La Sombra en el Norte

Noticias de Radaghast

Era una mañana tranquila en Salon de las Tierras del Bosque. Los miembros de la Comunidad estaban durmiendo apaciblemente en uno de los salones comunes del asentamiento de hombres del bosque. Parecía un día ordinario, incluso, algunos miembros comenzaron a discutir sobre que tarea preferían realizar para ayudar a la comunidad de hombres del bosque.
Extraño fue cuando, vieron entrar una pequeña ardilla al salón corriendo a velocidad. Mas extraño era que la ardilla llevaba una pequeña nota. No fue muy difícil conseguir que la ardilla entregue el mensaje, pues estaba entrenada para ello. El mensaje provenía de Radaghast, la consigna era encontrarse con él durante el día del solsticio de verano en Pueblo de los Hombres del Bosque urgentemente. 

El Viaje por el Río

Contrataron una balsa para viajar río abajo hasta Pueblo de los Hombres del Bosque con la promesa de Valbrand de proteger a los canoeros, quienes se encontraban asustados por noticias de que hubo ataques de arañas a otro bote. Galdor y Alberic también habían escuchado esa historia y lo que mas les llamó la atención es que los tripulantes del bote se salvaron gracias a la ayuda de una de las Doncellas del Río.

El viaje inició tranquilamente. Durante unos días, la comunidad retozó en la gran canoa. Extrañamente, solo la comida de Vrom se encontraba en mal estado. Amroth se percató que la Sombra podría estar trabajando muy cerca. Esa misma noche, notaron telarañas que cruzaban desde una costa del río a la otra a través de las ramas de los árboles, indicando que las arañas estaban cruzando a la región del bosque habitada por los hombres.

El Nido de Arañas

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Durante la noche, mientras Amroth hacía guardia, notó algo en el borde del bosque: un sin fin de ojos mirándolo con malicia. Rápidamente el elfo despierta al resto de la comunidad, pero cuando fueron a investigar, quien sea que observaba al elfo se había ido. Vrom encontró un nido de arañas cuando salió a revisar la zona.

La comunidad se encontró en aprietos cuando tuvieron que enfrentarse a la decisión de ir a matar a las arañas o continuar el viaje y custodiar a los canoeros. Los canoeros se opusieron fuertemente a la idea de atacar el nido, a pesar de la insistencia de los miembros de la comunidad. Por último, Gror, aprovechando su cerveza, les dió de tomar a los canoeros hasta emborracharlos. Thror se quedó a cuidar a los tripulantes que dormian la borrachera. El resto, se aventuró contra las arañas.

Sigilosamente, Galdor, Vrom y Amroth se adelantaron para emboscar a las arañas. Alberic, Gror y Valbrand avanzaron lentamente hasta llegar al nido, como carnadas. El combate se inició enseguida, las flechas de los elfos fueron certeras, eliminaron a una gran araña; la lanza de Vrom no se quedó atrás, pues empaló de sorpresa a la otra gran araña. El resto de las pequeñas arañas atacaron al resto. Un hachazo por allí, un espadazo por allá, una a una las arañas fueron cayendo. Se podría decir que las manos de la comunidad estaban siendo guiadas por lo divino. Por último, las arañas obtuvieron su merecido. Solamente Gror fue envenenado, pero rápidamente Amroth y Alberic trataron la herida.

Revisando el nido, Vrom notó una huella de araña enorme que se alejaba al norte. La comunidad decidió volver al campamento para ver el enojo de los canoeros, ahora despiertos.

La Doncella del Río

Amroth se alejó del resto, y fue hacia el río con intenciones de pedirle ayuda a las Doncellas del Río para avisar a Salon de las Tierras del Bosque de la inminente presencia de la gran araña.
Su voz fue tan suave y bella que la Dama del río no pudo negarse a acudir en su ayuda. Tan impresionada quedó la dama con el orgulloso elfo y le dio un beso en la mejilla y se comprometió a ayudarlo. Por supuesto que Amroth no pudo ocultar su excitación.

Llegando a Woodmen Town

El resto del viaje ocurrió en silencio, el mal humor de los canoeros se palpaba en el aire, pero eso no llegó a afectar a los miembros de la comunidad.

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El Fantasma Sangriento

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La comunidad llegó 3 días antes del solsticio de verano a Pueblo de los Hombres del Bosque para asistir a la reunión con Radagast el Pardo. Durante los primeros momentos, escucharon a algunos pobladores hablar sobre un escurridizo ladrón de gallinas, uno al que le apodaron: “El Fantasma Sangriento”. Un problema que escaló hasta la muerte de un granjero. Todo esto llamó la atención de los miembros de la comunidad, así que decidieron investigar lo que estaba pasando, después de todo, debían pasar el tiempo.
Así que fueron a hablar con los huérfanos de la granja para obtener algo de información. Mientras el resto hablaba Alberic fue a buscar pistas al cerco donde había fallecido el granjero, con la ayuda de duque, su fiel compañero, encontraron plumas de gallina, sangre y huellas muy difíciles de ver que se llevaban adentro del bosque. Con la ayuda de Vrom, Alberic comenzó a seguir las huellas. El resto los seguía por detrás. Continuaron adentrándose en el bosque hasta un lugar donde este ladrón pareció habitar por un tiempo. Un sendero al río le llamó la atención a Alberic, quien había subido a un árbol para ver desde otros ángulos. Siguieron el sendero hasta llegar al río. En las orillas, una pisada marcada en el barro captó la atención de Vrom: ¡era una pisada de un hobbit!. Todos concluyeron que el ladrón era un hobitt.
Volvieron sobre los rastros, muy difíciles de ver, pero no para la gran habilidad de rastreo de Vrom. Así fueron reconstruyendo lo hechos mal habidos de este hobitt ladrón: le robó un cuchillo de caza a un zapatero amigo de Alberic, luego fue hasta una granja y robó una docena de huevos y luego huyó de nuevo al bosque.

