La Sombra en el Norte

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El Cetro del Guardián del Camino

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La reacción de Ceawin

El intento de Vron de quedarse con la corona había dejado a Ceawin con un mala sensación. Y todo empeoró cuando Vron le impuso la condición de un trato que habían pactado en secreto. Aparentemente, a cambio de la ayuda de toda la comunidad, Ceawin debía conseguirle a Vron una lanza de excelente calidad.

Ceawin, estando enojado por la actitud de ladina de Vron, avisó a Alberic de que iba a honrar el acuerdo con Vron, pero este no debía volver a pisar Ensenada Este.

La reacción de Vron fue inesperada también, no pareció afectarle que lo estén negando la entrada a un poblado, solo demostró interés en que Ceawin cumpla su parte del trato y envió a Alberic para que negocie el arreglo. Pero nada sabía el joven de las condiciones de Vron.

Alberic se llevó una ingrata sorpresa cuando Ceawin le mencionó que la lanza estaría lista. Volvió con el resto, caminó hacia Vron y largó toda su indignación por aprovecharse de la pobre gente de Ensenada Este. Sin decir mas, se alejó.

La Feria de los Hombres del Bosque

Mientras tanto, en Pueblo de los Hombres del Bosque se organizaba una enorme feria. Hombres de todas partes del bosque, elfos, enanos de erebor y hombres de dale llegaron para comerciar todo tipo de mercancías. Desde prendas, armas, hierbas y otros.

Los héroes se detuvieron unos días para adquirir algunas provisiones y para entablar charla con los feriantes. De entre ellos apareció un viejo conocido: Bofri el enano.

Les comentó la historia de un cetro el cual pertenecía al presidente del viejo camino y como se había perdido hace un tiempo. El aseguró que de encontrarse en algún lado, debía ser en el fuerte del molino. Los héroes aceptaron en ayudarlo y al día siguiente tomaron el viejo camino.

El viejo Camino y el Fuerte del Molino

El viaje no fue para nada problemático para los experimentados héroes, en poco tiempo una figura se alzaba entre el denso bosque: un viejo fuerte, con un molino que estaba lejos hoy de girar como antaño. Pero había algo inusual sobre él: en la cima, una inmensa araña descansaba. Su tamaño era colosal, sus patas, como lanzas dentadas, caían sobre los lados del molino. Era una de las tres hijas de Ella-laraña que viven en el Mirkwood, Tauler, la cazadora. Una criatura viciosa atraída seguramente por las gemas y el oro que se ocultaban en la torre.

Los héroes quedaron estupefactos. Sin saber que hacer, recularon para ver que acción tomar.
-“Yo digo que la ataquemos mientras duerme!”, gruño Gror.
-“Si, si… opino igual. Hay que matar esta bestia y remover el mal del bosque”, asintió Alberic.
-“Yo puedo entrar sin que me vea, buscar el cetro y salir de ahí”, propuso Vron.

Comenzaron a discutir cual era el mejor plan, parecía como si no pudieran tomar una decisión. Eventualmente fue Bofri, hijo de Bofur quien dijo -“Vamos con el plan de Vron, prefiero que nadie salga lastimado”.

Entrada y Salida sigilosa

-“Enseguida vuelvo”, dijo Vron partiendo hacia al molino.
La silueta de Vron se perdió entre el bosque. Se deslizaba entre las sombras del bosque como un pez en el agua. Pronto llegó al claro del molino. La terrible bestia descansaba en la torre, dormida.
Vron avanzó lentamente por el descampado. Sus pies casi no tocaban el suelo, su respiración contenida y su corazón palpitando.

-“Espero que mis latidos no me delaten”, pensó.

De pronto, un ave sale de entre las copas de los árboles. la bestia se mueve. Vron quedó congelado en el lugar. Esperando… la bestia se acomodó nuevamente y siguió en su descanso. Vron avanzó los metros restantes. Una gota de transpiración recorría su rostro lentamente.

Llegó al umbral de la puerta y lo atravesó. Rápidamente se colocó detrás de la pared y secó su frente con el dorso de su manga. Adentro se encontró con un edificio en muy mal estado, cajas rotas, suciedad y polvo acumulado de muchos años. Una escalera en espiral ascendente lo llevó hacia arriba. En las paredes había pequeñas ventanas, a través de ellas se podía ver la oscuridad del bosque. Eran las patas peludas de la bestia las que obstruían la visión.

Vron continuó su búsqueda, revisó cajas y habitaciones. Por último encontró, oculto en harapos, un cetro con una importante gema en su extremo.
-“Seguro este debe ser el cetro de ”/characters/bofri" class=“wiki-content-link”>Bofri, hijo de Bofur", pensó.

Vron lo guardó y comenzó a descender lentamente. Llegó a la puerta, solo quedaba atravesar el claro nuevamente. Agazapado, avanzó lentamente por el claro. Sabía que si la araña se despertaba, haría un ataque terrible por su espalda. Puso un pié afuera del molino y tragó saliva. Lentamente continuó avanzando por el claro. Cada tanto, miraba hacia atrás para ver si la bestia continuaba durmiendo.

En poco llegó al linde del bosque y pronto estaba junto al resto de los héroes.

El Cetro y la recompensa

-“¿Tienes el cetro?!!”, dijo Bofri, hijo de Bofur con ansiedad.
Vron desenvolvió los harapos y presentó el cetro al enano. El enano lo tomó rápidamente y dio brincos de felicidad.
-“Ahora salgamos de este horrible lugar y festejemos”, dijo.

Tomaron el camino hacia el este. Y en pocos días estaban junto a un agradable posada.

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Una posada bien al Este

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La posada era una belleza, completamente construida en madera y piedra. Un pequeño puente permitía atravesar un arroyo. Un delicioso aroma a comida se podía oler desde afuera.

Los héroes entraron. Para su grata sorpresa, la posada estaba cómodamente amueblada, poco comensales y un agradable hobbit recibiéndolos.
-“Pasen, pasen. Pónganse cómodos”, dijo. “Tenemos guiso y excelente vino”. Hobbit.jpg

Los héroes rápidamente se acomodaron en una de las mesas y el festín comenzó.

Guiso Hobbit, buena música, bebidas y más

El hobbit comenzó a traer un sin fin de platos. El principal fue un guiso digno de una mesa de un rey. También sirvió cerveza.
-“Seguro que no es tan buena como la mía”, dijo Gror pedante. Pero para su asombro, la cerveza era excelente. No era ni mejor ni peor que la enana. Simplemente diferente.

El hobbit les contó su historia. Sobre como él, su sra y su hermano se mudaron desde la comarca al bosque con la intención de construir una taberna tan buena como El Poni Pisador de Bree.

La charla fue muy amena, se dijeron chistes y hasta hubo un duelo de acertijos entre el hobbit y Vron. Esta vez, le tocó perder al dunlendino. El hobbit parecía conocer hasta la última rima y truco. En un momento, la música tomó lugar, pues Alberic se subió sobre una de las mesas y dejó escapar unas melodías alegres. Todos estaban pasando un buen momento.

Ya entrada la noche, el hobbit continuaba trayendo comida. Se sentó con los héroes y mencionó dos problemas que captaron la atención de los héroes: el 1ro es que una tribu de esclavistas al norte de las tierras de Beorn pretendían pedir peaje en el paso al camino del elfo, al parecer estos eran hombres de Viglund, un tirano y el 2do es que su hermano había ido a buscar mercadería a Bree y ya debía haber vuelto. Sonaba muy preocupado. Típico de los héroes, no se resistieron a ayudarlo.

Durmieron cómodamente en la taberna durante la noche. A la mañana siguiente partieron al oeste en búsqueda del hobbit.

El viejo paso del Anduin y el camino al Alto Paso de las montañas nubladas

Los héroes acompañaron a Bofri, hijo de Bofur hasta las puertas del camino élfico. Lo hicieron para asegurarse de que el enano llegue sin problemas y para ver si lo que había contado el hobbit era real.

En la puerta no encontraron problemas así que emprendieron camino al Viejo paso del Anduin. Era un viejo puente de piedra. Al final los héroes se encontraron un par de beórnidas.
-“Momento, deben pagar peaje para pasar”, dijo uno de ellos. Vron se rehusaba a pagar pero finalmente entendió que era lo correcto para seguir el viaje. Durmieron ahí y a la mañana siguiente partieron.

Un viajero andrajoso

Llegando a la noche, los héroes habían hecho una fogata y estaban cenando a gusto. Cuando de la nada, apareció un sujeto andrajoso en patas y sin pedir permiso se sentó junto a la fogata y comenzó a comer. Todos los héroes estaban estupefactos. No sabían si decirle hola o sacar sus espadas y acribillarle en el lugar.

El sujeto entabló una conversación sobre como llegar del otro lado. Había visto a los hobbits, y dio unas recomendaciones sobre donde acampar durante el trayecto del alto paso.

Una noche anima-da

Los héroes escalaron durante ese día lo mas que pudieron para llegar al claro donde estaban las ruinas que había mencionado el viajero andrajoso. El lugar no parecía gran cosa, pero algo no estaba bien. Duque se mostraba inquieto, Amroth podía sentir la presencia de la sombra en el lugar.

Los héroes estaban agotados por la marcha. Prefirieron descansar en el lugar, aún sabiendo de que algo no estaba bien. Montaron un pequeño fuego para calentarse y cocinar y luego se dispusieron a descansar.

Fue durante la guardia de Amroth cuando algo apareció en el lugar. Una anima perdida se acercó hacia ellos, su rostro fantasmal mostraba una intensa pena. Rápidamente, el elfo, despertó al resto de la comunidad. Entonces el espectro atacó.

Sin dudarlo, Amroth provocó un destello con su lámpara, el espectro chilló de dolor al ver esa luz. Igualmente embistió a Alberic. Vron a lanza y espada comenzó a atacar frenéticamente al espectro. Sus ojos mostraban desquicio.

En poco, el espectro retrocedió hasta desaparecer. Los héroes trataron de buscar el lugar donde estaría el cuerpo sin descanso y lo hallaron no muy lejos de allí, junto a unas gemas preciosas. El lugar se sentía diferente, limpio de alguna manera.

Terminaron su descanso y la mañana siguiente partieron camino.

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La defensa del fuerte

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Los héroes iban transitando el paso de las montañas, apurados a fines de encontrar al hobbit cuando de pronto vieron un contingente de viaje arriba de un puesto defensivo del paso. Parecían estar huyendo de algo.
-“Hace unas cuantas noches que los trasgos nos están diezmando”, dijo uno.
-“Venimos de Bree con mercadería que tuvimos que abandonar por culpa de los trasgos”, dijo otro. -“Estamos tratando de llegar al bosque”. El hombre hablaba con una mueca de dolor. Los héroes pudieron notar unos vendajes empapados en sangre al costado de su pecho. Alberic se ofreció a ayudarlo.

En ese momento fue cuando se asomó de entre ellos un hobbit. Enseguida lo reconocieron como el hermano del dueño de la posada. Los héroes le comentaron que habían sido contratados por su hermano para ayudarlo a llegar a salvo a la posada. El hobbit se mostró aliviado.

En poco se escucharon tambores y paso de marcha. Algo se estaba acercando a ellos y eran muchos. Los héroes, el hobbit y los demás subieron hasta una loma donde se predispusieron a enfrentar el ataque. De todas maneras estaban rodeados.

En las cavernas de los trasgos

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El regreso de la Sombra - El Yelmo de la Paz

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Amroth pide ayuda

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Amroth se despidió de Galdor, su fiel compañero.
-“Quédate aquí, el viejo sabio te ayudará a curar tu alma”, le dijo. Galdor asintió con un gesto. Estaba muy angustiado para emitir sonido.

El elfo sabía que tenía un largo camino y era imperativo que avisase a su rey sobre las novedades. Partió aún sabiendo que lo mejor para él era quedarse a ser tratado por Radagast el Pardo, pero Amroth no era ese tipo de elfo. El deber estaba ante todo.

Un tiempo le tomó llegar a las puertas de su reino. “Se siente bien estar en casa”, pensó. Sin perder tiempo solicitó audiencia con el rey.

Los pasos de Amroth hacían eco al entrar a la gran sala del rey. Del otro lado, Thranduil lo esperaba sentado en su trono, una mirada desinteresada recorrió al elfo mientras se acercaba, en su mano, una copa de vino a medio tomar reposaba.
-“Mi señor, tengo graves noticias. Un ejercito de orcos está planeando atacar uno de los pueblos de los hombres del bosque. Además, hay un traidor entre nosotros, pues encontramos un reporte de todo vuestro reino en manos del enemigo.”
-“Gracias por ponernos al tanto, me encargaré de eso”, respondió con soberbia y tomo un sorbo de vino. -“En cuanto a los orcos organizando un ejercito, son insignificantes sin un líder y por ahora están desorganizados”.

Amroth se dio cuenta que su rey no estaba deseoso de colaborar. Pero insistió respetuosamente.
-“Muy bien Amroth”, dijo al final el rey. -“Te daré algunos de mis hombres para que defiendan los pueblos de los hombres”.

Satisfecho, el elfo se retiró de la sala del rey. Caminando por los pasillos recordó una vieja flama y sin dudarlo fue a visitarla.

