban a toda velocidad.

“Ahora si van a ver, hijos de puta, holgazaneando en mis tierras…. JA”, murmuró el enano.

Alberic y su búsqueda de sabiduría

Los días de Alberic fueron apacibles. Mayormente se la pasó sentado bajo la sombre de un viejo roble con algún libro prestado de la biblioteca del viejo Radagast. En los momentos en que no leía, se la pasaba cantando y jugando con Duque. Ambos tenían heridas que sanar.

Luego de un tiempo emprendió viaje a Salon de las Tierras del Bosque. Allí pudo pasar el resto estudiando los viejos tapices y tallados del Salón. Había algo en ellos, pues el joven no podía apartar su mirada.

Concilio en Rosghobel

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Poco a poco la comunidad se estaba reagrupando en Rhosgobel. Se manifestaban en abrazos y risas, cerveza y anécdotas, ladridos de alegría y saltos. Todos estaban alegres de volverse a ver. Sobre todo Galdor, quien no podía contener la alegría de ver a su compañero Amroth. En su encuentro no hubo palabras, solo una mirada y un abrazo.

Luego comenzaron a llegar los líderes de la región: la bella Amaleoda, Ceawin el Generoso, Fridwald, el Mensajero, Ingomer Axebreaker y el terrible Mogdred.

El concilio comenzó con las palabras de Radagast el Pardo, donde les contaba que estaban en un gran problema. Luego tomó la palabra Gror. Allí contó toda la experiencia que la comunidad había tenido en Dol Guldur. Contó sobre los reportes del ataque a algún poblado de los hombres de los bosques, pero que no se sabía bien cuál de ellos era.

Los líderes comenzaron a debatir sobre la acciones a tomar para prevenir este ataque.

Sospechas del mas allá

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Gror y Valbrand decidieron salir de cacerías con los hombres del bosque. Llevaban algunos días de viaje cuando la pequeña compañía se detuvo, uno de los hombres del bosque había encontrado algo extraño.

Gror y Valbrand se acercaron a ver que pasaba. En el piso se encontraban una huellas de caballo. Lo extraño era que como un caballo se había metido en un bosque tan espeso. Además parecían las pisadas de un caballo enorme. Definitivamente no era una bestia conocida.

Esa noche desdieron volver con el Pardo y contarle lo visto.
-“Me temo que eso que han visto son las pisadas de un corcel negro. Un bestia que alguna vez fue un caballo pero su naturaleza fue retorcida y ahora sirve a un macabro jinete…. un nazgul”, dijo Radagast el Pardo. Un silencio se hizo en la habitación. Los héroes se miraban sin saber que decir.
-“Ahora se donde será el ataque”, continuó. -“Será en el Salón de las Tierras del Bosque”.
-“Un momento”, dijo Alberic sorprendido. -“Como logró deducir…. vienen por la Lámpara!!!”, reaccionó el joven.
-“Debemos prevenirlos ahora”, dijo Galdor

Esa noche todos se acostaron temprano, a la mañana debían partir a Salon de las Tierras del Bosque, pero algo oscuro invadió los sueños de algunos de los héroes.
Amroth, Galdor y Vron comenzaron a soñar. En su visión reveló un volcán activo, abajo un sin fin de orcos trabajando y luego una torre que ascendía interminablemente, al final, un enorme y horrendo ojo de fuego miraba a los soñadores. Despertaron sudorosos y con una abrumadora sensación de desesperanza.

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Planeando las Defensas

Los héroes amanecieron en Salon del Lago Negro luego de unos días de viaje. Se habían propuesto hacer una reunión con los jefes comunales para plantear la defensa del pueblo.

Se encontraron todos nuevamente en el Gran Salón. Los tapices y tallados del Wuduseld los rodeaban, la historia estaba viva en ellos.
-“Necesitamos un capitán”, dijo Mogdred, -“Yo me postulo para ello”.
-“Yo puedo dirigir a los arqueros élficos”, respondió Galdor
-“Yo voy a estar cerca de la lámpara y como también estoy en la cima de la colina, es una buena posición estratégica para ver y avisar los movimientos del ejercito enemigo”, dijo seriamente Vron. -“Solo necesito 3 cuernos diferentes”
-“No, para… usa 1 cuerno y banderines de colores”, tímidamente dijo Alberic. Se sorprendió a ver que todos asintieron. Después de todo, él era apenas un adolescente en una mesa de experimentados jefes.
-“Ya se!! construyamos una catapulta!”, grito Gror.
-“Pero esto no es un asedio, ¿de que nos sirve una catapulta?”, respondió Ceawin el Generoso.
-“Podemos colocar troncos apilados en la pendiente de la colina sostenidos por unas estacas. Cuando entren los orcos, se lo largamos.”, dijo Alberic ahora entusiasmado porque estaba siendo oído.
-“Me gusta! hagámonos”, dijo Ingomer Axebreaker.
-“Ya se!! … hagamos un barredor de flechas”, dijo Gror nuevamente. Todos quedaron mirándolo sin entender. -“Es una catapulta que dispara una lanza que se abre y destruye rafas de fleches”.
-“Que no vamos a hacer catapultas!!” gritaron todos al unísono.

Buscando orcos en el bosque

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-“Quiero patrullas de avistaje, si ven una avanzada orca quiero que vuelvan inmediatamente y lo reporten”, comandó Mogdred. -“Si tienen problemas, suenen el cuerno”.