El Ojo en la Torre

Siguieron las huellas hasta hallar un gran tronco ahuecado dentro del cual las huellas se perdían. No hay forma de explicar el hedor que emanaba el interior de ese tronco: restos de animales putrefactos, orina y heces aromatizaban el lugar. Claramente el ladrón habitó ese lugar, lo extraño era: ¿que clase de hobbit devora animales crudos, caga y orina donde duerme?. Este hobbit-ladrón estaba seguramente trastornado. Decidieron buscar dentro del tronco, pero los únicos que tuvieron el estómago para meterse fueron Alberic y Galdor. Dentro del tronco notaron un tallado, algo difícil de distinguir: un ojo sobre una torre, tal vez?. Amroth y Valbrand se miraron el uno al otro sabiendo lo que significaba ese tallado: era Sauron sobre la torre de Barad-dûr, lo que significaba que ese hobbit había estado en Mordor. ¿Quien era ese hobbit?¿que le había pasado? y ¿como terminó en Mordor?

El Ranger del Norte

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Siguieron el rastro una vez mas hacia el norte. Avanzaban lentamente siguiendo los débiles pisabas del hobbit cuando Amroth con su extraordinario oído élfico escuchó unos pasos 1km al norte. Asumiendo que podía ser el ladrón, todos apresuraron el paso. No había tiempo que perder. De pronto Alberic notó un movimiento detrás de un arbusto. El resto se preparó para emboscar a la ladrón. Sigilosos, desenfundaron sus armas y fueron acercándose poco a poco a su presa….. pero para la sorpresa de todos, un hombre encapuchado salió de entre los arbustos diciendo “Tranquilos, no busco problemas”.
Resultó ser un montaraz del norte, un dunedaín notó Amroth. Su aspecto era imponente, joven pero curtido. Dijo llamarse Trancos y que Gandalf le había pedido que encuentre una criatura escurridiza. Poco tardaron los miembros de la comunidad en notar que la criatura que buscaba el montaraz y el hobbit ladrón eran el mismo. Incluso Galdor compartió el tallado del ojo con Trancos, quien se notó consternado y prometió llevarlo ante el mismo Gandalf.
Compartieron historias con Trancos y lo ayudaron hasta caer la noche, pues el tiempo se había acabado, debían volver a Pueblo de los Hombres del Bosque para el encuentro con Radagast el Pardo.

El Pájaro en el Río

La comunidad volvió a Pueblo de los Hombres del Bosque y lo que pensaban que era una reunión con el mago pardo, terminó siendo algo totalmente inusual. Desde la bruma del río surgió una nave encantadora: en la proa tenía forma cabeza de pájaro, a los lados unas alas y sobre la cubierta, el mago Radagast el Pardo apurandolos para que subieran al bote de un salto. “Todos arriba, rápido, no hay tiempo que perder” gritaba.
La comunidad nuevamente estaba sobre el río, viajando hacia el sur. Radagast el Pardo comenzó hablando sobre una tarea sumamente importante que debían realizar. La sombra estaba acechando el sur del bosque y que era imperativo revisar la fortaleza de Dol Guldur pues algo malvado y retorcido podría estar surgiendo desde ese sombrío lugar.
Surcaron velozmente por las aguas hasta llegar al lago negro. Allí desembarcaron en la orilla sur. Mientras la comunidad bajaba el equipo del bote, Radagast el Pardo tuvo en extraño encuentro con una de las Doncellas del Río, era la mas sabía y anciana de ellas. Volvió en apuros, y dijo que debían llegar hasta la Colina Tirana. Allí deberían descansar para estar preparados para la difícil tarea que esta por delante.

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El sur del Mirkwood

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La comunidad comenzó temprano en Colina Tirana, Alberic y Valbrand salieron a cazar para aprovisionarse pues el viaje es largo y difícilmente podrían cazar. Este viaje duraría unos 6 a 10 días, hasta llegar a los bordes de Dol Guldur.

Radagast el Pardo llevó a la comunidad hacia el sur a través de bosque, el cual a cada paso se mostraba cada vez mas siniestro. Las ramas de los árboles se ceñían sobre los viajeros como garras, el aire espeso y viciado dificultaba cada respiro y el fango bajo sus pies dificultaba cada paso. Poco tiempo pasó para que la comunidad sintiera la opresión de la Sombra, incluso Radagast el Pardo se mostraba preocupado.

Durante una noche, Amroth, mientras hacía vigilancia, escuchó unos pasos muy cerca del campamento. Rápidamente despertó a sus compañeros. Resultó ser una patrulla de unos 20 orcos que avanzaban sin demora muy cerca del lugar donde descansaba la comunidad. Era claro que no podían hacerle frente a tal cantidad de orcos sin arriesgarse, con lo cual rápidamente se escondieron. Uno de los orcos, al pasar, se detuvo. Sus gestos denotaban que había percibido algún olor. Valbrand tragó saliva y apretó la empuñadura de su espada… pero rápidamente Vrom arrojó una piedra lejos del campamento para distraer al atención de los orcos. Luego, sigilosamente, fue alejando a la patrulla, haciéndola seguir un rastro falso. La comunidad había escapado de esa difícil situación.

La Ciénaga

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Siguieron avanzando hacia el sur, Radagast el Pardo indicó que pasar por el puente podría ser difícil dado que está custodiado por orcos, así que llevó a los viajeros por otro camino. Repentinamente, el bosque terminó, dejando lugar a una horrenda ciénaga, un pantano casi sin vegetación en donde sus burbujeantes aguas fétidas emanaban un hedor repugnante. Por el cielo Galdor observó unos crevains sobrevolando el lugar. Sabían que llegar sin ser notados sería difícil.