Valbrand pide ayuda

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El guerrero emprendió camino a la comunidad de los beornidas. Entregó las cartas de Radagast el Pardo al jefe de la comunidad, este lo miró y arrojó la carta al fuego. -“Lo siento, no tenemos hombres disponibles.”.

Valbrand tomó sus cosas y sin decir palabra emprendió nuevamente su viaje. Esta vez, Ciudad del Lago era el destino.

Lamentablemente, el resultado fue el mismo. Entregó las cartas y esperó en silencio que el rey Bardo leyera. Bardo bajó del trono y se acercó a Valbrand. Lo tomó del hombro.
-“Es honorable tu empresa, pero sabes que no estamos cortos de hombres.”
“Entiendo”, dijo Valbrand. Se retiró de la gran sala. Atrás quedó el rey mirándolo a medida que el guerrero se alejaba. La carta se deslizó de su mano, la cual tapó su cara avergonzada. Una lagrima silenciosa recorría la mejilla de Valbrand.

Vrom busca consejos

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Vron volvió a sus pagos. Necesitaba consejos del viejo mago, Saruman.

La torre de Orthanc se alzaba hasta donde la vista alcanzaba. Vron se sintió pequeño al subir las interminables escaleras.

Comenzaron hablando de las escrituras de los reportes encontrados en Dol Guldur.
-“mmm… esto fue escrito por un humano…. mayor… tal vez unos 40 años… alguien en quien Thranduil confía”.

Gror en su granja

Gror volvió a sus tierras para encontrar que las cosas no fueron tan bien como esperaba. La granja estaba en pié pero algo estaba fuera de lugar. El encargado estaba totalmente borracho. Le dio de patadas hasta despertarlo. -“Borracho hijo de puta, DESPERTATE!!!”.

Durante unos días, el enano se la pasó gritando e insultando a sus trabajadores por holgazanear. Todos corrían de aquí para allá, cavaban, zanjaban, cosechaban a toda velocidad.

“Ahora si van a ver, hijos de puta, holgazaneando en mis tierras…. JA”, murmuró el enano.

Alberic y su búsqueda de sabiduría

Los días de Alberic fueron apacibles. Mayormente se la pasó sentado bajo la sombre de un viejo roble con algún libro prestado de la biblioteca del viejo Radagast. En los momentos en que no leía, se la pasaba cantando y jugando con Duque. Ambos tenían heridas que sanar.

Luego de un tiempo emprendió viaje a Salon de las Tierras del Bosque. Allí pudo pasar el resto estudiando los viejos tapices y tallados del Salón. Había algo en ellos, pues el joven no podía apartar su mirada.

Concilio en Rosghobel

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Poco a poco la comunidad se estaba reagrupando en Rhosgobel. Se manifestaban en abrazos y risas, cerveza y anécdotas, ladridos de alegría y saltos. Todos estaban alegres de volverse a ver. Sobre todo Galdor, quien no podía contener la alegría de ver a su compañero Amroth. En su encuentro no hubo palabras, solo una mirada y un abrazo.

Luego comenzaron a llegar los líderes de la región: la bella Amaleoda, Ceawin el Generoso, Fridwald, el Mensajero, Ingomer Axebreaker y el terrible Mogdred.

El concilio comenzó con las palabras de Radagast el Pardo, donde les contaba que estaban en un gran problema. Luego tomó la palabra Gror. Allí contó toda la experiencia que la comunidad había tenido en Dol Guldur. Contó sobre los reportes del ataque a algún poblado de los hombres de los bosques, pero que no se sabía bien cuál de ellos era.

Los líderes comenzaron a debatir sobre la acciones a tomar para prevenir este ataque.

Sospechas del mas allá

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Gror y Valbrand decidieron salir de cacerías con los hombres del bosque. Llevaban algunos días de viaje cuando la pequeña compañía se detuvo, uno de los hombres del bosque había encontrado algo extraño.

Gror y Valbrand se acercaron a ver que pasaba. En el piso se encontraban una huellas de caballo. Lo extraño era que como un caballo se había metido en un bosque tan espeso. Además parecían las pisadas de un caballo enorme. Definitivamente no era una bestia conocida.

Esa noche desdieron volver con el Pardo y contarle lo visto.
-“Me temo que eso que han visto son las pisadas de un corcel negro. Un bestia que alguna vez fue un caballo pero su naturaleza fue retorcida y ahora sirve a un macabro jinete…. un nazgul”, dijo Radagast el Pardo. Un silencio se hizo en la habitación. Los héroes se miraban sin saber que decir.
-“Ahora se donde será el ataque”, continuó. -“Será en el Salón de las Tierras del Bosque”.
-“Un momento”, dijo Alberic sorprendido. -“Como logró deducir…. vienen por la Lámpara!!!”, reaccionó el joven.
-“Debemos prevenirlos ahora”, dijo Galdor

Esa noche todos se acostaron temprano, a la mañana debían partir a Salon de las Tierras del Bosque, pero algo oscuro invadió los sueños de algunos de los héroes.
Amroth, Galdor y Vron comenzaron a soñar. En su visión reveló un volcán activo, abajo un sin fin de orcos trabajando y luego una torre que ascendía interminablemente, al final, un enorme y horrendo ojo de fuego miraba a los soñadores. Despertaron sudorosos y con una abrumadora sensación de desesperanza.

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Planeando las Defensas

Los héroes amanecieron en Salon del Lago Negro luego de unos días de viaje. Se habían propuesto hacer una reunión con los jefes comunales para plantear la defensa del pueblo.

Se encontraron todos nuevamente en el Gran Salón. Los tapices y tallados del Wuduseld los rodeaban, la historia estaba viva en ellos.
-“Necesitamos un capitán”, dijo Mogdred, -“Yo me postulo para ello”.
-“Yo puedo dirigir a los arqueros élficos”, respondió Galdor
-“Yo voy a estar cerca de la lámpara y como también estoy en la cima de la colina, es una buena posición estratégica para ver y avisar los movimientos del ejercito enemigo”, dijo seriamente Vron. -“Solo necesito 3 cuernos diferentes”
-“No, para… usa 1 cuerno y banderines de colores”, tímidamente dijo Alberic. Se sorprendió a ver que todos asintieron. Después de todo, él era apenas un adolescente en una mesa de experimentados jefes.
-“Ya se!! construyamos una catapulta!”, grito Gror.
-“Pero esto no es un asedio, ¿de que nos sirve una catapulta?”, respondió Ceawin el Generoso.
-“Podemos colocar troncos apilados en la pendiente de la colina sostenidos por unas estacas. Cuando entren los orcos, se lo largamos.”, dijo Alberic ahora entusiasmado porque estaba siendo oído.
-“Me gusta! hagámonos”, dijo Ingomer Axebreaker.
-“Ya se!! … hagamos un barredor de flechas”, dijo Gror nuevamente. Todos quedaron mirándolo sin entender. -“Es una catapulta que dispara una lanza que se abre y destruye rafas de fleches”.
-“Que no vamos a hacer catapultas!!” gritaron todos al unísono.

Buscando orcos en el bosque

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-“Quiero patrullas de avistaje, si ven una avanzada orca quiero que vuelvan inmediatamente y lo reporten”, comandó Mogdred. -“Si tienen problemas, suenen el cuerno”.

El grupo de héroes salió en búsqueda de orcos.
-“Quiero reventar orcos!!” gritó Gror.
-“No, Gror, solo avistar los y volver. No debemos entablar combate.”, dijo Galdor
-“Bahhh!, si veo orcos, voy a matarlos”, respondió.

Se aventuraron en el bosque nuevamente. Vron se adelantaba entre las sombras. El resto viajaban en silencio cuando el sonido de un cuerno se escuchó en las cercanías. Todos los héroes comenzaron a correr a donde provenía el sonido. Sin duda, otro grupo de exploradores estaba en problemas.

A penas llegaron se encontraron con una difícil situación, un grupo de orcos estaba atacando a un grupo de exploradores. Enseguida los héroes corrieron a defenderlos.

Por supuesto Gror y Vron a la cabeza,. El enano corrió a defender a una de las exploradoras. Enseguida su hacha comenzó a hacer estragos. El dunlendino incrustaba su lanza ponzoñosa en sus enemigos. Galdor, por detrás, asestaba fecha tras flecha. Alberic fue a defender a unos de los exploradores, un conocido del pueblo.

En un acto de valentía y desinterés propio, Gror frenó con su cuerpo un golpe que uno de los orcos intentó asestar a la exploradora.
-“Vete de aquí, yo me encargo”, gritó Gror a la asustada mujer.

Mientras Duque atacaba a uno, Alberic le asestó un terrible corte en el abdomen, la criatura murió en extremo dolor y agonía.

El combate no duró demasiado, pues los orcos ya no eran desafío para los experimentados héroes. Pero uno de ellos intentó escapar. Vron agilmente corrió detrás de él y clavó fuertemente su lanza en la espalda del asustado orco. Este murió ahogado por su propia sangre intentando incorporarse sin darse cuenta que su columna vertebral había sido partida en dos.

En poco tiempo, Alberic estaba atendiendo las heridas de los exploradores caídos.

-“Iré a ver un poco mas lejos”, dijo Vron, su mirada puesta seriamente en el bosque.
-“Espera! Mogdred dijo que si veíamos orcos debíamos volver”, le advirtió la exploradora.
-“Vayan uds, yo iré a ver un poco mas.”, insistió el dunlendino y se internó en el bosque. El resto emprendió la retirada a Salon de las Tierras del Bosque.

Un Caso de Insubordinación

La comunidad regresó a Salon de las Tierras del Bosque ayudando al grupo de exploradores que habían rescatado del ataque orco. Hay que reconocer que la gente del bosque sufrió mucho para establecerse, siendo su única herramienta la cooperación. A penas vieron a los héroes llegar, pronto estaban ahí para asistir a los heridos. También estaba Mogdred.
-“Cuéntenme que ha ocurrido!”, dijo el capitán del salón.
-“Fuimos atacados por un grupo de avanzada de orcos”, dijo la exploradora. -“Por suerte, ellos nos encontraron y ayudaron.”
-“Que bueno que están todos bien… esperen… falta uno de ustedes… uno bajito. Donde esta?”, inquirió Mogdred.
-“Salió a investigar un poco mas”, le respondió la exploradora.
En ese momento, el rostro de Mogdred se transformó en una masa violenta de carne.
-“¿Como que salió?!!!!, ¿acaso no me escuchó cuando dije que si ven orcos, vuelvan?!!!”, en cada palabra su tono iba elevándose.
-“Esssteee… yo respondo por las acciones Vron”, dijo Gror un poco retraído por la ira de Mogdred.
-“Cuando vuelva díganle que quiero hablar con él”, dijo ignorando al enano.

Vron volvió unas horas después. Enseguida Alberic fue a avisarle de la ira que había generado en Mogdred. Vron se mostró preocupado pues no sabía el alcance la locura de este personaje. Ni hablar si Mogdred se enterase de que Vron arrojó su diario personal a la letrina. Así que se dirigió al Salón para hablar con Ingomer Axebreaker, el cual no mostró interés en ayudarlo. Eventualmente Vron optó por ignorar al capitán. Se dirigió al puesto sobre la colina. Alberic estaba con él. Tal vez por curiosidad de ver que iba a ocurrir con el dunlendino.

Una vez arriba de la cima Alberic y Vron observaban la poco sutil danza de las tropas organizándose. Abajo, un hombre ascendía lentamente. Ambos héroes se miraron sin saber.
-“Hola, vengo a relevar a Vron. Me envía Mogdred y dice que quieres que vayas con él”, dijo cuando llegó a la cima.
-“¿Quueeee??”, dijo Vron incrédulo. -“Tomatela viejo, decile a Mogdred que acá estoy yo”.
-“No, yo me tengo que quedar acá, son las ordenes del capitán.”, respondió inamovible el hombre del bosque.

Viendo como Vron estaba tanteando su lanza, Alberic decidió interceder, pues conocía al hombre y no quería que nada le pasara.
-“Voy yo”, dijo y comenzó a descender por la colina.
-“Entonces decile al pelotudo de Mogdred que si me saca de este puesto voy a ser un grano el su culo”, gritaba Vron desde lo alto.

Alberic fue en búsqueda de Mogdred. Lo encontró dándole ordenes a un grupo de hombres. Algo sobre verificar el estado de la empalizada.
-“Esteeee… me envía Vron. Me pidió que le diga algo como que si lo saca de su puesto se va a convertir en un grano en el orto”, le aviso Alberic.
-“Ahhh nooo… este me las va a pagar, ustedes cinco, vengan conmigo. Vamos a apresar a un insubordinado”, respondió colérico.
Alberic no tuvo mejor idea que correr para avisarle a Vron de su destino si se quedaba en ese lugar.

La Defensa del Salón

La noche había llegado, el silencio gobernaba en Salon de las Tierras del Bosque. Un hombre acaricia la cabeza de un niño, que apenas podía sostener un hacha, para darle coraje. Una niebla espectral emanaba del bosque como tentáculos. Solo se escuchaba el repiqueteo de las antorchas.