El grupo de héroes salió en búsqueda de orcos.
-“Quiero reventar orcos!!” gritó Gror.
-“No, Gror, solo avistar los y volver. No debemos entablar combate.”, dijo Galdor
-“Bahhh!, si veo orcos, voy a matarlos”, respondió.

Se aventuraron en el bosque nuevamente. Vron se adelantaba entre las sombras. El resto viajaban en silencio cuando el sonido de un cuerno se escuchó en las cercanías. Todos los héroes comenzaron a correr a donde provenía el sonido. Sin duda, otro grupo de exploradores estaba en problemas.

A penas llegaron se encontraron con una difícil situación, un grupo de orcos estaba atacando a un grupo de exploradores. Enseguida los héroes corrieron a defenderlos.

Por supuesto Gror y Vron a la cabeza,. El enano corrió a defender a una de las exploradoras. Enseguida su hacha comenzó a hacer estragos. El dunlendino incrustaba su lanza ponzoñosa en sus enemigos. Galdor, por detrás, asestaba fecha tras flecha. Alberic fue a defender a unos de los exploradores, un conocido del pueblo.

En un acto de valentía y desinterés propio, Gror frenó con su cuerpo un golpe que uno de los orcos intentó asestar a la exploradora.
-“Vete de aquí, yo me encargo”, gritó Gror a la asustada mujer.

Mientras Duque atacaba a uno, Alberic le asestó un terrible corte en el abdomen, la criatura murió en extremo dolor y agonía.

El combate no duró demasiado, pues los orcos ya no eran desafío para los experimentados héroes. Pero uno de ellos intentó escapar. Vron agilmente corrió detrás de él y clavó fuertemente su lanza en la espalda del asustado orco. Este murió ahogado por su propia sangre intentando incorporarse sin darse cuenta que su columna vertebral había sido partida en dos.

En poco tiempo, Alberic estaba atendiendo las heridas de los exploradores caídos.

-“Iré a ver un poco mas lejos”, dijo Vron, su mirada puesta seriamente en el bosque.
-“Espera! Mogdred dijo que si veíamos orcos debíamos volver”, le advirtió la exploradora.
-“Vayan uds, yo iré a ver un poco mas.”, insistió el dunlendino y se internó en el bosque. El resto emprendió la retirada a Salon de las Tierras del Bosque.

Un Caso de Insubordinación

La comunidad regresó a Salon de las Tierras del Bosque ayudando al grupo de exploradores que habían rescatado del ataque orco. Hay que reconocer que la gente del bosque sufrió mucho para establecerse, siendo su única herramienta la cooperación. A penas vieron a los héroes llegar, pronto estaban ahí para asistir a los heridos. También estaba Mogdred.
-“Cuéntenme que ha ocurrido!”, dijo el capitán del salón.
-“Fuimos atacados por un grupo de avanzada de orcos”, dijo la exploradora. -“Por suerte, ellos nos encontraron y ayudaron.”
-“Que bueno que están todos bien… esperen… falta uno de ustedes… uno bajito. Donde esta?”, inquirió Mogdred.
-“Salió a investigar un poco mas”, le respondió la exploradora.
En ese momento, el rostro de Mogdred se transformó en una masa violenta de carne.
-“¿Como que salió?!!!!, ¿acaso no me escuchó cuando dije que si ven orcos, vuelvan?!!!”, en cada palabra su tono iba elevándose.
-“Esssteee… yo respondo por las acciones Vron”, dijo Gror un poco retraído por la ira de Mogdred.
-“Cuando vuelva díganle que quiero hablar con él”, dijo ignorando al enano.

Vron volvió unas horas después. Enseguida Alberic fue a avisarle de la ira que había generado en Mogdred. Vron se mostró preocupado pues no sabía el alcance la locura de este personaje. Ni hablar si Mogdred se enterase de que Vron arrojó su diario personal a la letrina. Así que se dirigió al Salón para hablar con Ingomer Axebreaker, el cual no mostró interés en ayudarlo. Eventualmente Vron optó por ignorar al capitán. Se dirigió al puesto sobre la colina. Alberic estaba con él. Tal vez por curiosidad de ver que iba a ocurrir con el dunlendino.

Una vez arriba de la cima Alberic y Vron observaban la poco sutil danza de las tropas organizándose. Abajo, un hombre ascendía lentamente. Ambos héroes se miraron sin saber.
-“Hola, vengo a relevar a Vron. Me envía Mogdred y dice que quieres que vayas con él”, dijo cuando llegó a la cima.
-“¿Quueeee??”, dijo Vron incrédulo. -“Tomatela viejo, decile a Mogdred que acá estoy yo”.
-“No, yo me tengo que quedar acá, son las ordenes del capitán.”, respondió inamovible el hombre del bosque.

Viendo como Vron estaba tanteando su lanza, Alberic decidió interceder, pues conocía al hombre y no quería que nada le pasara.
-“Voy yo”, dijo y comenzó a descender por la colina.
-“Entonces decile al pelotudo de Mogdred que si me saca de este puesto voy a ser un grano el su culo”, gritaba Vron desde lo alto.

Alberic fue en búsqueda de Mogdred. Lo encontró dándole ordenes a un grupo de hombres. Algo sobre verificar el estado de la empalizada.
-“Esteeee… me envía Vron. Me pidió que le diga algo como que si lo saca de su puesto se va a convertir en un grano en el orto”, le aviso Alberic.
-“Ahhh nooo… este me las va a pagar, ustedes cinco, vengan conmigo. Vamos a apresar a un insubordinado”, respondió colérico.
Alberic no tuvo mejor idea que correr para avisarle a Vron de su destino si se quedaba en ese lugar.