Avanzar por ese lugar demostró ser tan terrible como el peor laberinto. Fue Alberic y su compañero Duque quienes tomaron la tarea de guiar al grupo a través de la ciénaga. Un paso en falso y el resultado podría ser horrendo. Por eso Alberic puso todas sus energías para guiarlos. Aún así…

Mientras avanzaban por la ciénaga, inesperadamente, unas frías y tétricas manos salieron desde el fondo de las arenas con la intensión de agarrar a los viajeros. Eran las manos de aquellos caídos en este lugar, que La Sombra, con los años corrompió hasta transformarlos en eternos esclavos. Entre gritos de pánico y ladridos, uno a uno, los viajeros, fueron escapando de sus fétidas garras.

Esquivando peligros, los viajeros avanzaron por el pantano hasta llegar a los bordes de la fortaleza de Dol Guldur. Pero el viaje no fue sin consecuencias pues La Sombra había hecho su mella en el alma de los integrantes de la comunidad. En especial a Vrom, que parecía realmente abatido por ella. Radagast el Pardo debió haber notado eso dado que le indicó que si alguna vez se sintiera realmente mal, le avise.

Ingresando a la Fortaleza

Dol Guldur se mostraba imponente en el horizonte. Sus torres amenazantes e inmensos muros amedrentaban a los viajeros.
Radagast el Pardo indicó que la única manera de entrar era por la puerta principal. Desconfiados, los demás, estudiaban el muro para escalar, pero resultó ser un imponente e inescalable muro de casi 30m.

Temerosos avanzaron hasta el gigantesco portón. Para la sorpresa de todos, el portón estaba abierto. “Solo un hechizo puede abrir o cerrar este portón. Por suerte está abierto como lo dejó Saruman, esas son buenas noticias” dijo Radagast el Pardo. Valbrand asomó su cabeza con cautela. Pronto todos estaba avanzando por el túnel que estaba a continuación del portón.

Un olor nauseabundo fue lo primero que golpeó al grupo, pues ante ellos se encontraba un inmenso lago que rodeaba a la fortaleza, El Lago Muerto. Tal era la podredumbre de esas aguas que de solo verlas provocaba nauseas. Solo un estrecho puente permitía cruzar hacia el otro lado. El problema, indicó Amroth, era que mientras estén avanzando por el mismo, estarían completamente expuestos. Todos miraron a Radagast el Pardo quien con duda recomendó avanzar. El resto, atemorizado, no tuvo opciones. Cruzaron el puente con mucho sigilo e ingresaron al patio interior. Amroth notó que una de las torres estaba habitada, “Orcos” dijo con voz asevera. Todos avanzaron con sigilo hasta llegar a La Puerta Interior.

Acertijos en la Noche

La noche había caído como un manto oscuro. Ante la comunidad, una masiva puerta negra se alzaba ante ellos. Era un gigante portón negro cuyo material oscuro, que ni Thror ni Gror pudieron identificar, contenía incrustaciones en mitral. Parecía contener alguna clase de sortilegio. Radagast el Pardo contó la historia sobre como Saruman logró adivinar la palabra mágica para abrir semejante bestia. Lamentablemente, Radagast el Pardo no la sabía.

Todos quedaron confusos antes tal situación, miradas extraviadas y rascadas de cabeza eran eran las expresiones comunes, pero no la de Valbrand. Con un pedazo de carbón empezó a dibujar letras en el piso, tachándolas y escribiéndolas nuevamente. Un rato le tomo pero por fin dijo “Lo tengo”. Ante el grupo había un acertijo:

“Cuando me siento, me estiro.
Cuando me paro, me encojo.
El fuego me hace invisible.
Y el agua no me moja.”

“Es la luna”, dijo uno, “no, es el sol” dijo otro, pero fue finalmente Vrom quien dijo: “Es la sombra”. Todos estuvieron de acuerdo. Así que impulsivo, Alberic tocó la masiva puerta y gritó la respuesta. Momentos luego, la puerta se abrió. … y más allá una interminable escalera de oscuros escalones que subía a la fortaleza de Dol Guldur, bordeando toda la colina de Amon Lanc.

El Pasaje Oscuro

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Ya en la fortaleza varias torres se divisaban. La Torre Alta, la Torre de Hechicería, la Torre de las Estrellas, y el inmenso Salón del Nigromante.
Radagast el Pardo recomendó limitar la búsqueda a la Torre Alta, donde en los tiempos del nigromante habitaban los mejores espías de la amplia red de espionaje del señor de las sombras.
Acercarse a la torre, y más aún, penetrarla probaría ser una tarea ardua…
Tras lograr abrir la pesada puerta, ante ellos, un la sala estaba oscura, pero no era una oscuridad común, era como si la luz hubiera sido devorada por una terrible bestia. Avanzaron con temor y resignación, pues habían llegado tan lejos y no podían volver.

La puerta se cerró casi sin sonido, solo la oscuridad llenaba sus sentidos. El horror invadió el alma de los integrantes de la comunidad. El coraje prevaleció en casi todos, pero no en Vrom, pues no pudo continuar. Podría decirse que la sombra había acabado con su espíritu en ese momento. Comenzó a gritar “Hay que volver!!, quiero salir de aquí!!”. Era el fin de la misión. Todos dudaron, ¿que podrían hacer en ese lugar con un integrante en pánico¿. Radagast el Pardo le ofreció unas hiervas a Vrom, diciéndoles que lo ayudarían a sentirse mejor. Vrom lo tomó con desconfianza, pronto comenzó a sentirse mareado y justo antes de desplomarse inconsciente soltó un insulto para el viejo mago. Entre varios tomaron a Vrom y avanzaron por la oscuridad…

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Unas Buenas Hierbas

Cuando por fin pudieron salir de ese pasaje oscuro, la comunidad se encontró con un gran salón cuyo centro contenía una gran escalera caracol hecha de pieda. Con Vron inconsciente sabían que sería un problema continuar avanzando. Radagast tomó un puñado de Athelas y comenzó a prepararlas mientras murmuraba unas palabras, sus ojos entrecerrados indicaban una gran concentración. Cuando terminó, ungió a Vron con las hierbas, al cabo de un rato nada había pasado. Una gran preocupación se dibujó en el rostro del mago, algo no había funcionado.