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“Bum, Bum… Bum, Bum, Bum, Bum”. El estruendo de los tambores de guerra orco irrumpieron en la silenciosa noche. Un escalofrío recorrió la espalda de los hombres apostados detrás de la muralla. El ejercito orco avanzó hasta salir de la cobertura del bosque. Sus rostros negros con dientes afilados intimidaban a los hombres del bosque. Con precisión, se ubicaron en posición de ataque.

El momento de la batalla había llegado. Mogdred se la pasaba dando gritos para ordenar a sus tropas. Galdor alistaba a sus arqueros élficos. Alberic y Gror fueron al portón principal para recibir la primera oleada. Vron, a pesar de ser removido de su puesto, se quedó en la cima. El resto de los héroes se ocultaron dentro del salón principal, quizás muy atemorizados para combatir.

Los hombres estaban atemorizados, a través de sus ojos se podía ver el terror en sus almas. Eran leñadores, granjeros, hombres de familia, no eran guerreros. Alberic sabía que debía decirles algo, pero no había palabra que saliera de su boca, recordó una bella canción de antaño, que hablaba sobre las pericias de los hombres del bosque y como habían subsistido. Comenzó a cantar sus estrofas. Poco a poco, aquellos hombres recordaron lo que significa ser un hombre del bosque. Entonaron sus voces y cantaron juntos. Tomaron sus armas con fuerza, levantaron sus escudos y gritaron al unísono: “Ahhhuuu!!!”.

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Los orcos estaban listos para atacar, el cuerno de un capitán orco sonó como una gran bestia. Todas las bestias comenzaron a rugir y a gritar sacudiendo sus armas en forma amenazante.
-“Disparen!!”, gritó Galdor. Una lluvia de flechas cubrió la noche. Los orcos caían por decenas. Luego fue el turno de los orcos, sus flechas negras hicieron su daño. Muchas se clavaron en la empalizada, pero un gran número descendió sobre los hombres tras la muralla.

Los ojos de Vron estaban puestos en la batalla, observaba como los bandos se dañaban constantemente cuando algo llamó su atención, un sutil movimiento en el borde de su ojo. Era un grupo de orcos que había rodeado la colina, llevaban escaleras y estaban dispuestos a atacar por la retaguardia.
-“Ehhh, viejo de mierda, avisa que nos atacan por detrás”, grito. El hombre sopló su cuerno y dio aviso del ataque encubierto.

Alberic juntó a unos 10 hombres y se reunió con Vron para llegar a la parte trasera de la empalizada. Al llegar notaron que los orcos habían colgado una escalera y estaban entrando sin parar. Los orcos estaban liderados por un capitán. Era una criatura viciosa de horrible aspecto. Vron tomó su lanza y saltó hacia el él. Alberic se quedó abajo con los hombres dando combate a los sin fin de orcos. Tres orcos cayeron por su espada en un abrir y cerrar de ojos. Mientras tanto, Vron combatía con el capitán. Sus ataques no fueron perfectos como otras veces, pero sin duda fueron efectivos. El capitán orco, ya cansado no pudo sostener batalla contra el dunlendino. Pronto cayó y los hombres, al ver que los orcos estaban desorganizados, tomaron valor y golpearon duramente al resto de los orcos. El grupo de orcos había sido eliminado, lamentablemente algunos hombres habían caído.

En el frente la cosa no era distinta. Los orcos estaban golpeando el portón principal con un ariete. Una y otra vez, las embestidas del ariete golpeaban el portón. Los hombres junto a Gror hacían fuerza desde el otro lado para tratar de sostenerlo pero no pudieron por mucho tiempo. El portón se abrió de golpe y los orcos comenzaron a entrar. Cuando no pudieron frenar la entrada de los orcos, dieron señal para activar la trampa de troncos. Seis enormes troncos comenzaron a descender desde lo alto de la colina. Los orcos vieron con terror el aluvión de madera que se acercaba a ellos con velocidad. Huesos destrozados, pulmones perforados y cráneos aplastados fueron algunos de los estragos provocados por la trampa. Igualmente los orcos seguían entrando. Gror gritó elevando su hacha al cielo. Su rostro mostraba años de venganza acumulada. Corrió hacia la entradera de orcos. Comenzó dando hachazos sin asco, tripas, miembros, dentaduras y un sin fin de litros de sangre orca fueron desparramadas por el enano.

De entre las filas de orcos, una gran bestia apareció. Era un tremendo capitán orco. Superaba los 2 metros y sus brazos podrían arrancar espinas dorsales de un tirón. Galdor tensó su arco, apuntó al ojo del orco y soltó la flecha con un suspiro, era un tiro directo. La flecha viajaba en cámara lenta sobrevolando un mar de hombres y orcos. La flecha estaba a unos metros del de su objetivo cuando este levanta a uno de sus subordinados y se cubre del terrible flechazo. El orquito murió al instante. El capitán arrojó el cadáver del pequeño orco con tremenda fuerza a uno de los hombres y avanzó dando cimitarrazos entre los atemorizados hombres. Gror reventó la cabeza de un orco cuando vio semejante bruto acercarse
-“ohhh siiii, sos mío, hijo de puta!!”, dijo en enano. -“A vos!! .. si a vos!!! … te reto, bestia inmunda!!”, le gritó con fuerza.
El tremendo orco avanzó con velocidad al enano, sus pasos retumbaban en el suelo. Levantó su gigante cimitarra en el aire y descargó el golpe contra el enano. A penas por un pelo, el enano pudo esquivar el ataque. Se corrió con velocidad y con maestría cortó el brazo de la bestia. Este se tomó el muñón con dolor, empujó al enano hasta derribar lo. Con todo su peso, aplastaba a Gror con su pie. El enano estaba quedando sin aire, no podía sacárselo de encima, en poco tiempo, sin duda se desmayaría. De pronto una flecha impacta sobre el muslo del gigante orco, Galdor fue certero, no podía dejar morir a su amigo. El orco retrocedió con dolor, rugió con furia y volvió a avanzar sobre Gror. En el último instante, el enano, se incorporó, tomó su hacha con fuerza y de un salto con fuerza en un movimiento ascendente impactó su arma en la quijada del orco, el corte avanzaba a medida que separaba en dos hemisferios la cabeza de su enemigo. El enano cae al piso de pie en una postura heroica. El orco cae de rodillas, su cabeza abierta en dos como un libro. Unos segundos después cae al suelo. Los hombres dieron un grito de victoria.

Los hombres estaban dando batalla, Mogdred como uno mas entre ellos. Gror, cansado, seguía matando orcos. -“22, 23, …. 24”, contaba a medida que dejaba un rastro de cadáveres. Alberic y Vron seguían peleado sin parar. Galdor y el resto de sus arqueros, casi sin flechas, continuaban bajando a los cretinos que seguían entrando. De pronto, alguien gritó -“El ciervo blanco!!! … viene a ayudarnos”. Alberic pudo ver a un bello ciervo blanco que salía desde el bosque. Su postura era majestuosa y su belleza, entre tanta matanza, era indescriptible. La esperanza retornaba a los hombres que, tomando un último aliento, dieron todo para detener a los orcos. Los orcos caían como moscas. El ejército orco estaba debilitado, era irreversible la batalla. Una figura oscura encapuchada en un caballo se retiraba desde el bordes del bosque. Vron, al verlo, no pudo evitar sentir un temor en lo profundo de su ser.

Ahí fue cuando los primeros rayos del sol comenzaron a brotar desde el horizonte. -“El amanecer es siempre una esperanza para el hombre”, dijo un sabio. El resto de los orcos, desesperados, comenzaron a huir. Los hombres, con ayuda de la comunidad, habían defendido Salon de las Tierras del Bosque.

El día después

Luego de la batalla, un gran número de cuerpos pintaban un cuadro macabro en todo el pueblo. Los hombres, heridos fueron atendidos. Los que estaban en pie, cavaron fosas para los cuerpos de sus vecinos. Se preparó una pira enorme para quemar a los orcos. El hedor duraría semanas. Alberic y Vron buscaron tesoros en el campo de batalla. Lo que juntaron lo donaron al pueblo, para que las viudas de los combatientes tengan con que subsistir durante un tiempo.

La Lámpara estaba a salvo. Ahora tenían que ver cuál sería el próximo paso de la sombra.

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El Encargo

Ceawin el Generoso se acercó a los héroes. -“Tengo un encargo para hacerles, si están interesados.”, dijo. -“Necesito que busquen un buen artesano, enano seguramente, para hacer un yelmo.”.Ceawin les dio instrucciones muy precisas para el yelmo. Su intención era hacer un tributo a los túmulos de Ensenada Este.

Por supuesto que los héroes estuvieron de acuerdo con hacerle el favor a su patrón. Al día siguiente, emprendieron el viaje a Dale. Les tomaría unos 15 días llegar a destino. El camino era conocido por ellos, pero no les sería tan sencillo.

En el camino se encontraron con una dificultad. El agua de deshielo había provocado la creciente de un arroyo. Alberic supuso que no habría problemas en cruzarlo a pie, Gror asintió. Comenzaron a cruzarlo cuando la fuerza del agua hizo trastabillar al joven. El agua comenzó a arrastrarlo hasta que su pie quedó atrapado entre dos rocas, la fuerza del agua hizo el resto para desgarrar el músculo. Un dolor agudo recorrió la pierna de Alberic. Con el esfuerzo de todos, pudieron sacar al joven del agua. Ahora tenían un problema. Tomaron la decisión de ir a los salones de Thranduil para que curen al joven.

La recepción de los elfos fue tan cálida como siempre, igual que un balde de agua helada. Los héroes tuvieron que mencionar que ellos habían sido quienes mataron al ciervo blanco para la satisfacción del rey. Solo ahí fueron atendidos. Gror prefirió seguir camino a Dale. Odiaba ese lugar.

Un cortesano atendió la herida de Alberic. Decidieron quedarse unos días para que sane la herida. Vron aprovechó esos días para contarle a un cortesano del rey acerca de lo que había descubierto Saruman. En dos días pudieron volver al camino.

Una vez en Dale, se reunieron con el enano. Lo encontraron en su cabaret, enfiestado con dos trolas y chupando cerveza, su atuendo era nefasto, una bata que dejaba entrever su barriga y si uno observaba se le podían ver las bolas colgando de un costado. Alberic y Vron enseguida se aclimataron al lugar.

Por otro lado, Valbrand no acostumbraba a frecuentar esos tugurios. Había algo en ellos que lo hacían sentir sucio y poco caballero. Prefirió no entrar e ir al mercado a encargar el yelmo. La manufactura de dicha obra demoraría unos 12 días, lo cual les dio tiempo ocioso a los héroes.

Por unos Barriles de Cerveza

Gror les mencionó al resto que había un cargamento de cerveza enana de su fábrica que debía llegar a Salon de las Tierras del Bosque. Había un carruaje que estaba por partir y se rumoreaba que estaba en problemas. Sin nada mejor que hacer, los héroes acompañaron a Gror a ver cual era la situación.

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-“Ayuda! Ayuda! están atacando a mi padre”, los sorprende un niño de unos 10 años al llegar. Los héroes se apresuraron para ayudar al niño. Los guió hasta una pobre escena. Estaba el mercader contra un árbol siendo atacado por tres maleantes.
-"Oigan ustedes, manga de pelotudos, dejen a ese hombre “, les gritó ”/characters/gror" class=“wiki-content-link”>Gror.
-“ehhh, no se metan, ortivas, giles”, respondió uno de los maleantes.
-“Suelten las armas o son boleta”, amenazó Vron,
Los tres cretinos, viendo que se estaban metiendo en problemas, prefirieron correr.
-“Gracias, amigos, esos tres embusteros me traicionaron. Los había contratado como guardias del transporte pero prefirieron robarme en vez de hacer el trabajo.”, explicó el mercader.. -“Este es mi hijo, Belgor, quien fue por ustedes”.

El mercader les pidió a los héroes si lo podían ayudar a llevar su mercadería a Salon de las Tierras del Bosque. Sin nada mas que hacer, los héroes aceptaron.
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Iniciaron el viaje por el mismo camino que habían llegado, el sendero élfico. Viajaron por bote hasta llegar a los puertos del rey Thranduil. El mercader bajó a hablar con los elfos. Su confianza era tal que despertó intriga en Alberic, después de todo Vron le había dicho que el espía era un hombre viejo al cual el rey tiene mucha confianza.

Alberic comenzó a hacer de las suyas, pero pronto los resultados arrojarían que el hombre era inocente. Una comparación de la letra del manifiesto de la carga alcanzarían para quitar la duda. El viaje continuó hasta abandonar el río, luego seguirían en carreta. Cruzaron el torrente encantado, aquel arroyo del cual advierten no tomar de sus aguas, hasta el acampe.

Arañas y mas arañas

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Todos estaban descansando. Vron hacía la guardia. La noche estaba tranquila hasta que algo captó su atención. El viejo mercader se había levantado y se internó sin decir nada en el bosque. Vron despertó a Gror y siguió al viejo sigilosamente. Lo encontró bebiendo de una corriente de agua cerca del campamento. Bebió unos sorbos y comenzó a volver. Al llegar, emitió un balbuceo, un nombre de mujer quizás. Lo repetía una y otra vez, sus ojos desorbitados. Estaba en una especie de trance o locura. El mercader volvió sobre sus pasos y comenzó a correr frenéticamente por el bosque. Alberic, Gror y Vron corrieron tras de él. Valbrand se quedó cuidando a Belgo y el transporte.