La Defensa del Salón

La noche había llegado, el silencio gobernaba en Salon de las Tierras del Bosque. Un hombre acaricia la cabeza de un niño, que apenas podía sostener un hacha, para darle coraje. Una niebla espectral emanaba del bosque como tentáculos. Solo se escuchaba el repiqueteo de las antorchas.

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“Bum, Bum… Bum, Bum, Bum, Bum”. El estruendo de los tambores de guerra orco irrumpieron en la silenciosa noche. Un escalofrío recorrió la espalda de los hombres apostados detrás de la muralla. El ejercito orco avanzó hasta salir de la cobertura del bosque. Sus rostros negros con dientes afilados intimidaban a los hombres del bosque. Con precisión, se ubicaron en posición de ataque.

El momento de la batalla había llegado. Mogdred se la pasaba dando gritos para ordenar a sus tropas. Galdor alistaba a sus arqueros élficos. Alberic y Gror fueron al portón principal para recibir la primera oleada. Vron, a pesar de ser removido de su puesto, se quedó en la cima. El resto de los héroes se ocultaron dentro del salón principal, quizás muy atemorizados para combatir.

Los hombres estaban atemorizados, a través de sus ojos se podía ver el terror en sus almas. Eran leñadores, granjeros, hombres de familia, no eran guerreros. Alberic sabía que debía decirles algo, pero no había palabra que saliera de su boca, recordó una bella canción de antaño, que hablaba sobre las pericias de los hombres del bosque y como habían subsistido. Comenzó a cantar sus estrofas. Poco a poco, aquellos hombres recordaron lo que significa ser un hombre del bosque. Entonaron sus voces y cantaron juntos. Tomaron sus armas con fuerza, levantaron sus escudos y gritaron al unísono: “Ahhhuuu!!!”.

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Los orcos estaban listos para atacar, el cuerno de un capitán orco sonó como una gran bestia. Todas las bestias comenzaron a rugir y a gritar sacudiendo sus armas en forma amenazante.
-“Disparen!!”, gritó Galdor. Una lluvia de flechas cubrió la noche. Los orcos caían por decenas. Luego fue el turno de los orcos, sus flechas negras hicieron su daño. Muchas se clavaron en la empalizada, pero un gran número descendió sobre los hombres tras la muralla.

Los ojos de Vron estaban puestos en la batalla, observaba como los bandos se dañaban constantemente cuando algo llamó su atención, un sutil movimiento en el borde de su ojo. Era un grupo de orcos que había rodeado la colina, llevaban escaleras y estaban dispuestos a atacar por la retaguardia.
-“Ehhh, viejo de mierda, avisa que nos atacan por detrás”, grito. El hombre sopló su cuerno y dio aviso del ataque encubierto.

Alberic juntó a unos 10 hombres y se reunió con Vron para llegar a la parte trasera de la empalizada. Al llegar notaron que los orcos habían colgado una escalera y estaban entrando sin parar. Los orcos estaban liderados por un capitán. Era una criatura viciosa de horrible aspecto. Vron tomó su lanza y saltó hacia el él. Alberic se quedó abajo con los hombres dando combate a los sin fin de orcos. Tres orcos cayeron por su espada en un abrir y cerrar de ojos. Mientras tanto, Vron combatía con el capitán. Sus ataques no fueron perfectos como otras veces, pero sin duda fueron efectivos. El capitán orco, ya cansado no pudo sostener batalla contra el dunlendino. Pronto cayó y los hombres, al ver que los orcos estaban desorganizados, tomaron valor y golpearon duramente al resto de los orcos. El grupo de orcos había sido eliminado, lamentablemente algunos hombres habían caído.

En el frente la cosa no era distinta. Los orcos estaban golpeando el portón principal con un ariete. Una y otra vez, las embestidas del ariete golpeaban el portón. Los hombres junto a Gror hacían fuerza desde el otro lado para tratar de sostenerlo pero no pudieron por mucho tiempo. El portón se abrió de golpe y los orcos comenzaron a entrar. Cuando no pudieron frenar la entrada de los orcos, dieron señal para activar la trampa de troncos. Seis enormes troncos comenzaron a descender desde lo alto de la colina. Los orcos vieron con terror el aluvión de madera que se acercaba a ellos con velocidad. Huesos destrozados, pulmones perforados y cráneos aplastados fueron algunos de los estragos provocados por la trampa. Igualmente los orcos seguían entrando. Gror gritó elevando su hacha al cielo. Su rostro mostraba años de venganza acumulada. Corrió hacia la entradera de orcos. Comenzó dando hachazos sin asco, tripas, miembros, dentaduras y un sin fin de litros de sangre orca fueron desparramadas por el enano.