Alberic recordó sobre el encuentro con Trancos, recordó especialmente las hierbas que le había entregado el montaraz del norte y de dispuso a seguir los pasos de su maestro. Se arrodilló en frente a Vron, recitó una bella canción del bosque, dejó que Duque lamiera las hierbas y para cuando terminó el encanto, ungió al desvalido héroe. Poco a poco, Vron fue abriendo los ojos y se incorporó. Ahora aliviado, Vron le agradeció a Alberic.

Descendiendo a la Oscuridad

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Durante el viaje hasta Dol Guldur, Radagast fue contando partes del relato sobre como Galdalf el Gris se había inmiscuido en la fortaleza del mal. La parte que recordaron los héroes fue sobre como las jerarquías estaban ordenadas en forma descendente. Cuanto mas inferior el nivel en la montaña, mayor el rango dentro del ejercito de Sauron. Radagast el Pardo suponía que de encontrar algo, lo encontrarían en los niveles donde moraban los espías de sauron, unos 100 hombres de alma retorcida.

Con esto en mente, la comunidad comenzó a descender sigilosamente por la gran escalera caracol. Paso a paso, escalón a escalón, fueron descendiendo. La escalera parecía interminable. Con cada escalón se podía sentir la esperanza escapando desde el alma de los héroes.

Tiempo llevó, pero llegaron al 1er subsuelo. Frente a ellos, un gran salón con mesas y tablones. Sin duda era un gran comedor. A lo lejos se podía escuchar el sonido de orcos balbuceando. Los héroes prefirieron continuar el descenso.

Vron continuaba buscando huellas y trampas, pero solo encontraba polvo y señales de años sin usar. Descendieron unos 150m para llegar al 2do nivel. Ese horrendo y oscuro lugar parecía ser el lugar donde estaban las barracas de los orcos. Los héroes se animaron a investigar un poco este nivel, pero solo encontraron algunas camas viejas y hediondas.

Continuaron hasta el 3er nivel. Esta vez, descendieron 300m más. El aire, difícil de respirar, estaba cargado de humedad. Algo enseguida les llamó la atención: este nivel parecía estar preparado para defenderse ante un ataque. Barricadas hechas de grandes bloques de metal con púas dificultaban el paso. Los héroes decidieron investigar un poco, comenzaron por una de las habitaciones. Pronto notaron que el nivel estaba acondicionado para albergar a una inmensa herrería. Siguieron avanzando por los laberínticos pasillos, tratando de entender como funcionaba esa horrenda fortaleza. Continuaron avanzando e incluso encontraron el centro del volcán donde habian creado una inmensa escalera que subía y bajaba. Pero la inmensidad del lugar demostró ser un verdadero problema. Decidieron volver a la escalera y seguir bajando.

Secretos por Revelar

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Apenas llegaron al 4to subsuelo notaron que estaban en el lugar correcto. A diferencia de los niveles superiores, este estaba elegantemente adornado: bellos muebles de madera de cerezo, sillones tapizados y alfombras. Claramente este era un lugar donde los orcos no vivían. Los héroes asumieron que humanos debían haber vivido aquí.

Vron enseguida notó unas pisadas en el polvo, viejas, pero no tanto. Enseguida comenzaron a buscar entre los muebles por pruebas o evidencias de la actividad de esta élite de espías. Alberic encontró algunos documentos escritos es lengua negra, Radagast determinó que eran reportes de actividad hechos para Khamûl, quien hubiera sido el lugarteniente de Dol Guldur.

Vron llevó a los héroes a través de los pasillos, siguiendo una serie de pisadas. Llegaron a una habitación donde parecía que hubiera habido una reunión entre 5 individuos (algo oscuro se gestaba aquí). Continuaron siguiendo las pisadas en el polvo hasta llegar a otra habitación. Lo llamativo de la misma era que tirado en el piso, se encontraba el cuerpo de un orco muerto ya hace tiempo. Gror revisó el cadáver y encontró una daga clavada en el tórax de la criatura. Gror evaluó la daga y determinó que era de manufactura élfica. La inspección de Amroth determinó que era del armería del rey elfo Thranduil.

Avanzaron a la habitación siguiente. En esta oficina, con armarios y escritorios, los héroes buscaron entre los papeles que estaban desparramados por allí. Alberic pudo encontrar una serie de documentos y reportes. Eran reportes de espías a quien quiera que ocupara esa oficina. Lo extraño es que, aquellos que estaban escrito en común, describían informes sobre La Ciudad de El Lago. Había otros escritos en élfico cuyo contenido decidieron esperar para leerlo, pues Amroth había escuchado pasos por donde habían entrado. Radagast notó las pisadas que la comunidad había dejado. Rápidamente cerraron la puerta y fueron a esconderse a la habitación siguiente.

La habitación siguiente era un suntuoso dormitorio. Pero lo que mas llamó la atención era el cuerpo de un hombre. Valbrand reconoció a este cadáver, dijo que era un hombre del lago. Gror realizó nuevamente la inspección de cerca. Notó una daga orca clavada y en su mano, unos extraños pergaminos en lengua común. Amroth los tomó y comenzó a leer. Para su asombro, estos reportes contenían en detalle datos del reino de Thranduil, desde dotaciones del ejercito hasta mapas y zonas secretas del mismo. Amroth no pudo contener su reacción de asombro, pues uno de los lugares mejores guardados de tierra media estaba en manos del enemigo.

El Ataque del Uruk-hai

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En ese preciso momento, Radagast el Pardo avisó a la comunidad: “Tomen sus armas”. Algunos se escondieron, otros se prepararon para atacar.

Un estruendo se escucho cuando la puerta se abrió de golpe. Por ella entraron 6 hombres de duro aspecto y detrás una gran bestia, era un Uruk hai.