Los tres héroes atravesaban un sin fin de ramas y raíces en la persecuta. Vron al ser el mas velóz, se había adelantado. De pronto, el rastro del mercader había desaparecido, como si se hubiera esfumado en el aire. Vron miró hacia arriba y vio una araña arrastrando el cuerpo del anciano. Escaló rápidamente el arbol tratando de alcanzar a la araña. Alberic y Gror los perseguían desde abajo.

Pronto llegaron a un claro en el medio del bosque. En el medio había un viejo castillo, ahora totalmente en ruinas. Solo quedaban unas paredes y una vieja torre a punto de desmoronarse. La araña hizo un capullo del mercader y lo colgó desde un extremo superior entre una de las paredes y la torre. El capullo oscilaba peligrosamente a 9 metros de altura.

Vron se agrupó con los otros. Solo se escuchaba el silencio. Algo no estaba bien. Sin duda parecía una trampa. Discutieron como acercarse y prefirieron que sea Vron quien busque el capullo. Comenzó a moverse muy sigiloso, sus pasos flotaban en el aire. Llegó hasta una de las paredes. Notó que en gran parte, estaba cubierta de telas de araña. Comenzó a escalar. Ascendió sin problemas. Con esfuerzo levantó el capullo y lo colocó sobre el canto de la pared. Con su cuchillo y liberó al mercader. Estaba pálido e inconsciente, era muy difícil saber si estaba con vida. Aún así , lo subió a sus hombros y comenzó el descenso. Vron media cada paso que daba, no quería tocar ninguna tela de araña. Ya sea por el peso del viejo y algún ladrillo suelto, pero Vron resbaló, en un instante estaba cayendo. Golpearon duro contra el piso, por suerte (y no tanta) las telas de araña amortiguaron el golpe, que de otra manera hubiera sido mortífero. Una vibración recorrió la tela, expandiéndose como una gota que cae en un tranquilo estanque. Una serie de sonidos secos y siseos de pronto se escuchaban de todas partes. Vron se levantó adolorido, levantó al viejo y comenzó a correr. Le tiró el viejo a Gror quien lo levantó sin problemas. Los tres comenzaron a correr.

Corrían por el bosque intentando llegar al campamento. Parecía que el bosque hubiera cobrado vida. Las ramas de los árboles se movían detrás de los héroes. De pronto, un grupo de arañas cayo desde las copas de los árboles enfrente a los 3 héroes interrumpiendo su escape. Sacaron sus armas y dieron ataque a las criaturas. En un abrir y cerrar de ojos los 3 bichos estaban muertos, pero antes de que pudieran escapar, cayeron más arañas. Gror fue atacado por un par, una de las arañas lo atrapó en sus telas y la otra le hincó sus colmillos e inyectó su veneno (él no lo sabría, pero la quedaban algunos segundos antes de quedar paralizado). Alberic batallaba con 2 arañas, su fiel perro lo ayudaba mientras atacaba haciendo grandes arcos de con su espada para mantenerlas a raya. Vron también peleaba con 2 arañas, atacaba una y otra vez con su lanza.

Los 3 héroes mataban araña tras araña, pero estas seguían cayendo del cielo. Los bichos atacaban con ponzoña. Una y otra vez los héroes respondían, pero el agotamiento ya estaba comenzando a asomar. Tres arañas se lanzaron sobre Vron e inyectaron su veneno también. Ahora era cuestión de tiempo para que el enano y el dunlendino quedaran paralizados.
-“VAMOS!!! .. SIGAN PELEANDO!!”, gritó con fuerza Alberic. Por un instante, Gror y Vron se sintieron mas animados, pero no por mucho. La arañas seguían llegando por decenas y sus ataques coordinados eran efectivos.
El enano atacó una última vez, ya sus músculos entumecidos no funcionaban bien. Una de las arañas, saltó sobre él y hundió sus colmillos nuevamente. El enano no pudo resistir el dolor, ahora estaba fuera de combate. Vron entró en pánico, sabía que tenía el tiempo contado para quedar paralizado. Tuvo que elegir entre correr y pedir ayuda o quedarse y pelear hasta la muerte.
-“Vamos Alberic!! … hay que correr al campamento!!!”, gritó con temor. Alberic no podía abandonar al enano. Si corría, el destino de Gror estaba echado, sería comida de arácnido.
-“Corre vos y pedile ayuda a Valvrand!”, le respondió. -“No puedo dejar que Gror muera”.
Vron comenzó a correr en dirección al campamento. Solo su velocidad podrían salvar a sus compañeros. Tenía que pedirle ayuda a Valbrand de inmediato. Corrió unos metros pero sus piernas dejaron de responderle. Cayó al piso aterrorizado, el veneno había comenzado a hacer su efecto. Pronto lo invadió una terrible sensación de terror. Estaba consciente, pero su cuerpo no le respondía. Era el fin. Sería devorado vivo por esas inmundas criaturas.

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Alberic ve a su amigo caer y supo que estaba en él y Duque la esperanza de la comunidad. Tomó su espada con fuerzas y atacó. Su espada se hundió profundamente en el clúster de ojos de su enemigo. Arrancó su arma, salió con pedazos de seso, de un barrido le cortó las patas a otra. Tomó envión y saltó sobre el lomo de la araña desmembrada. Ahora usando a la araña como deslizador, avanzaba cortando a dos arañas transversalmente. Su relleno se esparcía a medida que las dejaba atrás. Cuando terminó su impulso, se arrojó al piso y giró ágilmente pasando por debajo de otra araña. Sacó su cuchillo y se lo hundió en su vientre. Un líquido viscoso y órganos se volcaron sobre el joven. Se levantó con fuerza quitándose la araña de encima. Dos arañas se lanzaron sobre él. De un barrido eliminó a una, la otra fue atacada por Duque. Mientras tanto, una araña bajaba colgada de su tela a espaldas de Alberic. Su veneno goteaba de sus colmillos, a penas estaba a centímetros del cuello del joven. Duque ladró con fuerza. El fiel perro se lanzó con todas sus fuerzas para evitar que la araña dañe a su amigo, pero nunca llegaría. La araña tomo impulso, quería que su veneno llegue bien profundo. Y justo cuando estaba por hincar sus veneno, una flecha certera salió volando y mató a la traicionera araña.
Alberic sorprendido miró de donde había salido la flecha. Era un viejo andrajoso que estaba recargando su arco. Alberic, sin entender que hacía un linyera en el bosque, le gritó por ayuda. El viejo, disparó su arco una vez mas para eliminar otra araña y salió corriendo por el bosque gritando cosas sin sentido. Alberic, sorprendido y agradecido asestó el último ataque para dejar una alfombra de bichos desmembrados por el bosque. La comunidad había subsistido.
Rápidamente.Alberic le pidió a Duque que vaya a buscar a Valbrand. Mientras, atendió las heridas de sus amigos caídos y las del viejo Baldor

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La Tormenta

La comunidad estaba es uno de sus peores estados, muchos estaban cansados, lastimados y envenenados. Prefirieron dormir la noche en el campamento y a la mañana continuar viaje, pues no sabían que les esperaba mas adelante.

La mañana se mostró incierta. Una brisa captó la atención de Alberic
-“Una tormenta se avecina, debemos apurarnos”, dijo.

El joven comenzó a llevarlos por el espeso entramado del bosque. La idea era conseguir un refugio. Avanzaron cuando un trueno sonó con fuerza en el cielo. Momentos luego, una cortina de agua cayó sobre ellos. Era una tormenta terrible, relámpagos cubrían el cielo de forma amenazante, un viento huracanado arrancaba ramas de los árboles y las lanzaba con fuerza hacia los compañeros. Debían encontrar refugio o podría ser catastrófico.

A lo lejos, pudieron divisar una luz y una columna de humo que salía de lo que parecía ser una vivienda construía en un viejo tronco ahuecado. Los héroes corrieron hacia ella arrastrando a los caballos.

En la Choza del Ermitaño

Ingresaron por un hueco en el árbol. Ante ellos, se abrió una cómoda sala. Un pequeño fuego los invitaba a quedarse. Sobre él, una liebre silvestre se asaba lentamente. Temerosos, entraron. Daban un paso tras otro, esperando que se active una trampa o que sea todo una ilusión.
-“Hoolaaaa, ¿hay alguien en casa?”, preguntó Amroth. Nadie respondió.

Los héroes se acomodaron junto al fuego, nadie se atrevía a tocar la liebre todavía. Acomodaron a los compañeros caídos en la sala. De pronto un viejo entró y tremenda sorpresa se llevó al ver a semejantes intrusos ocupando su hogar.
-“Pero que hacen acá??!!!”, gritó. -“Quienes son uds?”. Resultó ser el viejo linyera que había ayudado a Gror, Vron y Alberic a escapar de las arañas.
-“Tranquilo, solo necesitamos refugio de la tormenta”, trató de calmarlo Amroth.
-“Elfos!! Fuera de mi casa!!”, contestó.

Poco les tomó a los héroes darse cuenta de que el viejo no estaba en sus cabales. También notaron unos extraños grabados en las paredes de la cabaña. Al verlos de cerca se podían distinguir figuras horrendas, orcos, trolls, trasgos… y otras que los héroes no llegaban a reconocer, pero eran igual o mas horrorosas que cualquier otra criatura que hayan visto de la sombra. En seguida les vino a la mente ¿como es que el viejo conocía a tales figuras?. Una mirada de Galdor reveló la marca de grilletes en sus muñecas. El pobre viejo había sido prisionero de la sombra. De ahí tal vez proviniera su locura. Alberic notó, también, que el viejo era un hombre del bosque, tal vez en otra vida. Tal vez haya sido eso, o el hecho de que el viejo le salvara la vida en el combate de las arañas, que provocó empatía en el joven.

[:amroth | Amroth]] continuó suplicando para que el viejo acepte la compañía mientras dure la tormenta, pero el viejo no aceptaba. Lo único que se le ocurrió a Alberic fue tratar de cambiar la estadía por un poco de cerveza enana, de la que llevaban en la carreta. El viejo terminó aceptando agregando también algunos utensilios de metal.

Descansaron durante la tormenta. Eso le permitió a Gror y a Vron recuperar conciencia. Pobre enano, la rabieta que lanzó cuando se enteró que el viejo había tomado su cerveza.

Antes de partir, Alberic se acercó al viejo y le pidió que viajara con ellos. La intención del joven era de que Radagast el Pardo pudiera atender al pobre ermitaño y tal vez curar su mente trastornada o tal vez darle un mejor pasar durante los últimos años de vida. El ermitaño tomó a Alberic del brazo y le dijo: -“Tengo algo para tí, … no es bueno aferrarse a las cosas, sobre todo cuando están manchadas por la sombra”. De un viejo baúl, tomó algo envuelto en harapos. Lo desenvolvió, era un pedazo de cabeza de hacha. Hasta donde se podía ver, contenía hermosos tallados de lobos y relucía como plata.
-“Muerde-Lobos”, dijo Alberic con asombro. Era una parte de una hacha legendaria que pertenecía a los hombres del bosque. Esta se había extraviado hace ya muchos años. Alberic recordó de haberla visto en el Wudusel como el arma que había ayudado a eliminar a decenas de lobos y también hombres-lobo. Era un tesoro de su cultura y ahora estaba en sus manos, al menos en parte.

La Cosa del Pozo

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Partieron al camino sin saludar al ermitaño. El lodo dificultaba el avance de la carreta y una densa y cálida humedad se había levantado. Era difícil respirar, casi como si una somnoliencia dominara el bosque.

Los héroes avanzaban pesadamente por el camino, cuando una suave voz comenzó a llamar a Vron: -“Vroooonnnn,… ven a mi… tengo tesoros para ti”. La mente de Vron estaba adormecida e inconscientemente se adentró en el bosque en búsqueda de esa voz. Galdor observó en el momento justo que Vron abandonaba la caravana. Le dio señal a Amroth para seguirlo. La caravana se detuvo, al resto le costaba entender la situación.
-“¿Por que mm parammmmos?”, llegó a murmurar Gror antes de volver a quedarse dormido.
-“Esteeee … no se. Me …. parece queeeee …..los elfos se fueron….”, respondió Alberic. -“Voy a ir a ver, …. vamos duque!”.

Vron avanzó por el bosque, sus piernas parecían tener vida propia. Avanzaba atraído por esa suave voz. Eventualmente llegó a un lugar del bosque. Un pozo rodeado por raíces estaba a sus pies. Se detuvo por un instante y luego se dejó caer. En su mente, el pobre Vron imaginaba descender a un pozo repleto de tesoros, pero la realidad es que una criatura maligna moraba en ese lugar. Vron no lo sabía, pero estaba siendo devorado lentamente.