De entre las filas de orcos, una gran bestia apareció. Era un tremendo capitán orco. Superaba los 2 metros y sus brazos podrían arrancar espinas dorsales de un tirón. Galdor tensó su arco, apuntó al ojo del orco y soltó la flecha con un suspiro, era un tiro directo. La flecha viajaba en cámara lenta sobrevolando un mar de hombres y orcos. La flecha estaba a unos metros del de su objetivo cuando este levanta a uno de sus subordinados y se cubre del terrible flechazo. El orquito murió al instante. El capitán arrojó el cadáver del pequeño orco con tremenda fuerza a uno de los hombres y avanzó dando cimitarrazos entre los atemorizados hombres. Gror reventó la cabeza de un orco cuando vio semejante bruto acercarse
-“ohhh siiii, sos mío, hijo de puta!!”, dijo en enano. -“A vos!! .. si a vos!!! … te reto, bestia inmunda!!”, le gritó con fuerza.
El tremendo orco avanzó con velocidad al enano, sus pasos retumbaban en el suelo. Levantó su gigante cimitarra en el aire y descargó el golpe contra el enano. A penas por un pelo, el enano pudo esquivar el ataque. Se corrió con velocidad y con maestría cortó el brazo de la bestia. Este se tomó el muñón con dolor, empujó al enano hasta derribar lo. Con todo su peso, aplastaba a Gror con su pie. El enano estaba quedando sin aire, no podía sacárselo de encima, en poco tiempo, sin duda se desmayaría. De pronto una flecha impacta sobre el muslo del gigante orco, Galdor fue certero, no podía dejar morir a su amigo. El orco retrocedió con dolor, rugió con furia y volvió a avanzar sobre Gror. En el último instante, el enano, se incorporó, tomó su hacha con fuerza y de un salto con fuerza en un movimiento ascendente impactó su arma en la quijada del orco, el corte avanzaba a medida que separaba en dos hemisferios la cabeza de su enemigo. El enano cae al piso de pie en una postura heroica. El orco cae de rodillas, su cabeza abierta en dos como un libro. Unos segundos después cae al suelo. Los hombres dieron un grito de victoria.

Los hombres estaban dando batalla, Mogdred como uno mas entre ellos. Gror, cansado, seguía matando orcos. -“22, 23, …. 24”, contaba a medida que dejaba un rastro de cadáveres. Alberic y Vron seguían peleado sin parar. Galdor y el resto de sus arqueros, casi sin flechas, continuaban bajando a los cretinos que seguían entrando. De pronto, alguien gritó -“El ciervo blanco!!! … viene a ayudarnos”. Alberic pudo ver a un bello ciervo blanco que salía desde el bosque. Su postura era majestuosa y su belleza, entre tanta matanza, era indescriptible. La esperanza retornaba a los hombres que, tomando un último aliento, dieron todo para detener a los orcos. Los orcos caían como moscas. El ejército orco estaba debilitado, era irreversible la batalla. Una figura oscura encapuchada en un caballo se retiraba desde el bordes del bosque. Vron, al verlo, no pudo evitar sentir un temor en lo profundo de su ser.

Ahí fue cuando los primeros rayos del sol comenzaron a brotar desde el horizonte. -“El amanecer es siempre una esperanza para el hombre”, dijo un sabio. El resto de los orcos, desesperados, comenzaron a huir. Los hombres, con ayuda de la comunidad, habían defendido Salon de las Tierras del Bosque.

El día después

Luego de la batalla, un gran número de cuerpos pintaban un cuadro macabro en todo el pueblo. Los hombres, heridos fueron atendidos. Los que estaban en pie, cavaron fosas para los cuerpos de sus vecinos. Se preparó una pira enorme para quemar a los orcos. El hedor duraría semanas. Alberic y Vron buscaron tesoros en el campo de batalla. Lo que juntaron lo donaron al pueblo, para que las viudas de los combatientes tengan con que subsistir durante un tiempo.

La Lámpara estaba a salvo. Ahora tenían que ver cuál sería el próximo paso de la sombra.

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El Encargo

Ceawin el Generoso se acercó a los héroes. -“Tengo un encargo para hacerles, si están interesados.”, dijo. -“Necesito que busquen un buen artesano, enano seguramente, para hacer un yelmo.”.Ceawin les dio instrucciones muy precisas para el yelmo. Su intención era hacer un tributo a los túmulos de Ensenada Este.

Por supuesto que los héroes estuvieron de acuerdo con hacerle el favor a su patrón. Al día siguiente, emprendieron el viaje a Dale. Les tomaría unos 15 días llegar a destino. El camino era conocido por ellos, pero no les sería tan sencillo.

En el camino se encontraron con una dificultad. El agua de deshielo había provocado la creciente de un arroyo. Alberic supuso que no habría problemas en cruzarlo a pie, Gror asintió. Comenzaron a cruzarlo cuando la fuerza del agua hizo trastabillar al joven. El agua comenzó a arrastrarlo hasta que su pie quedó atrapado entre dos rocas, la fuerza del agua hizo el resto para desgarrar el músculo. Un dolor agudo recorrió la pierna de Alberic. Con el esfuerzo de todos, pudieron sacar al joven del agua. Ahora tenían un problema. Tomaron la decisión de ir a los salones de Thranduil para que curen al joven.

La recepción de los elfos fue tan cálida como siempre, igual que un balde de agua helada. Los héroes tuvieron que mencionar que ellos habían sido quienes mataron al ciervo blanco para la satisfacción del rey. Solo ahí fueron atendidos. Gror prefirió seguir camino a Dale. Odiaba ese lugar.

Un cortesano atendió la herida de Alberic. Decidieron quedarse unos días para que sane la herida. Vron aprovechó esos días para contarle a un cortesano del rey acerca de lo que había descubierto Saruman. En dos días pudieron volver al camino.

Una vez en Dale, se reunieron con el enano. Lo encontraron en su cabaret, enfiestado con dos trolas y chupando cerveza, su atuendo era nefasto, una bata que dejaba entrever su barriga y si uno observaba se le podían ver las bolas colgando de un costado. Alberic y Vron enseguida se aclimataron al lugar.

Por otro lado, Valbrand no acostumbraba a frecuentar esos tugurios. Había algo en ellos que lo hacían sentir sucio y poco caballero. Prefirió no entrar e ir al mercado a encargar el yelmo. La manufactura de dicha obra demoraría unos 12 días, lo cual les dio tiempo ocioso a los héroes.