Los elfos actuaron rápido y descargaron sus flechas contra la bestia. Nunca las flechas de Galdor fueron tan certeras, una a una, impactaron el la gran bestia derribándola. Pero igualmente, las lanzas de los malvados humanos impactaron fuertemente en Amroth quien se vio fuera de combate. La primera casi impacta su entrepierna y la segunda, directo a su cuello, solo produjo una herida superficial, por suerte. Igualmente el elfo se golpeó duramente la cabeza contra la pared para evitar el lanzazo y decidió salirse del campo visual del enemigo. Enseguida Alberic, Duque, Vron y Gror devolvieron el ataque. Vron atravezó el ojo de uno matándole en el acto. Gror descargo hachazos a otro hasta dejar solo un pequeño oasis de sangre. Alberic, en hábiles maniobras con su espada, eliminó a otro y, Duque atrapó a otro que intentaba huir, para que Galdor lo matara finalmente con una flecha. Uno a uno, los humanos fueron cayendo y aunque un segundo humano trato de escapar, Vron lo perisguió y con sus rápidos pasos lo alcanzo y le dió fin. Radagast corrió a ver a Amroth que parecía muy golpeado, a punto de desvanecerse y atendió sus heridas.

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Continuando el Descenso

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Con la moral por el piso, los héroes se enfrentaron al dilema de volver a casa. Subir nuevamente por la escalera, representaba subir 950m. Solo de escucharlo sonaba agotador.

Radagast el Pardo recordó que descendiendo al séptimo nivel se podría acceder a una red de cavernas la cual está comunicada con las torres exteriores. Al menos es lo que recordaba de las historias de Gandalf. Igualmente sugirió subir.

Muy agotados, los héroes terminaron votando por seguir con el descenso y arriesgarse en los túneles. Buscaron la gran escalera principal de la montaña y comenzaron descendiendo escalón por escalón.

Solo la pálida luz del báculo de radagast iluminaba la gran escalera, como un estrella solitaria en el oscuro cielo de la noche. Lo héroes no emitían palabra, muy agotados estaban para entablar charlas. Con un gesto, Amroth frena el descenso de todos y se lleva un dedo a sus labios. Su puntiaguda oreja izquierda apenas se movió,
-“Escucho pasos de orcos 2 niveles arriba, están bajando” dijo.
Sin hacer demasiado ruido, los héroes apresuraron la marcha.

El salón al cual llegaron no era muy diferente a los demás, un pasillo grande y algunas puertas. Revisando el lugar encuentra una sala de entretenimiento para orcos (extraño como suena) y algunas despensas. Pero rápidamente buscando por el nivel encontraron un extraño pasillo cerrado por un portcullis.

La Red de Cuevas

El portón metálico imposible de atravesar se encontraba delante de una puerta trampa deslizante que estaba abierta. A los costados se podían ver huecos para ser usados para emboscar a quien se atreva a cruzar el pasillo y mas allá otro portón igual al primero.

- “Debe existir algún tipo de mecanismo para abrir el portón”, dijo Vron.
- “Un momento…”, dijo Gror rozando sus dedos por la pared. Sus ojos y oídos fijos en la piedra, como si estuviera escuchando lo que dice.
- “Aquí! … una puerta secreta. En Erebor tenemos cientos de estas, lamentablemente se abre desde adentro”.
Radagast el Pardo se acercó a la puerta, la miró y luego guiño a Gror, un empujón de su báculo sobre la piedra bastó para que esta cediera con un ruido a engranajes oxidados.

Los héroes entraron a una habitación oculta olvidada por el tiempo. En ella se encontraban una serie de palancas en un panel de control. Alberic, atrapado por la curiosidad se acercó a ella.
-“Una de ellas debe abrir el portón”, aseguró Vron
Sin dudarlo, Alberic tomó una de las palancas y la accionó: un ruido a engranajes es escuchó del pasillo, el portón se había abierto. Entusiasmado, Alberic, probó la siguiente y la trampa del piso se cerró. Luego tomó otra y la bajó… un inmenso estruendo se escucho, el suelo tembló y pequeñas partes del revoque techo de la habitación cayeron. Asustados, los héroes fueron al pasillo a ver que había pasado: un gran derrumbe de rocas había obstruido el camino de vuelta. Ahora solo quedaba seguir adelante. Lo bueno era que quien sea que fuera que los siguiera ahora no podría continuar.

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Los héroes avanzaron por el pasillo, cruzaron la trampa del piso uno por uno sin problemas. Avanzaron los que resultó ser kilómetros hasta que el pasillo dejó de ser un pasillo tallado en roca a ser una caverna. Avanzaron unos cientos de metros mas hasta llegar a un sin fin de bifurcaciones. Sin duda habían entrado en la red de túneles de Dol Guldur.
-“Deberíamos tomar este pasillo si queremos salir al norte”, dijo Gror

Alberic y Duque tomaron la vanguardia. Una gotera, un poco de musco, una brisa o un aroma indicaban al joven y a su sabueso si se estaban acercando a la salida o acercándose a algún peligro. Entre todos los caminos posibles, eran Gror y Valbrand quienes indicaban cuales eran mejores para salir al norte. Descansaron mientras podían y luego continuaban avanzando. Esto duró casi dos días. Los héroes extenuados abandonaban pedazos de sus armaduras para evitar tener que cargar su peso.