Los elfos llegaron corriendo al lugar del pozo, luego de seguir los rastros de Vron. Galdor le gritó -“Vron… Vron… salí de ahí”. De pronto, una tremenda raíz, gruesa como una pitón, se lanzó sobre Galdor atrapándolo. Amroth llegó momentos luego. Tensó su arco y comenzó a disparar contra lo que sea que fuera esa criatura. Un sin fin de raíces se habían levantado, era como si el bosque hubiera cobrado vida. El piso temblaba a medida que estas raíces se levantaban y azotaban a los elfos. Sin demoras, Amroth y Galdor contraatacaron a la criatura. Sus flechas volaban con certeza pero parecían no hacer mella. Pronto la criatura apresó a los elfos con sus raíces. Galdor tomó su espada y comenzó a cortarla. En eso llega Alberic, sin entender que estaba ocurriendo, una raíz tomo de sus pies y lo levantó.

Dentro del pozo, Vron peleaba por su vida de otra manera. En su mente, él estaba juntando los mas bellos tesoros, copas, coronas, joyas y monedas de oro; pero en realidad la criatura estaba succionando su vida. Lejos escuchó la voz de Galdor gritándole que huya de ese pozo. Vron sabía que algo estaba mal, “tomó” lo que pudo y empezó a escalar. Afuera la cosa no estaba mejor.

Galdor se había liberado de la raíz. Amroth asestaba disparos una y otra vez. Y Alberic, con ayuda de Duque, se libró de las ataduras y comenzó a cortar a la criatura con su espada serrada. Por cada golpe que daban, la criatura parecía golpear mas duro. Corte y flecha, también uno o que otro mordisco, la bestia fue retrocediendo. Un último golpe bastó para que la bestia gimiera de agonía y huya. Sus raíces de retrajeron al suelo. Los elfos ayudaron a Vron a salir del pozo y ahora todos juntos volvieron al camino.

La caravana avanzó en silencio hasta llegar a un lugar conocido por los héroes. Habían llegado a Salon de las Tierras del Bosque. Ingomer Axebreaker los estaba esperando.

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Revelaciones de Ingomer

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Los héroes ayudaron a Baldor y Belgo con la caravana apenas llegaro a Salon de las Tierras del Bosque. Lo saludaron y desearon buena suerte.

Alberic y los demás fueron a conversar con Ingomer. Alberic llevaba un pedazo de Muerde Lobos y quería entregárselo al líder de los Hombres del Bosque. Alberic Comenzó haciendo resumen de como habían llegado. Desde las arañas hasta el ermitaño. Algo llamó la atención de Ingomer cuando le contaron de un ermitaño en el bosque, pues comenzó a narrar la historia de su 2do hijo.

Contó sobre su otro hijo desaparecido, hermano de Mogdred. Cuando aún eran jóvenes, los dos hermanos salieron a patrullar el bosque, pero según contaba Ingomer, se encontraron con una patrulla orca y un troll. Según pudieron ver los rastreadores, la batalla fue feroz. Ambos hijos habían sido capturados, pues sus cuerpos no se encontraban entre los caídos. La historia de Mogdred es sabida, pero la de su hermano seguía siendo un misterio. Los héroes le describieron al ermitaño, sobre los tallados en su hogar y las marcas de ataduras en sus muñecas y tobillos. Ingomer no demostró demasiado entusiasmo, las probabilidades de que el ermitaño sea su hijo perdido eran escasas.

Alberic tomo la pieza de “Muerde Lobos” , la colocó sobre la mesa.
-“Este pedazo del legado de los hombres del bosque me fue entregado por el ermitaño”, le dijo Alberic. -“Quisiera devolverlo a nuestra gente”.
Ingomer tomó el pedazo de hacha y lo levantó. -“Esto confirma lo que pienso. El ermitaño es probable que sea mi otro hijo”, continuó,
-“Esta hacha fue usada por Mogdred el día en que ambos fueron capturados. Sabemos lo que ocurrió con Mogdred, ahora tal vez sepamos que ocurrió con mi otro hijo”.

El Yelmo

Al día siguiente de la charla, los héroes comenzaron su regreso a Dale. El viaje fue tranquilo, duró unos 12 días. Cuando llegaron a Dale, fueron directo a ver al enano herrero.
-“Los esperaba hace días… bueno…. aquí tienen el yelmo. Espero que les guste el trabajo”, gruño el enano.

Se pagó y sin perder tiempo emprendieron viaje a Ensenada Este. El viaje no suscitó mayores cuestiones hasta el intento de atraco.

Una mujer y un grupo de hombres se cruzaron en el camino. “Entreguen el yelmo”, dijo ella con voz severa. Los héroes desenfundaron las armas y el combate se disparó. Flechas volaron por el aire y gritos de violencia sonaban a su vuelo. Los ladrones atacaron con furia y lograron hacer mella. Pero rápidamente los héroes se pusieron en ventaja y uno a uno los ladrones iban cayendo muertos. Cuando su líder vio que no tenían formas de ganar, salió corriendo, abandonando a algunos de sus hombres atrás. El resto fueron desarticulados rápidamente. Los maniataron y los llevaron a Ensenada Este para que Ceawin el Generoso disponga justamente.

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El juicio de Ceawin y el camino al Túmulo
Llegan a Estancias soleadas con los ladrones del camino. Ceawin los enjuicia.
Luego comparten noticias del yelmo y Ceawin les comenta que quiere llevarlo a unos túmulos del Sur como ofrenda para los viejos lideres del lugar.

La pelea en el túmulo
El grupo viaja al túmulo y Ceawin se interna. Vrom le sigue con sigilo. Se arma la rosca, el grupo se mete dentro. Luchan con el espíritu y el tumulo se desmorona. Quedan todos enterrados y cuando salen el Yelmo ya no está aunque varios ven a Vrom esconderlo entre sus cosas.

El exilio de Vron
Tras blanquear la situación y volver a las Estancias soleadas Ceawin pide encarecidamente que le devuelvan el Yelmo y termina exiliando a Vrom por la horrible actitud.

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Secretos Enterrados

Noticias de Radaghast

Era una mañana tranquila en Salon de las Tierras del Bosque. Los miembros de la Comunidad estaban durmiendo apaciblemente en uno de los salones comunes del asentamiento de hombres del bosque. Parecía un día ordinario, incluso, algunos miembros comenzaron a discutir sobre que tarea preferían realizar para ayudar a la comunidad de hombres del bosque.
Extraño fue cuando, vieron entrar una pequeña ardilla al salón corriendo a velocidad. Mas extraño era que la ardilla llevaba una pequeña nota. No fue muy difícil conseguir que la ardilla entregue el mensaje, pues estaba entrenada para ello. El mensaje provenía de Radaghast, la consigna era encontrarse con él durante el día del solsticio de verano en Pueblo de los Hombres del Bosque urgentemente. 

El Viaje por el Río

Contrataron una balsa para viajar río abajo hasta Pueblo de los Hombres del Bosque con la promesa de Valbrand de proteger a los canoeros, quienes se encontraban asustados por noticias de que hubo ataques de arañas a otro bote. Galdor y Alberic también habían escuchado esa historia y lo que mas les llamó la atención es que los tripulantes del bote se salvaron gracias a la ayuda de una de las Doncellas del Río.

El viaje inició tranquilamente. Durante unos días, la comunidad retozó en la gran canoa. Extrañamente, solo la comida de Vrom se encontraba en mal estado. Amroth se percató que la Sombra podría estar trabajando muy cerca. Esa misma noche, notaron telarañas que cruzaban desde una costa del río a la otra a través de las ramas de los árboles, indicando que las arañas estaban cruzando a la región del bosque habitada por los hombres.

El Nido de Arañas

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Durante la noche, mientras Amroth hacía guardia, notó algo en el borde del bosque: un sin fin de ojos mirándolo con malicia. Rápidamente el elfo despierta al resto de la comunidad, pero cuando fueron a investigar, quien sea que observaba al elfo se había ido. Vrom encontró un nido de arañas cuando salió a revisar la zona.

La comunidad se encontró en aprietos cuando tuvieron que enfrentarse a la decisión de ir a matar a las arañas o continuar el viaje y custodiar a los canoeros. Los canoeros se opusieron fuertemente a la idea de atacar el nido, a pesar de la insistencia de los miembros de la comunidad. Por último, Gror, aprovechando su cerveza, les dió de tomar a los canoeros hasta emborracharlos. Thror se quedó a cuidar a los tripulantes que dormian la borrachera. El resto, se aventuró contra las arañas.

Sigilosamente, Galdor, Vrom y Amroth se adelantaron para emboscar a las arañas. Alberic, Gror y Valbrand avanzaron lentamente hasta llegar al nido, como carnadas. El combate se inició enseguida, las flechas de los elfos fueron certeras, eliminaron a una gran araña; la lanza de Vrom no se quedó atrás, pues empaló de sorpresa a la otra gran araña. El resto de las pequeñas arañas atacaron al resto. Un hachazo por allí, un espadazo por allá, una a una las arañas fueron cayendo. Se podría decir que las manos de la comunidad estaban siendo guiadas por lo divino. Por último, las arañas obtuvieron su merecido. Solamente Gror fue envenenado, pero rápidamente Amroth y Alberic trataron la herida.

Revisando el nido, Vrom notó una huella de araña enorme que se alejaba al norte. La comunidad decidió volver al campamento para ver el enojo de los canoeros, ahora despiertos.

La Doncella del Río

Amroth se alejó del resto, y fue hacia el río con intenciones de pedirle ayuda a las Doncellas del Río para avisar a Salon de las Tierras del Bosque de la inminente presencia de la gran araña.
Su voz fue tan suave y bella que la Dama del río no pudo negarse a acudir en su ayuda. Tan impresionada quedó la dama con el orgulloso elfo y le dio un beso en la mejilla y se comprometió a ayudarlo. Por supuesto que Amroth no pudo ocultar su excitación.

Llegando a Woodmen Town

El resto del viaje ocurrió en silencio, el mal humor de los canoeros se palpaba en el aire, pero eso no llegó a afectar a los miembros de la comunidad.

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El Fantasma Sangriento

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La comunidad llegó 3 días antes del solsticio de verano a Pueblo de los Hombres del Bosque para asistir a la reunión con Radagast el Pardo. Durante los primeros momentos, escucharon a algunos pobladores hablar sobre un escurridizo ladrón de gallinas, uno al que le apodaron: “El Fantasma Sangriento”. Un problema que escaló hasta la muerte de un granjero. Todo esto llamó la atención de los miembros de la comunidad, así que decidieron investigar lo que estaba pasando, después de todo, debían pasar el tiempo.
Así que fueron a hablar con los huérfanos de la granja para obtener algo de información. Mientras el resto hablaba Alberic fue a buscar pistas al cerco donde había fallecido el granjero, con la ayuda de duque, su fiel compañero, encontraron plumas de gallina, sangre y huellas muy difíciles de ver que se llevaban adentro del bosque. Con la ayuda de Vrom, Alberic comenzó a seguir las huellas. El resto los seguía por detrás. Continuaron adentrándose en el bosque hasta un lugar donde este ladrón pareció habitar por un tiempo. Un sendero al río le llamó la atención a Alberic, quien había subido a un árbol para ver desde otros ángulos. Siguieron el sendero hasta llegar al río. En las orillas, una pisada marcada en el barro captó la atención de Vrom: ¡era una pisada de un hobbit!. Todos concluyeron que el ladrón era un hobitt.
Volvieron sobre los rastros, muy difíciles de ver, pero no para la gran habilidad de rastreo de Vrom. Así fueron reconstruyendo lo hechos mal habidos de este hobitt ladrón: le robó un cuchillo de caza a un zapatero amigo de Alberic, luego fue hasta una granja y robó una docena de huevos y luego huyó de nuevo al bosque.

El Ojo en la Torre

Siguieron las huellas hasta hallar un gran tronco ahuecado dentro del cual las huellas se perdían. No hay forma de explicar el hedor que emanaba el interior de ese tronco: restos de animales putrefactos, orina y heces aromatizaban el lugar. Claramente el ladrón habitó ese lugar, lo extraño era: ¿que clase de hobbit devora animales crudos, caga y orina donde duerme?. Este hobbit-ladrón estaba seguramente trastornado. Decidieron buscar dentro del tronco, pero los únicos que tuvieron el estómago para meterse fueron Alberic y Galdor. Dentro del tronco notaron un tallado, algo difícil de distinguir: un ojo sobre una torre, tal vez?. Amroth y Valbrand se miraron el uno al otro sabiendo lo que significaba ese tallado: era Sauron sobre la torre de Barad-dûr, lo que significaba que ese hobbit había estado en Mordor. ¿Quien era ese hobbit?¿que le había pasado? y ¿como terminó en Mordor?