Por unos Barriles de Cerveza

Gror les mencionó al resto que había un cargamento de cerveza enana de su fábrica que debía llegar a Salon de las Tierras del Bosque. Había un carruaje que estaba por partir y se rumoreaba que estaba en problemas. Sin nada mejor que hacer, los héroes acompañaron a Gror a ver cual era la situación.

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-“Ayuda! Ayuda! están atacando a mi padre”, los sorprende un niño de unos 10 años al llegar. Los héroes se apresuraron para ayudar al niño. Los guió hasta una pobre escena. Estaba el mercader contra un árbol siendo atacado por tres maleantes.
-"Oigan ustedes, manga de pelotudos, dejen a ese hombre “, les gritó ”/characters/gror" class=“wiki-content-link”>Gror.
-“ehhh, no se metan, ortivas, giles”, respondió uno de los maleantes.
-“Suelten las armas o son boleta”, amenazó Vron,
Los tres cretinos, viendo que se estaban metiendo en problemas, prefirieron correr.
-“Gracias, amigos, esos tres embusteros me traicionaron. Los había contratado como guardias del transporte pero prefirieron robarme en vez de hacer el trabajo.”, explicó el mercader.. -“Este es mi hijo, Belgor, quien fue por ustedes”.

El mercader les pidió a los héroes si lo podían ayudar a llevar su mercadería a Salon de las Tierras del Bosque. Sin nada mas que hacer, los héroes aceptaron.
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Iniciaron el viaje por el mismo camino que habían llegado, el sendero élfico. Viajaron por bote hasta llegar a los puertos del rey Thranduil. El mercader bajó a hablar con los elfos. Su confianza era tal que despertó intriga en Alberic, después de todo Vron le había dicho que el espía era un hombre viejo al cual el rey tiene mucha confianza.

Alberic comenzó a hacer de las suyas, pero pronto los resultados arrojarían que el hombre era inocente. Una comparación de la letra del manifiesto de la carga alcanzarían para quitar la duda. El viaje continuó hasta abandonar el río, luego seguirían en carreta. Cruzaron el torrente encantado, aquel arroyo del cual advierten no tomar de sus aguas, hasta el acampe.

Arañas y mas arañas

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Todos estaban descansando. Vron hacía la guardia. La noche estaba tranquila hasta que algo captó su atención. El viejo mercader se había levantado y se internó sin decir nada en el bosque. Vron despertó a Gror y siguió al viejo sigilosamente. Lo encontró bebiendo de una corriente de agua cerca del campamento. Bebió unos sorbos y comenzó a volver. Al llegar, emitió un balbuceo, un nombre de mujer quizás. Lo repetía una y otra vez, sus ojos desorbitados. Estaba en una especie de trance o locura. El mercader volvió sobre sus pasos y comenzó a correr frenéticamente por el bosque. Alberic, Gror y Vron corrieron tras de él. Valbrand se quedó cuidando a Belgo y el transporte.

Los tres héroes atravesaban un sin fin de ramas y raíces en la persecuta. Vron al ser el mas velóz, se había adelantado. De pronto, el rastro del mercader había desaparecido, como si se hubiera esfumado en el aire. Vron miró hacia arriba y vio una araña arrastrando el cuerpo del anciano. Escaló rápidamente el arbol tratando de alcanzar a la araña. Alberic y Gror los perseguían desde abajo.

Pronto llegaron a un claro en el medio del bosque. En el medio había un viejo castillo, ahora totalmente en ruinas. Solo quedaban unas paredes y una vieja torre a punto de desmoronarse. La araña hizo un capullo del mercader y lo colgó desde un extremo superior entre una de las paredes y la torre. El capullo oscilaba peligrosamente a 9 metros de altura.

Vron se agrupó con los otros. Solo se escuchaba el silencio. Algo no estaba bien. Sin duda parecía una trampa. Discutieron como acercarse y prefirieron que sea Vron quien busque el capullo. Comenzó a moverse muy sigiloso, sus pasos flotaban en el aire. Llegó hasta una de las paredes. Notó que en gran parte, estaba cubierta de telas de araña. Comenzó a escalar. Ascendió sin problemas. Con esfuerzo levantó el capullo y lo colocó sobre el canto de la pared. Con su cuchillo y liberó al mercader. Estaba pálido e inconsciente, era muy difícil saber si estaba con vida. Aún así , lo subió a sus hombros y comenzó el descenso. Vron media cada paso que daba, no quería tocar ninguna tela de araña. Ya sea por el peso del viejo y algún ladrillo suelto, pero Vron resbaló, en un instante estaba cayendo. Golpearon duro contra el piso, por suerte (y no tanta) las telas de araña amortiguaron el golpe, que de otra manera hubiera sido mortífero. Una vibración recorrió la tela, expandiéndose como una gota que cae en un tranquilo estanque. Una serie de sonidos secos y siseos de pronto se escuchaban de todas partes. Vron se levantó adolorido, levantó al viejo y comenzó a correr. Le tiró el viejo a Gror quien lo levantó sin problemas. Los tres comenzaron a correr.