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Eventualmente llegaron a otro portón de rejas metálicas. Era igual al pasillo anterior: 2 portones y en el medio una trampa en el piso, la cual estaba cerrada.
-“A lo tuyo”, dijo Gror mirándolo al viejo mago.
Con su báculo nuevamente abrió la puerta secreta. La habitación de controles era una réplica de la anterior, los mismos controles se encontraban allí. Con cautela accionaron las palancas para abrir los portones.
Uno a uno fueron pasando por la trampa del piso: 1ro Valbrand, luego Alberic, Amroth y Radagast el Pardo, luego fue el turno de Vron. Un “click!” se escuchó cuando el héroe piso la trampa, enseguida las dos compuertas del piso se abrieron de golpe en un veloz movimiento de abanico. Vron estaba en problemas. Su cuerpo quedó suspendido en el aire apenas un instante, con un pie logró impulsarse hacia el otro lado del pasillo y luego con el otro pie se impulsó hacia el borde del abismo. Con el último momento de movimiento estiró su mano tratando de aferrarse a algo mientras caía al vació interminable. Valbrand se arrojó al piso en el último instante y estiró su mano hasta encontrar la de Vron cerrándose en una atadura de amistad y esperanza. Levantaron a Vron. Ahora estaba a salvo una vez mas.

Gresca en la Torre

Un pasillo se encontraba delante de ellos, Alberic y Valbrand debatían inútilmente si se encontraban arriba del nivel de la tierra. Llegaron a una habitación con una escalera en el medio.

-“Tomen sus armas!”, dijo Amroth. “Se acercan orcos”.

Una tormenta de orcos comenzó a bajar por las escaleras, sus armaduras de metal provocaban un sonido estruendoso, desde las puertas otros orcos salieron de golpe al escuchar el llamado de sus pares. Pronto, los héroes estaba rodeados. Y la gresca había comenzado.

Se escuchó el sonido de arcos negros tenzándose. Sus flechas ponzoñosas apuntaban a los héroes. Sin perder tiempo, Amroth provocó un destello de luz para distraer a los arqueros y ganar un poco de tiempo para que el resto pueda asestar el primer golpe.

Un grupo de orcos, con sus hachas oxidadas, rodeó al mago quien velozmente los azotaba con su báculo. Gror y Valbrand corrieron a defenderlo.

Detrás quedaron Alberic y Vron quienes se defendían de cuatro orcos. Dos fueron eliminados por Vron y su penetrante lanza. Mientras Alberic y Duque combatían otros dos, un orco cayó por la espada serrada del joven héroe, pero el arma quedó atrapada entre las costillas del orco moribundo. Su compañero aprovechó la mala situación del joven para asestar su hacha en su espalda. Violentamente y con odio, el orco, se lanzo contra Alberic, el golpe impactó con mucha fuerza, pero no en el joven… Duque fue quien había recibido todo el impacto del hacha para salvar a su joven amo.
-“NOOOOOOOO!!!”, gritó Alberic y con toda furia asestó al orco con su espada en la garganta. Media cabeza se desprendió. El último pensamiento de la criatura seguramente habría sido de arrepentimiento por haber golpeado al perro. Igualmente Duque estaba fuera de combate.

Entre hachazos y flechas, los héroes continuaban batallando con sus últimas energías cuando 5 grandes orcos y su jefe ingresaron por la escalera. Sus rostros endurecidos e intimidantes demostraban rudeza, sus armaduras melladas demostraban experiencia en combate y sus armas manchadas de sangre vieja demostraban inclemencia. Incrédulos, los héroes, tomaron coraje y se colocaron en posición para defenderse de estos salvajes orcos, todos menos, Gror. El enano corrió avanzando hacia estos enormes orcos.
-“Ehhh tú!! … el grandote!!… te desafío a muerte!.. .solo tu y yo, cagón!!”, gritó Gror señalando al enorme jefe orco. Este expresó unas palabras en lengua orca, seguramente dando ordenes para que lo dejen pelear solo con el enano, como jefe debía demostrar su fiereza. Lamentablemente para el jefe orco esta fue su última decisión, pues de un terrible hachazo, que abrió desde la garganta hasta la ingle, el enano mató al enorme jefe orco.

Mientras tanto Vron seguía dando de lanzas a los orcos. Una y otra vez asestaba sus golpes, pero cada golpe que daba parecía impactar en su pensamiento y alma también. Una golpe aquí y otro allá, Vron mataba orcos, y su cabeza ya saturada no podía reconocer a quien atacaba, pronto entró una vorágine de locura. Vron no reconocía a quien atacaba, solo sabía que debía seguir atacando.
-“VRON!! VRON!! despierta!”, gritaba Alberic, quien terminó recibiendo un golpe inesperado de la lanza de Vron en la nuca dejándolo inconsciente.
Luego de un tremendo impacto de un hacha, Vron fue abatido por uno de los grandes orcos también.

Radagast el Pardo continuaba dando bastonazos a diestra y siniestra, pero aún el gran mago no es inmune a las huestes de la sombra. Un pequeño orco se subió a sus espaldas y comenzó a clavarle una pequeña daga en el hombro del viejo. Otro lo tomo de una de las piernas. Pronto el mago tuvo que soltar el báculo para tratar de quitarse el orco de encima. El resto de las criaturas dieron decenas de golpes en el dolorido anciano quien cayó inconsciente.
-“Cayó el Pardo!!!”, alguien gritó.

La desesperación llegó. Galdor, quien otrora hubiera sido incuestionable con el arco, se encontraba obligado a pelear cuerpo a cuerpo con un pequeño grupo de orcos. El elfo sufría a medida que veía a sus compañeros caer y en cada ataque que debía hacer, la espada no era su fuerte.

El panorama era negro, los elfos no podían usar sus arcos entre tantos orcos, Alberic, Vron y Radagast el Pardo caídos y Valbrand agotado. Orcos que seguían llegando cual marea llega a sus costas, golpeando una y otra vez. Pero una sed de venganza hacía de fuente de energía inagotable. El odio que profesaba el enano se extendía al infinito en cada golpe, uno tras uno, el enano cobraba mas vigor y su odio emanaba como lava de un volcán que arrasaba todo a su paso. Ríos de sangre orca cubrían el piso mientras que Gror destrozaba cráneos, brazos y piernas de orcos. Su hacha se movía en una danza de destrucción. Su rostro. ahora totalmente cubierto en sangre y entraña de orco, dibujaba una sonrisa siniestra.
-“MAS ORCOS!! … QUIERO MATAR MAS ORCOS!!!”, gritaba eufóricamente.