El Ranger del Norte

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Siguieron el rastro una vez mas hacia el norte. Avanzaban lentamente siguiendo los débiles pisabas del hobbit cuando Amroth con su extraordinario oído élfico escuchó unos pasos 1km al norte. Asumiendo que podía ser el ladrón, todos apresuraron el paso. No había tiempo que perder. De pronto Alberic notó un movimiento detrás de un arbusto. El resto se preparó para emboscar a la ladrón. Sigilosos, desenfundaron sus armas y fueron acercándose poco a poco a su presa….. pero para la sorpresa de todos, un hombre encapuchado salió de entre los arbustos diciendo “Tranquilos, no busco problemas”.
Resultó ser un montaraz del norte, un dunedaín notó Amroth. Su aspecto era imponente, joven pero curtido. Dijo llamarse Trancos y que Gandalf le había pedido que encuentre una criatura escurridiza. Poco tardaron los miembros de la comunidad en notar que la criatura que buscaba el montaraz y el hobbit ladrón eran el mismo. Incluso Galdor compartió el tallado del ojo con Trancos, quien se notó consternado y prometió llevarlo ante el mismo Gandalf.
Compartieron historias con Trancos y lo ayudaron hasta caer la noche, pues el tiempo se había acabado, debían volver a Pueblo de los Hombres del Bosque para el encuentro con Radagast el Pardo.

El Pájaro en el Río

La comunidad volvió a Pueblo de los Hombres del Bosque y lo que pensaban que era una reunión con el mago pardo, terminó siendo algo totalmente inusual. Desde la bruma del río surgió una nave encantadora: en la proa tenía forma cabeza de pájaro, a los lados unas alas y sobre la cubierta, el mago Radagast el Pardo apurandolos para que subieran al bote de un salto. “Todos arriba, rápido, no hay tiempo que perder” gritaba.
La comunidad nuevamente estaba sobre el río, viajando hacia el sur. Radagast el Pardo comenzó hablando sobre una tarea sumamente importante que debían realizar. La sombra estaba acechando el sur del bosque y que era imperativo revisar la fortaleza de Dol Guldur pues algo malvado y retorcido podría estar surgiendo desde ese sombrío lugar.
Surcaron velozmente por las aguas hasta llegar al lago negro. Allí desembarcaron en la orilla sur. Mientras la comunidad bajaba el equipo del bote, Radagast el Pardo tuvo en extraño encuentro con una de las Doncellas del Río, era la mas sabía y anciana de ellas. Volvió en apuros, y dijo que debían llegar hasta la Colina Tirana. Allí deberían descansar para estar preparados para la difícil tarea que esta por delante.

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El sur del Mirkwood

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La comunidad comenzó temprano en Colina Tirana, Alberic y Valbrand salieron a cazar para aprovisionarse pues el viaje es largo y difícilmente podrían cazar. Este viaje duraría unos 6 a 10 días, hasta llegar a los bordes de Dol Guldur.

Radagast el Pardo llevó a la comunidad hacia el sur a través de bosque, el cual a cada paso se mostraba cada vez mas siniestro. Las ramas de los árboles se ceñían sobre los viajeros como garras, el aire espeso y viciado dificultaba cada respiro y el fango bajo sus pies dificultaba cada paso. Poco tiempo pasó para que la comunidad sintiera la opresión de la Sombra, incluso Radagast el Pardo se mostraba preocupado.

Durante una noche, Amroth, mientras hacía vigilancia, escuchó unos pasos muy cerca del campamento. Rápidamente despertó a sus compañeros. Resultó ser una patrulla de unos 20 orcos que avanzaban sin demora muy cerca del lugar donde descansaba la comunidad. Era claro que no podían hacerle frente a tal cantidad de orcos sin arriesgarse, con lo cual rápidamente se escondieron. Uno de los orcos, al pasar, se detuvo. Sus gestos denotaban que había percibido algún olor. Valbrand tragó saliva y apretó la empuñadura de su espada… pero rápidamente Vrom arrojó una piedra lejos del campamento para distraer al atención de los orcos. Luego, sigilosamente, fue alejando a la patrulla, haciéndola seguir un rastro falso. La comunidad había escapado de esa difícil situación.

La Ciénaga

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Siguieron avanzando hacia el sur, Radagast el Pardo indicó que pasar por el puente podría ser difícil dado que está custodiado por orcos, así que llevó a los viajeros por otro camino. Repentinamente, el bosque terminó, dejando lugar a una horrenda ciénaga, un pantano casi sin vegetación en donde sus burbujeantes aguas fétidas emanaban un hedor repugnante. Por el cielo Galdor observó unos crevains sobrevolando el lugar. Sabían que llegar sin ser notados sería difícil.

Avanzar por ese lugar demostró ser tan terrible como el peor laberinto. Fue Alberic y su compañero Duque quienes tomaron la tarea de guiar al grupo a través de la ciénaga. Un paso en falso y el resultado podría ser horrendo. Por eso Alberic puso todas sus energías para guiarlos. Aún así…

Mientras avanzaban por la ciénaga, inesperadamente, unas frías y tétricas manos salieron desde el fondo de las arenas con la intensión de agarrar a los viajeros. Eran las manos de aquellos caídos en este lugar, que La Sombra, con los años corrompió hasta transformarlos en eternos esclavos. Entre gritos de pánico y ladridos, uno a uno, los viajeros, fueron escapando de sus fétidas garras.

Esquivando peligros, los viajeros avanzaron por el pantano hasta llegar a los bordes de la fortaleza de Dol Guldur. Pero el viaje no fue sin consecuencias pues La Sombra había hecho su mella en el alma de los integrantes de la comunidad. En especial a Vrom, que parecía realmente abatido por ella. Radagast el Pardo debió haber notado eso dado que le indicó que si alguna vez se sintiera realmente mal, le avise.

Ingresando a la Fortaleza

Dol Guldur se mostraba imponente en el horizonte. Sus torres amenazantes e inmensos muros amedrentaban a los viajeros.
Radagast el Pardo indicó que la única manera de entrar era por la puerta principal. Desconfiados, los demás, estudiaban el muro para escalar, pero resultó ser un imponente e inescalable muro de casi 30m.

Temerosos avanzaron hasta el gigantesco portón. Para la sorpresa de todos, el portón estaba abierto. “Solo un hechizo puede abrir o cerrar este portón. Por suerte está abierto como lo dejó Saruman, esas son buenas noticias” dijo Radagast el Pardo. Valbrand asomó su cabeza con cautela. Pronto todos estaba avanzando por el túnel que estaba a continuación del portón.

Un olor nauseabundo fue lo primero que golpeó al grupo, pues ante ellos se encontraba un inmenso lago que rodeaba a la fortaleza, El Lago Muerto. Tal era la podredumbre de esas aguas que de solo verlas provocaba nauseas. Solo un estrecho puente permitía cruzar hacia el otro lado. El problema, indicó Amroth, era que mientras estén avanzando por el mismo, estarían completamente expuestos. Todos miraron a Radagast el Pardo quien con duda recomendó avanzar. El resto, atemorizado, no tuvo opciones. Cruzaron el puente con mucho sigilo e ingresaron al patio interior. Amroth notó que una de las torres estaba habitada, “Orcos” dijo con voz asevera. Todos avanzaron con sigilo hasta llegar a La Puerta Interior.

Acertijos en la Noche

La noche había caído como un manto oscuro. Ante la comunidad, una masiva puerta negra se alzaba ante ellos. Era un gigante portón negro cuyo material oscuro, que ni Thror ni Gror pudieron identificar, contenía incrustaciones en mitral. Parecía contener alguna clase de sortilegio. Radagast el Pardo contó la historia sobre como Saruman logró adivinar la palabra mágica para abrir semejante bestia. Lamentablemente, Radagast el Pardo no la sabía.

Todos quedaron confusos antes tal situación, miradas extraviadas y rascadas de cabeza eran eran las expresiones comunes, pero no la de Valbrand. Con un pedazo de carbón empezó a dibujar letras en el piso, tachándolas y escribiéndolas nuevamente. Un rato le tomo pero por fin dijo “Lo tengo”. Ante el grupo había un acertijo:

“Cuando me siento, me estiro.
Cuando me paro, me encojo.
El fuego me hace invisible.
Y el agua no me moja.”

“Es la luna”, dijo uno, “no, es el sol” dijo otro, pero fue finalmente Vrom quien dijo: “Es la sombra”. Todos estuvieron de acuerdo. Así que impulsivo, Alberic tocó la masiva puerta y gritó la respuesta. Momentos luego, la puerta se abrió. … y más allá una interminable escalera de oscuros escalones que subía a la fortaleza de Dol Guldur, bordeando toda la colina de Amon Lanc.

El Pasaje Oscuro

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Ya en la fortaleza varias torres se divisaban. La Torre Alta, la Torre de Hechicería, la Torre de las Estrellas, y el inmenso Salón del Nigromante.
Radagast el Pardo recomendó limitar la búsqueda a la Torre Alta, donde en los tiempos del nigromante habitaban los mejores espías de la amplia red de espionaje del señor de las sombras.
Acercarse a la torre, y más aún, penetrarla probaría ser una tarea ardua…
Tras lograr abrir la pesada puerta, ante ellos, un la sala estaba oscura, pero no era una oscuridad común, era como si la luz hubiera sido devorada por una terrible bestia. Avanzaron con temor y resignación, pues habían llegado tan lejos y no podían volver.

La puerta se cerró casi sin sonido, solo la oscuridad llenaba sus sentidos. El horror invadió el alma de los integrantes de la comunidad. El coraje prevaleció en casi todos, pero no en Vrom, pues no pudo continuar. Podría decirse que la sombra había acabado con su espíritu en ese momento. Comenzó a gritar “Hay que volver!!, quiero salir de aquí!!”. Era el fin de la misión. Todos dudaron, ¿que podrían hacer en ese lugar con un integrante en pánico¿. Radagast el Pardo le ofreció unas hiervas a Vrom, diciéndoles que lo ayudarían a sentirse mejor. Vrom lo tomó con desconfianza, pronto comenzó a sentirse mareado y justo antes de desplomarse inconsciente soltó un insulto para el viejo mago. Entre varios tomaron a Vrom y avanzaron por la oscuridad…

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Unas Buenas Hierbas

Cuando por fin pudieron salir de ese pasaje oscuro, la comunidad se encontró con un gran salón cuyo centro contenía una gran escalera caracol hecha de pieda. Con Vron inconsciente sabían que sería un problema continuar avanzando. Radagast tomó un puñado de Athelas y comenzó a prepararlas mientras murmuraba unas palabras, sus ojos entrecerrados indicaban una gran concentración. Cuando terminó, ungió a Vron con las hierbas, al cabo de un rato nada había pasado. Una gran preocupación se dibujó en el rostro del mago, algo no había funcionado.

Alberic recordó sobre el encuentro con Trancos, recordó especialmente las hierbas que le había entregado el montaraz del norte y de dispuso a seguir los pasos de su maestro. Se arrodilló en frente a Vron, recitó una bella canción del bosque, dejó que Duque lamiera las hierbas y para cuando terminó el encanto, ungió al desvalido héroe. Poco a poco, Vron fue abriendo los ojos y se incorporó. Ahora aliviado, Vron le agradeció a Alberic.

Descendiendo a la Oscuridad

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Durante el viaje hasta Dol Guldur, Radagast fue contando partes del relato sobre como Galdalf el Gris se había inmiscuido en la fortaleza del mal. La parte que recordaron los héroes fue sobre como las jerarquías estaban ordenadas en forma descendente. Cuanto mas inferior el nivel en la montaña, mayor el rango dentro del ejercito de Sauron. Radagast el Pardo suponía que de encontrar algo, lo encontrarían en los niveles donde moraban los espías de sauron, unos 100 hombres de alma retorcida.

Con esto en mente, la comunidad comenzó a descender sigilosamente por la gran escalera caracol. Paso a paso, escalón a escalón, fueron descendiendo. La escalera parecía interminable. Con cada escalón se podía sentir la esperanza escapando desde el alma de los héroes.

Tiempo llevó, pero llegaron al 1er subsuelo. Frente a ellos, un gran salón con mesas y tablones. Sin duda era un gran comedor. A lo lejos se podía escuchar el sonido de orcos balbuceando. Los héroes prefirieron continuar el descenso.

Vron continuaba buscando huellas y trampas, pero solo encontraba polvo y señales de años sin usar. Descendieron unos 150m para llegar al 2do nivel. Ese horrendo y oscuro lugar parecía ser el lugar donde estaban las barracas de los orcos. Los héroes se animaron a investigar un poco este nivel, pero solo encontraron algunas camas viejas y hediondas.

Continuaron hasta el 3er nivel. Esta vez, descendieron 300m más. El aire, difícil de respirar, estaba cargado de humedad. Algo enseguida les llamó la atención: este nivel parecía estar preparado para defenderse ante un ataque. Barricadas hechas de grandes bloques de metal con púas dificultaban el paso. Los héroes decidieron investigar un poco, comenzaron por una de las habitaciones. Pronto notaron que el nivel estaba acondicionado para albergar a una inmensa herrería. Siguieron avanzando por los laberínticos pasillos, tratando de entender como funcionaba esa horrenda fortaleza. Continuaron avanzando e incluso encontraron el centro del volcán donde habian creado una inmensa escalera que subía y bajaba. Pero la inmensidad del lugar demostró ser un verdadero problema. Decidieron volver a la escalera y seguir bajando.

Secretos por Revelar

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Apenas llegaron al 4to subsuelo notaron que estaban en el lugar correcto. A diferencia de los niveles superiores, este estaba elegantemente adornado: bellos muebles de madera de cerezo, sillones tapizados y alfombras. Claramente este era un lugar donde los orcos no vivían. Los héroes asumieron que humanos debían haber vivido aquí.