Corrían por el bosque intentando llegar al campamento. Parecía que el bosque hubiera cobrado vida. Las ramas de los árboles se movían detrás de los héroes. De pronto, un grupo de arañas cayo desde las copas de los árboles enfrente a los 3 héroes interrumpiendo su escape. Sacaron sus armas y dieron ataque a las criaturas. En un abrir y cerrar de ojos los 3 bichos estaban muertos, pero antes de que pudieran escapar, cayeron más arañas. Gror fue atacado por un par, una de las arañas lo atrapó en sus telas y la otra le hincó sus colmillos e inyectó su veneno (él no lo sabría, pero la quedaban algunos segundos antes de quedar paralizado). Alberic batallaba con 2 arañas, su fiel perro lo ayudaba mientras atacaba haciendo grandes arcos de con su espada para mantenerlas a raya. Vron también peleaba con 2 arañas, atacaba una y otra vez con su lanza.

Los 3 héroes mataban araña tras araña, pero estas seguían cayendo del cielo. Los bichos atacaban con ponzoña. Una y otra vez los héroes respondían, pero el agotamiento ya estaba comenzando a asomar. Tres arañas se lanzaron sobre Vron e inyectaron su veneno también. Ahora era cuestión de tiempo para que el enano y el dunlendino quedaran paralizados.
-“VAMOS!!! .. SIGAN PELEANDO!!”, gritó con fuerza Alberic. Por un instante, Gror y Vron se sintieron mas animados, pero no por mucho. La arañas seguían llegando por decenas y sus ataques coordinados eran efectivos.
El enano atacó una última vez, ya sus músculos entumecidos no funcionaban bien. Una de las arañas, saltó sobre él y hundió sus colmillos nuevamente. El enano no pudo resistir el dolor, ahora estaba fuera de combate. Vron entró en pánico, sabía que tenía el tiempo contado para quedar paralizado. Tuvo que elegir entre correr y pedir ayuda o quedarse y pelear hasta la muerte.
-“Vamos Alberic!! … hay que correr al campamento!!!”, gritó con temor. Alberic no podía abandonar al enano. Si corría, el destino de Gror estaba echado, sería comida de arácnido.
-“Corre vos y pedile ayuda a Valvrand!”, le respondió. -“No puedo dejar que Gror muera”.
Vron comenzó a correr en dirección al campamento. Solo su velocidad podrían salvar a sus compañeros. Tenía que pedirle ayuda a Valbrand de inmediato. Corrió unos metros pero sus piernas dejaron de responderle. Cayó al piso aterrorizado, el veneno había comenzado a hacer su efecto. Pronto lo invadió una terrible sensación de terror. Estaba consciente, pero su cuerpo no le respondía. Era el fin. Sería devorado vivo por esas inmundas criaturas.

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Alberic ve a su amigo caer y supo que estaba en él y Duque la esperanza de la comunidad. Tomó su espada con fuerzas y atacó. Su espada se hundió profundamente en el clúster de ojos de su enemigo. Arrancó su arma, salió con pedazos de seso, de un barrido le cortó las patas a otra. Tomó envión y saltó sobre el lomo de la araña desmembrada. Ahora usando a la araña como deslizador, avanzaba cortando a dos arañas transversalmente. Su relleno se esparcía a medida que las dejaba atrás. Cuando terminó su impulso, se arrojó al piso y giró ágilmente pasando por debajo de otra araña. Sacó su cuchillo y se lo hundió en su vientre. Un líquido viscoso y órganos se volcaron sobre el joven. Se levantó con fuerza quitándose la araña de encima. Dos arañas se lanzaron sobre él. De un barrido eliminó a una, la otra fue atacada por Duque. Mientras tanto, una araña bajaba colgada de su tela a espaldas de Alberic. Su veneno goteaba de sus colmillos, a penas estaba a centímetros del cuello del joven. Duque ladró con fuerza. El fiel perro se lanzó con todas sus fuerzas para evitar que la araña dañe a su amigo, pero nunca llegaría. La araña tomo impulso, quería que su veneno llegue bien profundo. Y justo cuando estaba por hincar sus veneno, una flecha certera salió volando y mató a la traicionera araña.
Alberic sorprendido miró de donde había salido la flecha. Era un viejo andrajoso que estaba recargando su arco. Alberic, sin entender que hacía un linyera en el bosque, le gritó por ayuda. El viejo, disparó su arco una vez mas para eliminar otra araña y salió corriendo por el bosque gritando cosas sin sentido. Alberic, sorprendido y agradecido asestó el último ataque para dejar una alfombra de bichos desmembrados por el bosque. La comunidad había subsistido.
Rápidamente.Alberic le pidió a Duque que vaya a buscar a Valbrand. Mientras, atendió las heridas de sus amigos caídos y las del viejo Baldor

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La Tormenta

La comunidad estaba es uno de sus peores estados, muchos estaban cansados, lastimados y envenenados. Prefirieron dormir la noche en el campamento y a la mañana continuar viaje, pues no sabían que les esperaba mas adelante.

La mañana se mostró incierta. Una brisa captó la atención de Alberic
-“Una tormenta se avecina, debemos apurarnos”, dijo.

El joven comenzó a llevarlos por el espeso entramado del bosque. La idea era conseguir un refugio. Avanzaron cuando un trueno sonó con fuerza en el cielo. Momentos luego, una cortina de agua cayó sobre ellos. Era una tormenta terrible, relámpagos cubrían el cielo de forma amenazante, un viento huracanado arrancaba ramas de los árboles y las lanzaba con fuerza hacia los compañeros. Debían encontrar refugio o podría ser catastrófico.

A lo lejos, pudieron divisar una luz y una columna de humo que salía de lo que parecía ser una vivienda construía en un viejo tronco ahuecado. Los héroes corrieron hacia ella arrastrando a los caballos.