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Pronto los pocos orcos se dieron cuenta que no eran rival para semejante máquina de matar y emprendieron la retirada. Algunos, espantados, subieron las escaleras con intenciones de dar alarma a las demás guarniciones orcas del lugar, pues en el piso superior de la torre estaban las almenas para dar señal de alarma. Pero eso no le gustó a Gror, porque los persiguió como una bestia tras su presa. Sus cortas patas impulsadas por la furia dieron alcance a los asustados orcos.
-“Piedad!!!!”, gritó uno de ellos segundos antes de se descuartizado por la gran hacha enana.
-“Perdón, no te escuché con esa hacha metida entre oreja y oreja que tienes”, dijo socarronamente el enano, mientras que con un pie en la cabeza del orco hacía fuerza para remover su arma del cráneo de su víctima.

En el salón, los elfos fueron ayudando a los caídos. Pronto estaban de pie, adoloridos y abatidos, pero vivos. Ahora debían escapar de ese siniestro lugar.

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El Escape de Dol Guldur

Los héroes decidieron esperar para recuperarse del combate antes de tratar de escapar de la torre. Era un riesgo aventurarse en tal estado, pero sabían que no podrían llegar muy lejos como estaban. El riesgo era aún mayor porque tampoco podían estar seguros si los orcos habían escuchado al señal de alarma de sus compañeros. Aún así, esperaron para recuperar el aliento.
-“Yo puedo continuar matando orcos, ni siquiera han raspado mi armadura”, se jactó Gror.
-“Vamos a necesitar de tus habilidades nuevamente”, le dijo Radagast el Pardo a Alberic. “Debemos cruzar los pantanos”.
-“Si, lo se” respondió el joven Alberic temeroso.

Emprendieron el escape de la torre sin mirar atrás. Por suerte nadie los vio. En poco tiempo estaban nuevamente en ese lugar desolado llamado “La Ciénaga”. Ahora era el turno de Alberic de llevarlos a casa.

El joven y su perro comenzaron a guiar a la comunidad a través de los pantanoso pasajes de la ciénaga.Alberic trataba de recordar el camino por el cuál habían llegado, pero estaba en problemas. No encontraba huellas ni rastros de ningún tipo. Del laberinto de pasajes optó por el equivocado. Avanzaron algunos kilómetros y pronto se dio cuenta que no podían seguir avanzando. Había que retroceder y tomar otro camino. Por supuesto que esto lo amargó a Alberic, quien sabía que ese tiempo perdido les costaría un día mas en ese horrendo lugar. El resto del grupo, que viajaba en silencio, pronto comenzó a darse cuenta que algo andaba mal. Radagast el Pardo hizo una muesca al joven. Este asintió denotando el error cometido.
-“Ehh!! pendejo! me parece que ya pasamos por aquí”, gruño Gror.
-“Si, pasa que Alberic encontró una huellas de hombres-lagarto y claramente prefiere que no los encontremos”, dijo Vron, quien había notado el rostro asustado del joven Alberic. Claramente estaba buscando que no se meta en problemas.
-“Responde niño!, ¿porque pasamos nuevamente por aquí?”, insistió el enano.
-“Esta bien!!, me equivoqué!.. estoy muy cansado y me perdí, lo lamento.”, gritó Alberic

El silencio volvió al grupo y así continuaron hasta dormir. Al día siguiente, continuaron marchando. Pronto encontraron que escarceaba el pan de lembas.
-“Igualmente yo no quiero esa comida para putos”, dijo Gror
Galdor y Vron empezaron a cazar cuanto bicho se les cruzaba. Ahora dependían solo de lo que cazaban.

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Se acercaba la noche y aún quedaba bastante por recorrer para salir de la ciénaga. Con músculos doloridos, decidieron apretar la marcha. Cuando el sol desapareció, habían llegado al bosque. Encontraron un lugar para echarse y prender una pequeña fogata. Tomaron los documentos que habían encontrado en Dol Guldur para mirarlos en detalle. Además del reporte sobre el reino élfico, encontraron otros documentos reveladores. En uno explicaba sobre las 3 hijas de Ella-laraña que moraban en el bosque, aparentemente eran atraídas por piedras preciosas. Otros detallaban guardias y otras cosas. Pero el mas preocupante era aquel escrito en lengua negro. Radagast el Pardo se tomó un tiempo para leerlo, su rostro era lúgubre.
Luego de un tiempo dijo: -“Esto es preocupante, este reporte dice que se está preparando un ataque para alguno de los pueblos de los hombres del bosque para fines de este verano. Debemos advertirles”.

A la mañana siguiente continuaron el viaje. Les tomó 5 días llegar a Colina Tirana. Para cuando pudieron pasar la empalizada, los miembros de la comunidad estaban famélicos y cansados.

El Diario

-“Esperen”, dijo Vron. “Hay que tener mucho cuidado con lo que vamos a decir, no deberíamos revelar todo lo que sabemos.”
-“¿Por que no?, si Morgred es un tipazo! y siempre nos ayudó”, contestó encolerizado el enano.

Pronto todos los integrantes de la comunidad estaban discutiendo que es lo que debían y no debían decir. El viejo mago sugirió que sea solo uno quien hable con Mogdred. Por su amistad con el líder de la colina, eligieron al enano.

Valbrand y Gror ingresaron a hablar con Mogdred. No le tomó demasiado al enano entablar diálogo con el líder del lugar. Pronto estaban hablando de las hazañas de Gror en Dol Guldur, Mogdred estaba encantado de escucharlas, tanto que ofreció un banquete para los héroes. Y así fue…

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En el banquete se sirvió abundante comida, jabalí principalmente, nada demasiado especiado, dado que poco crece en ese lugar tan difícil. De todas maneras, los héroes estaban mas que complacidos de compartir bocado luego de pasar días de hambre. Todos comieron hasta las coronillas.