Vron enseguida notó unas pisadas en el polvo, viejas, pero no tanto. Enseguida comenzaron a buscar entre los muebles por pruebas o evidencias de la actividad de esta élite de espías. Alberic encontró algunos documentos escritos es lengua negra, Radagast determinó que eran reportes de actividad hechos para Khamûl, quien hubiera sido el lugarteniente de Dol Guldur.

Vron llevó a los héroes a través de los pasillos, siguiendo una serie de pisadas. Llegaron a una habitación donde parecía que hubiera habido una reunión entre 5 individuos (algo oscuro se gestaba aquí). Continuaron siguiendo las pisadas en el polvo hasta llegar a otra habitación. Lo llamativo de la misma era que tirado en el piso, se encontraba el cuerpo de un orco muerto ya hace tiempo. Gror revisó el cadáver y encontró una daga clavada en el tórax de la criatura. Gror evaluó la daga y determinó que era de manufactura élfica. La inspección de Amroth determinó que era del armería del rey elfo Thranduil.

Avanzaron a la habitación siguiente. En esta oficina, con armarios y escritorios, los héroes buscaron entre los papeles que estaban desparramados por allí. Alberic pudo encontrar una serie de documentos y reportes. Eran reportes de espías a quien quiera que ocupara esa oficina. Lo extraño es que, aquellos que estaban escrito en común, describían informes sobre La Ciudad de El Lago. Había otros escritos en élfico cuyo contenido decidieron esperar para leerlo, pues Amroth había escuchado pasos por donde habían entrado. Radagast notó las pisadas que la comunidad había dejado. Rápidamente cerraron la puerta y fueron a esconderse a la habitación siguiente.

La habitación siguiente era un suntuoso dormitorio. Pero lo que mas llamó la atención era el cuerpo de un hombre. Valbrand reconoció a este cadáver, dijo que era un hombre del lago. Gror realizó nuevamente la inspección de cerca. Notó una daga orca clavada y en su mano, unos extraños pergaminos en lengua común. Amroth los tomó y comenzó a leer. Para su asombro, estos reportes contenían en detalle datos del reino de Thranduil, desde dotaciones del ejercito hasta mapas y zonas secretas del mismo. Amroth no pudo contener su reacción de asombro, pues uno de los lugares mejores guardados de tierra media estaba en manos del enemigo.

El Ataque del Uruk-hai

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En ese preciso momento, Radagast el Pardo avisó a la comunidad: “Tomen sus armas”. Algunos se escondieron, otros se prepararon para atacar.

Un estruendo se escucho cuando la puerta se abrió de golpe. Por ella entraron 6 hombres de duro aspecto y detrás una gran bestia, era un Uruk hai.

Los elfos actuaron rápido y descargaron sus flechas contra la bestia. Nunca las flechas de Galdor fueron tan certeras, una a una, impactaron el la gran bestia derribándola. Pero igualmente, las lanzas de los malvados humanos impactaron fuertemente en Amroth quien se vio fuera de combate. La primera casi impacta su entrepierna y la segunda, directo a su cuello, solo produjo una herida superficial, por suerte. Igualmente el elfo se golpeó duramente la cabeza contra la pared para evitar el lanzazo y decidió salirse del campo visual del enemigo. Enseguida Alberic, Duque, Vron y Gror devolvieron el ataque. Vron atravezó el ojo de uno matándole en el acto. Gror descargo hachazos a otro hasta dejar solo un pequeño oasis de sangre. Alberic, en hábiles maniobras con su espada, eliminó a otro y, Duque atrapó a otro que intentaba huir, para que Galdor lo matara finalmente con una flecha. Uno a uno, los humanos fueron cayendo y aunque un segundo humano trato de escapar, Vron lo perisguió y con sus rápidos pasos lo alcanzo y le dió fin. Radagast corrió a ver a Amroth que parecía muy golpeado, a punto de desvanecerse y atendió sus heridas.

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Continuando el Descenso

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Con la moral por el piso, los héroes se enfrentaron al dilema de volver a casa. Subir nuevamente por la escalera, representaba subir 950m. Solo de escucharlo sonaba agotador.

Radagast el Pardo recordó que descendiendo al séptimo nivel se podría acceder a una red de cavernas la cual está comunicada con las torres exteriores. Al menos es lo que recordaba de las historias de Gandalf. Igualmente sugirió subir.

Muy agotados, los héroes terminaron votando por seguir con el descenso y arriesgarse en los túneles. Buscaron la gran escalera principal de la montaña y comenzaron descendiendo escalón por escalón.

Solo la pálida luz del báculo de radagast iluminaba la gran escalera, como un estrella solitaria en el oscuro cielo de la noche. Lo héroes no emitían palabra, muy agotados estaban para entablar charlas. Con un gesto, Amroth frena el descenso de todos y se lleva un dedo a sus labios. Su puntiaguda oreja izquierda apenas se movió,
-“Escucho pasos de orcos 2 niveles arriba, están bajando” dijo.
Sin hacer demasiado ruido, los héroes apresuraron la marcha.

El salón al cual llegaron no era muy diferente a los demás, un pasillo grande y algunas puertas. Revisando el lugar encuentra una sala de entretenimiento para orcos (extraño como suena) y algunas despensas. Pero rápidamente buscando por el nivel encontraron un extraño pasillo cerrado por un portcullis.

La Red de Cuevas

El portón metálico imposible de atravesar se encontraba delante de una puerta trampa deslizante que estaba abierta. A los costados se podían ver huecos para ser usados para emboscar a quien se atreva a cruzar el pasillo y mas allá otro portón igual al primero.

- “Debe existir algún tipo de mecanismo para abrir el portón”, dijo Vron.
- “Un momento…”, dijo Gror rozando sus dedos por la pared. Sus ojos y oídos fijos en la piedra, como si estuviera escuchando lo que dice.
- “Aquí! … una puerta secreta. En Erebor tenemos cientos de estas, lamentablemente se abre desde adentro”.
Radagast el Pardo se acercó a la puerta, la miró y luego guiño a Gror, un empujón de su báculo sobre la piedra bastó para que esta cediera con un ruido a engranajes oxidados.

Los héroes entraron a una habitación oculta olvidada por el tiempo. En ella se encontraban una serie de palancas en un panel de control. Alberic, atrapado por la curiosidad se acercó a ella.
-“Una de ellas debe abrir el portón”, aseguró Vron
Sin dudarlo, Alberic tomó una de las palancas y la accionó: un ruido a engranajes es escuchó del pasillo, el portón se había abierto. Entusiasmado, Alberic, probó la siguiente y la trampa del piso se cerró. Luego tomó otra y la bajó… un inmenso estruendo se escucho, el suelo tembló y pequeñas partes del revoque techo de la habitación cayeron. Asustados, los héroes fueron al pasillo a ver que había pasado: un gran derrumbe de rocas había obstruido el camino de vuelta. Ahora solo quedaba seguir adelante. Lo bueno era que quien sea que fuera que los siguiera ahora no podría continuar.

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Los héroes avanzaron por el pasillo, cruzaron la trampa del piso uno por uno sin problemas. Avanzaron los que resultó ser kilómetros hasta que el pasillo dejó de ser un pasillo tallado en roca a ser una caverna. Avanzaron unos cientos de metros mas hasta llegar a un sin fin de bifurcaciones. Sin duda habían entrado en la red de túneles de Dol Guldur.
-“Deberíamos tomar este pasillo si queremos salir al norte”, dijo Gror

Alberic y Duque tomaron la vanguardia. Una gotera, un poco de musco, una brisa o un aroma indicaban al joven y a su sabueso si se estaban acercando a la salida o acercándose a algún peligro. Entre todos los caminos posibles, eran Gror y Valbrand quienes indicaban cuales eran mejores para salir al norte. Descansaron mientras podían y luego continuaban avanzando. Esto duró casi dos días. Los héroes extenuados abandonaban pedazos de sus armaduras para evitar tener que cargar su peso.

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Eventualmente llegaron a otro portón de rejas metálicas. Era igual al pasillo anterior: 2 portones y en el medio una trampa en el piso, la cual estaba cerrada.
-“A lo tuyo”, dijo Gror mirándolo al viejo mago.
Con su báculo nuevamente abrió la puerta secreta. La habitación de controles era una réplica de la anterior, los mismos controles se encontraban allí. Con cautela accionaron las palancas para abrir los portones.
Uno a uno fueron pasando por la trampa del piso: 1ro Valbrand, luego Alberic, Amroth y Radagast el Pardo, luego fue el turno de Vron. Un “click!” se escuchó cuando el héroe piso la trampa, enseguida las dos compuertas del piso se abrieron de golpe en un veloz movimiento de abanico. Vron estaba en problemas. Su cuerpo quedó suspendido en el aire apenas un instante, con un pie logró impulsarse hacia el otro lado del pasillo y luego con el otro pie se impulsó hacia el borde del abismo. Con el último momento de movimiento estiró su mano tratando de aferrarse a algo mientras caía al vació interminable. Valbrand se arrojó al piso en el último instante y estiró su mano hasta encontrar la de Vron cerrándose en una atadura de amistad y esperanza. Levantaron a Vron. Ahora estaba a salvo una vez mas.

Gresca en la Torre

Un pasillo se encontraba delante de ellos, Alberic y Valbrand debatían inútilmente si se encontraban arriba del nivel de la tierra. Llegaron a una habitación con una escalera en el medio.

-“Tomen sus armas!”, dijo Amroth. “Se acercan orcos”.

Una tormenta de orcos comenzó a bajar por las escaleras, sus armaduras de metal provocaban un sonido estruendoso, desde las puertas otros orcos salieron de golpe al escuchar el llamado de sus pares. Pronto, los héroes estaba rodeados. Y la gresca había comenzado.

Se escuchó el sonido de arcos negros tenzándose. Sus flechas ponzoñosas apuntaban a los héroes. Sin perder tiempo, Amroth provocó un destello de luz para distraer a los arqueros y ganar un poco de tiempo para que el resto pueda asestar el primer golpe.

Un grupo de orcos, con sus hachas oxidadas, rodeó al mago quien velozmente los azotaba con su báculo. Gror y Valbrand corrieron a defenderlo.

Detrás quedaron Alberic y Vron quienes se defendían de cuatro orcos. Dos fueron eliminados por Vron y su penetrante lanza. Mientras Alberic y Duque combatían otros dos, un orco cayó por la espada serrada del joven héroe, pero el arma quedó atrapada entre las costillas del orco moribundo. Su compañero aprovechó la mala situación del joven para asestar su hacha en su espalda. Violentamente y con odio, el orco, se lanzo contra Alberic, el golpe impactó con mucha fuerza, pero no en el joven… Duque fue quien había recibido todo el impacto del hacha para salvar a su joven amo.
-“NOOOOOOOO!!!”, gritó Alberic y con toda furia asestó al orco con su espada en la garganta. Media cabeza se desprendió. El último pensamiento de la criatura seguramente habría sido de arrepentimiento por haber golpeado al perro. Igualmente Duque estaba fuera de combate.

Entre hachazos y flechas, los héroes continuaban batallando con sus últimas energías cuando 5 grandes orcos y su jefe ingresaron por la escalera. Sus rostros endurecidos e intimidantes demostraban rudeza, sus armaduras melladas demostraban experiencia en combate y sus armas manchadas de sangre vieja demostraban inclemencia. Incrédulos, los héroes, tomaron coraje y se colocaron en posición para defenderse de estos salvajes orcos, todos menos, Gror. El enano corrió avanzando hacia estos enormes orcos.
-“Ehhh tú!! … el grandote!!… te desafío a muerte!.. .solo tu y yo, cagón!!”, gritó Gror señalando al enorme jefe orco. Este expresó unas palabras en lengua orca, seguramente dando ordenes para que lo dejen pelear solo con el enano, como jefe debía demostrar su fiereza. Lamentablemente para el jefe orco esta fue su última decisión, pues de un terrible hachazo, que abrió desde la garganta hasta la ingle, el enano mató al enorme jefe orco.

Mientras tanto Vron seguía dando de lanzas a los orcos. Una y otra vez asestaba sus golpes, pero cada golpe que daba parecía impactar en su pensamiento y alma también. Una golpe aquí y otro allá, Vron mataba orcos, y su cabeza ya saturada no podía reconocer a quien atacaba, pronto entró una vorágine de locura. Vron no reconocía a quien atacaba, solo sabía que debía seguir atacando.
-“VRON!! VRON!! despierta!”, gritaba Alberic, quien terminó recibiendo un golpe inesperado de la lanza de Vron en la nuca dejándolo inconsciente.
Luego de un tremendo impacto de un hacha, Vron fue abatido por uno de los grandes orcos también.

Radagast el Pardo continuaba dando bastonazos a diestra y siniestra, pero aún el gran mago no es inmune a las huestes de la sombra. Un pequeño orco se subió a sus espaldas y comenzó a clavarle una pequeña daga en el hombro del viejo. Otro lo tomo de una de las piernas. Pronto el mago tuvo que soltar el báculo para tratar de quitarse el orco de encima. El resto de las criaturas dieron decenas de golpes en el dolorido anciano quien cayó inconsciente.
-“Cayó el Pardo!!!”, alguien gritó.