En la Choza del Ermitaño

Ingresaron por un hueco en el árbol. Ante ellos, se abrió una cómoda sala. Un pequeño fuego los invitaba a quedarse. Sobre él, una liebre silvestre se asaba lentamente. Temerosos, entraron. Daban un paso tras otro, esperando que se active una trampa o que sea todo una ilusión.
-“Hoolaaaa, ¿hay alguien en casa?”, preguntó Amroth. Nadie respondió.

Los héroes se acomodaron junto al fuego, nadie se atrevía a tocar la liebre todavía. Acomodaron a los compañeros caídos en la sala. De pronto un viejo entró y tremenda sorpresa se llevó al ver a semejantes intrusos ocupando su hogar.
-“Pero que hacen acá??!!!”, gritó. -“Quienes son uds?”. Resultó ser el viejo linyera que había ayudado a Gror, Vron y Alberic a escapar de las arañas.
-“Tranquilo, solo necesitamos refugio de la tormenta”, trató de calmarlo Amroth.
-“Elfos!! Fuera de mi casa!!”, contestó.

Poco les tomó a los héroes darse cuenta de que el viejo no estaba en sus cabales. También notaron unos extraños grabados en las paredes de la cabaña. Al verlos de cerca se podían distinguir figuras horrendas, orcos, trolls, trasgos… y otras que los héroes no llegaban a reconocer, pero eran igual o mas horrorosas que cualquier otra criatura que hayan visto de la sombra. En seguida les vino a la mente ¿como es que el viejo conocía a tales figuras?. Una mirada de Galdor reveló la marca de grilletes en sus muñecas. El pobre viejo había sido prisionero de la sombra. De ahí tal vez proviniera su locura. Alberic notó, también, que el viejo era un hombre del bosque, tal vez en otra vida. Tal vez haya sido eso, o el hecho de que el viejo le salvara la vida en el combate de las arañas, que provocó empatía en el joven.

[:amroth | Amroth]] continuó suplicando para que el viejo acepte la compañía mientras dure la tormenta, pero el viejo no aceptaba. Lo único que se le ocurrió a Alberic fue tratar de cambiar la estadía por un poco de cerveza enana, de la que llevaban en la carreta. El viejo terminó aceptando agregando también algunos utensilios de metal.

Descansaron durante la tormenta. Eso le permitió a Gror y a Vron recuperar conciencia. Pobre enano, la rabieta que lanzó cuando se enteró que el viejo había tomado su cerveza.

Antes de partir, Alberic se acercó al viejo y le pidió que viajara con ellos. La intención del joven era de que Radagast el Pardo pudiera atender al pobre ermitaño y tal vez curar su mente trastornada o tal vez darle un mejor pasar durante los últimos años de vida. El ermitaño tomó a Alberic del brazo y le dijo: -“Tengo algo para tí, … no es bueno aferrarse a las cosas, sobre todo cuando están manchadas por la sombra”. De un viejo baúl, tomó algo envuelto en harapos. Lo desenvolvió, era un pedazo de cabeza de hacha. Hasta donde se podía ver, contenía hermosos tallados de lobos y relucía como plata.
-“Muerde-Lobos”, dijo Alberic con asombro. Era una parte de una hacha legendaria que pertenecía a los hombres del bosque. Esta se había extraviado hace ya muchos años. Alberic recordó de haberla visto en el Wudusel como el arma que había ayudado a eliminar a decenas de lobos y también hombres-lobo. Era un tesoro de su cultura y ahora estaba en sus manos, al menos en parte.

La Cosa del Pozo

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Partieron al camino sin saludar al ermitaño. El lodo dificultaba el avance de la carreta y una densa y cálida humedad se había levantado. Era difícil respirar, casi como si una somnoliencia dominara el bosque.

Los héroes avanzaban pesadamente por el camino, cuando una suave voz comenzó a llamar a Vron: -“Vroooonnnn,… ven a mi… tengo tesoros para ti”. La mente de Vron estaba adormecida e inconscientemente se adentró en el bosque en búsqueda de esa voz. Galdor observó en el momento justo que Vron abandonaba la caravana. Le dio señal a Amroth para seguirlo. La caravana se detuvo, al resto le costaba entender la situación.
-“¿Por que mm parammmmos?”, llegó a murmurar Gror antes de volver a quedarse dormido.
-“Esteeee … no se. Me …. parece queeeee …..los elfos se fueron….”, respondió Alberic. -“Voy a ir a ver, …. vamos duque!”.

Vron avanzó por el bosque, sus piernas parecían tener vida propia. Avanzaba atraído por esa suave voz. Eventualmente llegó a un lugar del bosque. Un pozo rodeado por raíces estaba a sus pies. Se detuvo por un instante y luego se dejó caer. En su mente, el pobre Vron imaginaba descender a un pozo repleto de tesoros, pero la realidad es que una criatura maligna moraba en ese lugar. Vron no lo sabía, pero estaba siendo devorado lentamente.

Los elfos llegaron corriendo al lugar del pozo, luego de seguir los rastros de Vron. Galdor le gritó -“Vron… Vron… salí de ahí”. De pronto, una tremenda raíz, gruesa como una pitón, se lanzó sobre Galdor atrapándolo. Amroth llegó momentos luego. Tensó su arco y comenzó a disparar contra lo que sea que fuera esa criatura. Un sin fin de raíces se habían levantado, era como si el bosque hubiera cobrado vida. El piso temblaba a medida que estas raíces se levantaban y azotaban a los elfos. Sin demoras, Amroth y Galdor contraatacaron a la criatura. Sus flechas volaban con certeza pero parecían no hacer mella. Pronto la criatura apresó a los elfos con sus raíces. Galdor tomó su espada y comenzó a cortarla. En eso llega Alberic, sin entender que estaba ocurriendo, una raíz tomo de sus pies y lo levantó.