Durante la sobremesa, las preguntas comenzaron: “¿que hacían en esa vieja fortaleza? ¿que encontraron? ¿porque? ¿cuando? ¿donde?”. Mogdred se mostraba muy interesado en todo tipo de respuestas que ofrecían los héroes. Fueron Amroth, Valbrand y Gror quienes respondían, de manera cautelosa, a las inquisiciones de Mogdred.

Pero algo ocurrió en ese momento, una sombra de duda se gestaba en una de las cabezas de la comunidad.
-“Que te parece si nos escabullimos en la habitación de Mogdrer y buscamos pistas de que sea un traidor”, susurró Alberic al oído de Vron. Una sonrisa se dibujó en el rostro del dunlendino.
-“Mmmmrr… comí demasiado y algo me cayó mal. ¿Donde está el baño?”, preguntó Vron a Mogdred.
-“ohhuuuuhhh, estoy cansado, mejor me voy a dormir”, dijo Alberic simulando un bostezo.

Pronto estos dos personajes se había escapado de la cena para luego encaminarse a los aposentos de Mogdred. La tarea era terriblemente arriesgada. Inmiscuirse dentro de la habitación del líder conllevaba infiltrarse en una torre repleta de lugareños sin ser detectados.
-“Quédate aquí, Duque”, le dijo Alberic a su perro, que le devolvió una mirada torcida y un gemido.

Ingresaron a la torre mientras todos dormían, con extremo cuidado fueron pasando entre los lugareños. Entre ronquidos y flatulencias, sin hacer el mínimo ruido, comenzaron a subir por la escalera de la torre. Ignoraron el 1er piso y fueron directamente al último. Se encontraron con 4 puertas, con un poco de suerte encontraron la habitación de Mogdred, una cerradura prohibía su ingreso. Sin decir nada, Vron tomó sus ganzúas y abrió el cerrojo, en poco tiempo estaba dentro de la habitación. Alberic se quedó afuera haciendo campana mientras su compañero buscaba alguna pista.

Vron revisó toda la habitación sin encontrar nada. Casi vencido, se apoyó sobre el armario, su oído entrenado notó un espacio vacío entre las paredes del mueble, “típico lugar secreto” pensó. Enseguida dispuso a recuperar el contenido de ese lugar. En el, encontró un viejo diario forrado en cuero.
-“Encontré algo, salgamos ya de aquí”, le dijo al joven.

Ambos emprendieron la retirada del lugar. Por suerte para ellos, todos seguían profundamente dormidos luego del banquete.
-“¿Que encontraste? ¿Que encontraste?”, pregunto Alberic entusiasmado. Vron sin decir mucho, le entregó el diario, como si el mismo le quemara.
Alberic, disimulando, fue hasta el cagadero. Se encerró y con una vela comenzó a leer el diario esperando encontrar algún indicio, alguna revelación de que Mogdred no era quien todos piensan. Una a una fue leyendo las páginas del diario. Al principio, solo hablaba sobre las dudas del dueño del diario en cuanto a como liderar a las personas de Colina Tirana, luego habló de su relación con su padre y su aparente miedo a ser rechazado por los hombres del bosque. En ese momento, Alberic comenzó a percibir que robar el diario podría haber sido un error. Pero siguió leyendo hasta que en una de sus páginas encontró que Mogdred estuvo a punto de aliarse a los Orcos si los hombres del bosque no accedían a sus demandas. Pero mas allá de eso, el diario no revelaba nada mas.

Alberic volvió con el resto. Debía comentarles lo que había pasado. Se acercó al viejo mago, quien dormía con un ojo abierto.
-“Maestro, encontramos algo con Vron: el diario de Mogdred. Debería saber algunas cosas.”, dijo.
-“¿Como que encontraron?”, respondió sabiamente el mago.
-“Esteeeee … digo, encontramos… lo robamos… ya sabe”, respondió con timidez el joven.
-“Devuelvan ya ese diario”, cerró los ojos y siguió durmiendo. Pero antes, despertó de una patada a Amroth.
“¿Que está pasando?”, dijo el elfo, “¿en que andan uds?”.
Alberic y Vron se miraron mutuamente, estaban en problemas.

En la mitad de la noche, la comunidad estaba discutiendo por el robo del diario. Gror en especial mostró su desagrado.
-“Está bien, iré a devolverlo en su lugar”, dijo fastidiado Vron. -“Vos quedate acá”, le dijo al joven.

Así fue que Vron partió en la mitad de la noche, solo se escuchaba el sonido de los grillos del bosque. La luna iluminaba los pasos sigilosos del dunlendino quien caminaba hacia la torre. Pero al llegar a la puerta algo lo detuvo. Se frenó unos instantes dubitativo. Esquivó la puerta y se dirigió al cagadero. Miró a ambos lados y entró. Cerró la puerta tras él, tomó el diario y lo arrojó con fuerza al pozo. Se escuchó el sonido del diario golpeando el agua empantanada de mierda y pis. Sonrió y salió del cagadero.

El resto continuó durmiendo, excepto Alberic que estaba demasiado ansioso para pegar un ojo.

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Comments

Muy bueno!

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Excelente!!!!

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10 puntos Aldon.
No te olvides de llevarte los dos AP esta semanita!

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;)
tengo que ponerle algun separador de sesiones

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Alto separador!

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Hey, que paso no terminaste!!!

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Ahora con imágenes!!
Superen eso, crotos!… los AP son solo míos!! … my precious!!

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Wow. Impecable impecable impecable

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Excelente.!! Me encató el relato de la masacre de orcos..!!!!!!!!!

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Muy bueno!! Me gustan los pedazos de diálogos de esta ultima sesión.

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delgerbo aldo_ravizzini

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