La desesperación llegó. Galdor, quien otrora hubiera sido incuestionable con el arco, se encontraba obligado a pelear cuerpo a cuerpo con un pequeño grupo de orcos. El elfo sufría a medida que veía a sus compañeros caer y en cada ataque que debía hacer, la espada no era su fuerte.

El panorama era negro, los elfos no podían usar sus arcos entre tantos orcos, Alberic, Vron y Radagast el Pardo caídos y Valbrand agotado. Orcos que seguían llegando cual marea llega a sus costas, golpeando una y otra vez. Pero una sed de venganza hacía de fuente de energía inagotable. El odio que profesaba el enano se extendía al infinito en cada golpe, uno tras uno, el enano cobraba mas vigor y su odio emanaba como lava de un volcán que arrasaba todo a su paso. Ríos de sangre orca cubrían el piso mientras que Gror destrozaba cráneos, brazos y piernas de orcos. Su hacha se movía en una danza de destrucción. Su rostro. ahora totalmente cubierto en sangre y entraña de orco, dibujaba una sonrisa siniestra.
-“MAS ORCOS!! … QUIERO MATAR MAS ORCOS!!!”, gritaba eufóricamente.

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Pronto los pocos orcos se dieron cuenta que no eran rival para semejante máquina de matar y emprendieron la retirada. Algunos, espantados, subieron las escaleras con intenciones de dar alarma a las demás guarniciones orcas del lugar, pues en el piso superior de la torre estaban las almenas para dar señal de alarma. Pero eso no le gustó a Gror, porque los persiguió como una bestia tras su presa. Sus cortas patas impulsadas por la furia dieron alcance a los asustados orcos.
-“Piedad!!!!”, gritó uno de ellos segundos antes de se descuartizado por la gran hacha enana.
-“Perdón, no te escuché con esa hacha metida entre oreja y oreja que tienes”, dijo socarronamente el enano, mientras que con un pie en la cabeza del orco hacía fuerza para remover su arma del cráneo de su víctima.

En el salón, los elfos fueron ayudando a los caídos. Pronto estaban de pie, adoloridos y abatidos, pero vivos. Ahora debían escapar de ese siniestro lugar.

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El Escape de Dol Guldur

Los héroes decidieron esperar para recuperarse del combate antes de tratar de escapar de la torre. Era un riesgo aventurarse en tal estado, pero sabían que no podrían llegar muy lejos como estaban. El riesgo era aún mayor porque tampoco podían estar seguros si los orcos habían escuchado al señal de alarma de sus compañeros. Aún así, esperaron para recuperar el aliento.
-“Yo puedo continuar matando orcos, ni siquiera han raspado mi armadura”, se jactó Gror.
-“Vamos a necesitar de tus habilidades nuevamente”, le dijo Radagast el Pardo a Alberic. “Debemos cruzar los pantanos”.
-“Si, lo se” respondió el joven Alberic temeroso.

Emprendieron el escape de la torre sin mirar atrás. Por suerte nadie los vio. En poco tiempo estaban nuevamente en ese lugar desolado llamado “La Ciénaga”. Ahora era el turno de Alberic de llevarlos a casa.

El joven y su perro comenzaron a guiar a la comunidad a través de los pantanoso pasajes de la ciénaga.Alberic trataba de recordar el camino por el cuál habían llegado, pero estaba en problemas. No encontraba huellas ni rastros de ningún tipo. Del laberinto de pasajes optó por el equivocado. Avanzaron algunos kilómetros y pronto se dio cuenta que no podían seguir avanzando. Había que retroceder y tomar otro camino. Por supuesto que esto lo amargó a Alberic, quien sabía que ese tiempo perdido les costaría un día mas en ese horrendo lugar. El resto del grupo, que viajaba en silencio, pronto comenzó a darse cuenta que algo andaba mal. Radagast el Pardo hizo una muesca al joven. Este asintió denotando el error cometido.
-“Ehh!! pendejo! me parece que ya pasamos por aquí”, gruño Gror.
-“Si, pasa que Alberic encontró una huellas de hombres-lagarto y claramente prefiere que no los encontremos”, dijo Vron, quien había notado el rostro asustado del joven Alberic. Claramente estaba buscando que no se meta en problemas.
-“Responde niño!, ¿porque pasamos nuevamente por aquí?”, insistió el enano.
-“Esta bien!!, me equivoqué!.. estoy muy cansado y me perdí, lo lamento.”, gritó Alberic

El silencio volvió al grupo y así continuaron hasta dormir. Al día siguiente, continuaron marchando. Pronto encontraron que escarceaba el pan de lembas.
-“Igualmente yo no quiero esa comida para putos”, dijo Gror
Galdor y Vron empezaron a cazar cuanto bicho se les cruzaba. Ahora dependían solo de lo que cazaban.

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Se acercaba la noche y aún quedaba bastante por recorrer para salir de la ciénaga. Con músculos doloridos, decidieron apretar la marcha. Cuando el sol desapareció, habían llegado al bosque. Encontraron un lugar para echarse y prender una pequeña fogata. Tomaron los documentos que habían encontrado en Dol Guldur para mirarlos en detalle. Además del reporte sobre el reino élfico, encontraron otros documentos reveladores. En uno explicaba sobre las 3 hijas de Ella-laraña que moraban en el bosque, aparentemente eran atraídas por piedras preciosas. Otros detallaban guardias y otras cosas. Pero el mas preocupante era aquel escrito en lengua negro. Radagast el Pardo se tomó un tiempo para leerlo, su rostro era lúgubre.
Luego de un tiempo dijo: -“Esto es preocupante, este reporte dice que se está preparando un ataque para alguno de los pueblos de los hombres del bosque para fines de este verano. Debemos advertirles”.

A la mañana siguiente continuaron el viaje. Les tomó 5 días llegar a Colina Tirana. Para cuando pudieron pasar la empalizada, los miembros de la comunidad estaban famélicos y cansados.

El Diario

-“Esperen”, dijo Vron. “Hay que tener mucho cuidado con lo que vamos a decir, no deberíamos revelar todo lo que sabemos.”
-“¿Por que no?, si Morgred es un tipazo! y siempre nos ayudó”, contestó encolerizado el enano.

Pronto todos los integrantes de la comunidad estaban discutiendo que es lo que debían y no debían decir. El viejo mago sugirió que sea solo uno quien hable con Mogdred. Por su amistad con el líder de la colina, eligieron al enano.

Valbrand y Gror ingresaron a hablar con Mogdred. No le tomó demasiado al enano entablar diálogo con el líder del lugar. Pronto estaban hablando de las hazañas de Gror en Dol Guldur, Mogdred estaba encantado de escucharlas, tanto que ofreció un banquete para los héroes. Y así fue…

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En el banquete se sirvió abundante comida, jabalí principalmente, nada demasiado especiado, dado que poco crece en ese lugar tan difícil. De todas maneras, los héroes estaban mas que complacidos de compartir bocado luego de pasar días de hambre. Todos comieron hasta las coronillas.

Durante la sobremesa, las preguntas comenzaron: “¿que hacían en esa vieja fortaleza? ¿que encontraron? ¿porque? ¿cuando? ¿donde?”. Mogdred se mostraba muy interesado en todo tipo de respuestas que ofrecían los héroes. Fueron Amroth, Valbrand y Gror quienes respondían, de manera cautelosa, a las inquisiciones de Mogdred.

Pero algo ocurrió en ese momento, una sombra de duda se gestaba en una de las cabezas de la comunidad.
-“Que te parece si nos escabullimos en la habitación de Mogdrer y buscamos pistas de que sea un traidor”, susurró Alberic al oído de Vron. Una sonrisa se dibujó en el rostro del dunlendino.
-“Mmmmrr… comí demasiado y algo me cayó mal. ¿Donde está el baño?”, preguntó Vron a Mogdred.
-“ohhuuuuhhh, estoy cansado, mejor me voy a dormir”, dijo Alberic simulando un bostezo.

Pronto estos dos personajes se había escapado de la cena para luego encaminarse a los aposentos de Mogdred. La tarea era terriblemente arriesgada. Inmiscuirse dentro de la habitación del líder conllevaba infiltrarse en una torre repleta de lugareños sin ser detectados.
-“Quédate aquí, Duque”, le dijo Alberic a su perro, que le devolvió una mirada torcida y un gemido.

Ingresaron a la torre mientras todos dormían, con extremo cuidado fueron pasando entre los lugareños. Entre ronquidos y flatulencias, sin hacer el mínimo ruido, comenzaron a subir por la escalera de la torre. Ignoraron el 1er piso y fueron directamente al último. Se encontraron con 4 puertas, con un poco de suerte encontraron la habitación de Mogdred, una cerradura prohibía su ingreso. Sin decir nada, Vron tomó sus ganzúas y abrió el cerrojo, en poco tiempo estaba dentro de la habitación. Alberic se quedó afuera haciendo campana mientras su compañero buscaba alguna pista.

Vron revisó toda la habitación sin encontrar nada. Casi vencido, se apoyó sobre el armario, su oído entrenado notó un espacio vacío entre las paredes del mueble, “típico lugar secreto” pensó. Enseguida dispuso a recuperar el contenido de ese lugar. En el, encontró un viejo diario forrado en cuero.
-“Encontré algo, salgamos ya de aquí”, le dijo al joven.

Ambos emprendieron la retirada del lugar. Por suerte para ellos, todos seguían profundamente dormidos luego del banquete.
-“¿Que encontraste? ¿Que encontraste?”, pregunto Alberic entusiasmado. Vron sin decir mucho, le entregó el diario, como si el mismo le quemara.
Alberic, disimulando, fue hasta el cagadero. Se encerró y con una vela comenzó a leer el diario esperando encontrar algún indicio, alguna revelación de que Mogdred no era quien todos piensan. Una a una fue leyendo las páginas del diario. Al principio, solo hablaba sobre las dudas del dueño del diario en cuanto a como liderar a las personas de Colina Tirana, luego habló de su relación con su padre y su aparente miedo a ser rechazado por los hombres del bosque. En ese momento, Alberic comenzó a percibir que robar el diario podría haber sido un error. Pero siguió leyendo hasta que en una de sus páginas encontró que Mogdred estuvo a punto de aliarse a los Orcos si los hombres del bosque no accedían a sus demandas. Pero mas allá de eso, el diario no revelaba nada mas.

Alberic volvió con el resto. Debía comentarles lo que había pasado. Se acercó al viejo mago, quien dormía con un ojo abierto.
-“Maestro, encontramos algo con Vron: el diario de Mogdred. Debería saber algunas cosas.”, dijo.
-“¿Como que encontraron?”, respondió sabiamente el mago.
-“Esteeeee … digo, encontramos… lo robamos… ya sabe”, respondió con timidez el joven.
-“Devuelvan ya ese diario”, cerró los ojos y siguió durmiendo. Pero antes, despertó de una patada a Amroth.
“¿Que está pasando?”, dijo el elfo, “¿en que andan uds?”.
Alberic y Vron se miraron mutuamente, estaban en problemas.

En la mitad de la noche, la comunidad estaba discutiendo por el robo del diario. Gror en especial mostró su desagrado.
-“Está bien, iré a devolverlo en su lugar”, dijo fastidiado Vron. -“Vos quedate acá”, le dijo al joven.

Así fue que Vron partió en la mitad de la noche, solo se escuchaba el sonido de los grillos del bosque. La luna iluminaba los pasos sigilosos del dunlendino quien caminaba hacia la torre. Pero al llegar a la puerta algo lo detuvo. Se frenó unos instantes dubitativo. Esquivó la puerta y se dirigió al cagadero. Miró a ambos lados y entró. Cerró la puerta tras él, tomó el diario y lo arrojó con fuerza al pozo. Se escuchó el sonido del diario golpeando el agua empantanada de mierda y pis. Sonrió y salió del cagadero.

El resto continuó durmiendo, excepto Alberic que estaba demasiado ansioso para pegar un ojo.

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La búsqueda de la Bestia

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El ayudante del mago

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Welcome to your campaign!
A blog for your campaign

Wondering how to get started? Here are a few tips:

1. Invite your players

Invite them with either their email address or their Obsidian Portal username.

2. Edit your home page

Make a few changes to the home page and give people an idea of what your campaign is about. That will let people know you’re serious and not just playing with the system.

3. Choose a theme

If you want to set a specific mood for your campaign, we have several backgrounds to choose from. Accentuate it by creating a top banner image.

4. Create some NPCs

Characters form the core of every campaign, so take a few minutes to list out the major NPCs in your campaign.

A quick tip: The “+” icon in the top right of every section is how to add a new item, whether it’s a new character or adventure log post, or anything else.

5. Write your first Adventure Log post

The adventure log is where you list the sessions and adventures your party has been on, but for now, we suggest doing a very light “story so far” post. Just give a brief overview of what the party has done up to this point. After each future session, create a new post detailing that night’s adventures.

One final tip: Don’t stress about making your Obsidian Portal campaign look perfect. Instead, just make it work for you and your group. If everyone is having fun, then you’re using Obsidian Portal exactly as it was designed, even if your adventure log isn’t always up to date or your characters don’t all have portrait pictures.

That’s it! The rest is up to your and your players.

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