Dentro del pozo, Vron peleaba por su vida de otra manera. En su mente, él estaba juntando los mas bellos tesoros, copas, coronas, joyas y monedas de oro; pero en realidad la criatura estaba succionando su vida. Lejos escuchó la voz de Galdor gritándole que huya de ese pozo. Vron sabía que algo estaba mal, “tomó” lo que pudo y empezó a escalar. Afuera la cosa no estaba mejor.

Galdor se había liberado de la raíz. Amroth asestaba disparos una y otra vez. Y Alberic, con ayuda de Duque, se libró de las ataduras y comenzó a cortar a la criatura con su espada serrada. Por cada golpe que daban, la criatura parecía golpear mas duro. Corte y flecha, también uno o que otro mordisco, la bestia fue retrocediendo. Un último golpe bastó para que la bestia gimiera de agonía y huya. Sus raíces de retrajeron al suelo. Los elfos ayudaron a Vron a salir del pozo y ahora todos juntos volvieron al camino.

La caravana avanzó en silencio hasta llegar a un lugar conocido por los héroes. Habían llegado a Salon de las Tierras del Bosque. Ingomer Axebreaker los estaba esperando.

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Revelaciones de Ingomer

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Los héroes ayudaron a Baldor y Belgo con la caravana apenas llegaro a Salon de las Tierras del Bosque. Lo saludaron y desearon buena suerte.

Alberic y los demás fueron a conversar con Ingomer. Alberic llevaba un pedazo de Muerde Lobos y quería entregárselo al líder de los Hombres del Bosque. Alberic Comenzó haciendo resumen de como habían llegado. Desde las arañas hasta el ermitaño. Algo llamó la atención de Ingomer cuando le contaron de un ermitaño en el bosque, pues comenzó a narrar la historia de su 2do hijo.

Contó sobre su otro hijo desaparecido, hermano de Mogdred. Cuando aún eran jóvenes, los dos hermanos salieron a patrullar el bosque, pero según contaba Ingomer, se encontraron con una patrulla orca y un troll. Según pudieron ver los rastreadores, la batalla fue feroz. Ambos hijos habían sido capturados, pues sus cuerpos no se encontraban entre los caídos. La historia de Mogdred es sabida, pero la de su hermano seguía siendo un misterio. Los héroes le describieron al ermitaño, sobre los tallados en su hogar y las marcas de ataduras en sus muñecas y tobillos. Ingomer no demostró demasiado entusiasmo, las probabilidades de que el ermitaño sea su hijo perdido eran escasas.

Alberic tomo la pieza de “Muerde Lobos” , la colocó sobre la mesa.
-“Este pedazo del legado de los hombres del bosque me fue entregado por el ermitaño”, le dijo Alberic. -“Quisiera devolverlo a nuestra gente”.
Ingomer tomó el pedazo de hacha y lo levantó. -“Esto confirma lo que pienso. El ermitaño es probable que sea mi otro hijo”, continuó,
-“Esta hacha fue usada por Mogdred el día en que ambos fueron capturados. Sabemos lo que ocurrió con Mogdred, ahora tal vez sepamos que ocurrió con mi otro hijo”.

El Yelmo

Al día siguiente de la charla, los héroes comenzaron su regreso a Dale. El viaje fue tranquilo, duró unos 12 días. Cuando llegaron a Dale, fueron directo a ver al enano herrero.
-“Los esperaba hace días… bueno…. aquí tienen el yelmo. Espero que les guste el trabajo”, gruño el enano.

Se pagó y sin perder tiempo emprendieron viaje a Ensenada Este. El viaje no suscitó mayores cuestiones hasta el intento de atraco.

Una mujer y un grupo de hombres se cruzaron en el camino. “Entreguen el yelmo”, dijo ella con voz severa. Los héroes desenfundaron las armas y el combate se disparó. Flechas volaron por el aire y gritos de violencia sonaban a su vuelo. Los ladrones atacaron con furia y lograron hacer mella. Pero rápidamente los héroes se pusieron en ventaja y uno a uno los ladrones iban cayendo muertos. Cuando su líder vio que no tenían formas de ganar, salió corriendo, abandonando a algunos de sus hombres atrás. El resto fueron desarticulados rápidamente. Los maniataron y los llevaron a Ensenada Este para que Ceawin el Generoso disponga justamente.

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El juicio de Ceawin y el camino al Túmulo
Llegan a Estancias soleadas con los ladrones del camino. Ceawin los enjuicia.
Luego comparten noticias del yelmo y Ceawin les comenta que quiere llevarlo a unos túmulos del Sur como ofrenda para los viejos lideres del lugar.

La pelea en el túmulo
El grupo viaja al túmulo y Ceawin se interna. Vrom le sigue con sigilo. Se arma la rosca, el grupo se mete dentro. Luchan con el espíritu y el tumulo se desmorona. Quedan todos enterrados y cuando salen el Yelmo ya no está aunque varios ven a Vrom esconderlo entre sus cosas.

El exilio de Vron
Tras blanquear la situación y volver a las Estancias soleadas Ceawin pide encarecidamente que le devuelvan el Yelmo y termina exiliando a Vrom por la horrible actitud.

Comments

Muy bueno Aldón!

2951
 

Muy copadas esas imágenes!!

2951
 

Viene avanzando :)

2951
delgerbo delgerbo

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